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Un avión en alturaGetty Images

Las recetas para reducir a la mitad las emisiones de la aviación sin recortar los viajes

Pese a que algunos apuestan por disminuir el número de aviones, un estudio científico explica cómo conseguirlo con varias medidas fácil de aplicar

Ciertos sectores buscan desacreditar a la industria aeronáutica con el argumento de que sus emisiones de gases de efecto invernadero son considerables. Si bien es cierto que esta forma de viajar contamina, también supone un pilar para el transporte mundial de pasajeros y mercancías, hasta tal punto de haberse convertido en algo esencial. Pese a ello, muchos países están anteponiendo el cuidado del medio ambiente para suprimir vuelos regulares o disminuir el número de aviones que circulan a diario, llegando incluso a demonizar por parte de facciones más extremistas a todo aquel que utiliza el avión como medio de transporte.

Pero la ciencia tiene la respuesta para equilibrar la necesidad de volar con el respeto al medio. Un nuevo estudio pone cifras concretas a una idea que hasta ahora muchos intuían: la aviación comercial podría reducir de forma notable sus emisiones contaminantes sin necesidad de volar menos ni de esperar a tecnologías aún inexistentes. Bastaría con aplicar mejor los recursos que ya están disponibles. La investigación, publicada este martes en la revista Nature Communications Earth & Environment, analiza el comportamiento real del transporte aéreo mundial durante 2023 y concluye que una política centrada en la eficiencia permitiría recortar las emisiones de CO₂ del sector en más de la mitad.

El trabajo examina más de 27 millones de vuelos comerciales realizados a lo largo de ese año, que conectaron unas 26.000 parejas de ciudades y transportaron a casi 3.500 millones de pasajeros. A partir de estos datos, los investigadores detectaron enormes diferencias entre unas rutas y otras. En el extremo menos eficiente, algunos trayectos llegaron a generar cerca de 900 gramos de dióxido de carbono por kilómetro y por pasajero, mientras que las rutas más eficientes se situaron en torno a los 30 gramos, casi 30 veces menos.

Según el estudio, la media mundial de emisiones de la aviación en 2023 fue de 84,4 gramos de CO₂ por kilómetro y pasajero. Sin embargo, los autores identifican tres medidas muy concretas que permitirían reducir de forma significativa esta cifra sin alterar el número de vuelos ni depender de combustibles alternativos que todavía no están disponibles a gran escala.

Menos clase bussiness y vuelos más llenos

La primera de esas palancas es el tipo de avión que se utiliza. El modelo de aeronave marca una diferencia clave: en función del aparato, las emisiones pueden variar entre 60 y 360 gramos de CO₂ por kilómetro y pasajero. El análisis muestra que los aviones más modernos y eficientes, como el Boeing 787-9 para larga distancia o el Airbus A321neo para trayectos cortos y medios, consumen entre un 25 % y un 28 % menos de combustible que otros modelos más antiguos. Sustituir toda la flota mundial por estos aviones no es viable a corto plazo, pero los investigadores subrayan que priorizar su uso allí donde ya existen tendría un impacto inmediato.

La segunda medida tiene que ver con la distribución de los asientos. El estudio señala que los pasajeros que viajan en clase ejecutiva o primera clase generan hasta cinco veces más emisiones que los de clase económica, debido al mayor espacio que ocupan. Reducir o eliminar estos asientos premium y apostar por configuraciones con más plazas permitiría disminuir las emisiones entre un 22 % y un 57 %, según los casos.

La tercera clave es la ocupación de los vuelos. En 2023, los aviones despegaron con una ocupación que osciló entre el 20 % y el 100 %, con una media del 79 %. Elevar esa media hasta el 95 % reduciría las emisiones en torno a un 16%, al repartir el consumo de combustible entre más pasajeros.

Si estas tres medidas se aplicaran de forma conjunta en todo el mundo, el estudio estima que las emisiones de la aviación podrían reducirse entre un 50 % y un 75 %, aunque reconoce que para lograr ese máximo serían necesarios cambios profundos en el funcionamiento del sector. Aun así, los autores calculan que las aerolíneas podrían recortar ya alrededor de un 11 % de sus emisiones simplemente utilizando sus aviones más eficientes en las rutas que actualmente operan.

«El potencial de las políticas basadas en la eficiencia es enorme y, además, puede beneficiar económicamente a las propias aerolíneas», explica el autor principal, el profesor Stefan Gössling, de la Universidad de Linnaeus. Sin embargo, advierte de que muchas compañías siguen apostando por aviones antiguos, bajos niveles de ocupación y un aumento de los asientos de clase premium.

Para impulsar el cambio, los investigadores proponen herramientas como calificaciones públicas de emisiones para las aerolíneas, tasas aeroportuarias ajustadas al rendimiento ambiental de los aviones o límites a la intensidad de carbono, similares a los que ya existen en sectores como los electrodomésticos o los automóviles.

El análisis, basado en datos de organismos internacionales del sector aéreo, también revela diferencias regionales. África, Oceanía, Oriente Medio, Asia Central y Norteamérica concentran los vuelos menos eficientes, mientras que Brasil, India y el Sudeste Asiático destacan por un mejor rendimiento. El mensaje final es claro: reducir el impacto climático de volar es posible, y puede empezar ahora.