Corriente circumpolar antártica
Así se originó la corriente oceánica que ayudó a enfriar la Tierra y crear los casquetes polares
Transporta más de cien veces la cantidad de agua que todos los ríos de la Tierra juntos y tiene un papel esencial en la regulación del clima global
Aunque puede no sonar familiar para muchas personas, la Corriente Circumpolar Antártica (CCA) es uno de los sistemas oceánicos más poderosos del planeta. Sus aguas, relativamente frías, fluyen de oeste a este alrededor de la Antártida, es decir, en sentido horario visto desde el polo sur.
Otro dato a destacar es que transporta más de cien veces la cantidad de agua que todos los ríos de la Tierra juntos. Al rodear completamente la Antártida sin obstáculos terrestres, desempeña un papel esencial en la regulación del clima global. Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences arroja luz sobre cómo y cuándo se formó esta gigantesca corriente, y revela que su origen fue más complejo de lo que se pensaba.
La investigación, liderada por el Instituto Alfred Wegener, concluye que la apertura de los pasos oceánicos entre la Antártida, Sudamérica y Australia no fue suficiente por sí sola para dar lugar a la corriente. Otros factores, como los vientos dominantes, resultaron determinantes en su desarrollo.
Hace unos 34 millones de años, durante la transición al Oligoceno, la Tierra experimentó uno de los cambios climáticos más drásticos de su historia. El planeta pasó de un estado cálido, prácticamente sin hielo, a un clima más frío en el que comenzaron a formarse grandes capas de hielo en los polos. En ese contexto, se ensancharon los pasos oceánicos que separaban los continentes del hemisferio sur y comenzó a configurarse la Corriente Circumpolar Antártica, junto con la formación de la capa de hielo del continente austral.
En aquella época, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera alcanzaba unas 600 partes por millón, un nivel que no se ha vuelto a registrar desde entonces, pero que podría repetirse a finales de este siglo en determinados escenarios climáticos. Comprender cómo funcionaba el sistema climático en ese periodo resulta clave para anticipar posibles cambios futuros, aunque los científicos advierten de que no se pueden hacer extrapolaciones directas.
El papel clave de los vientos y la geografía
Para reconstruir este proceso, el equipo científico realizó simulaciones climáticas basadas en la configuración de los continentes hace unos 33,5 millones de años, cuando Australia y Sudamérica estaban mucho más cerca de la Antártida. Estas simulaciones integraron datos sobre el océano, la atmósfera, las masas terrestres y la capa de hielo antártica, apoyándose también en estudios previos publicados en la revista Science.
Los resultados muestran que la corriente no se formó plenamente hasta que Australia se alejó lo suficiente de la Antártida, permitiendo que los fuertes vientos del oeste atravesaran sin obstáculos el estrecho de Tasmania. Este factor resultó decisivo para activar una circulación oceánica continua alrededor del continente.
De hecho, el estudio revela un escenario inesperado: durante sus primeras fases, el Océano Austral podría haber estado dividido en dos regiones muy distintas. Mientras que en los sectores del Atlántico e Índico ya existían corrientes intensas, el Pacífico permanecía relativamente tranquilo, lo que indica que la circulación global aún no estaba completamente conectada.
El trabajo se basa en modelos climáticos acoplados de alta resolución, una herramienta relativamente reciente que permite simular de forma conjunta la interacción entre hielo, océanos, atmósfera y continentes. Este tipo de simulaciones, aunque complejas y exigentes en términos computacionales, ofrecen una visión mucho más detallada de los procesos climáticos del pasado.
Los científicos destacan que la formación de la Corriente Circumpolar Antártica tuvo consecuencias profundas en la circulación oceánica global. En particular, favoreció una mayor absorción de carbono por parte de los océanos, lo que contribuyó a reducir la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
Este proceso pudo ser un factor clave en el inicio de la llamada Edad de Hielo Cenozoica, un periodo que se extiende hasta la actualidad y que se caracteriza por la presencia de casquetes polares permanentes y la alternancia de fases frías y cálidas.
Comprender cómo se produjo esta reorganización del sistema climático global resulta fundamental hoy en día. Los investigadores subrayan que este nuevo conocimiento permitirá interpretar mejor los cambios recientes en la circulación del Océano Austral y mejorar las predicciones sobre la evolución futura del clima en un contexto de calentamiento global.