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Plástico ideado por la estudiante del MITMIT

Una joven de 17 años inventa un plástico biodegradable a partir de escamas de pescado

Ha logrado transformar este residuo en una película transparente y delgada, apta para fabricar productos de un solo uso como bolsas, envases o utensilios

El plástico es uno de los materiales más utilizados en la actualidad. Compuesto de polímeros, mayoritariamente extraídos del petróleo, su gestión es compleja debido a que tardan entre 100 y más de 1.000 años en degradarse, dependiendo del tipo de plástico y las condiciones ambientales.

Aunque tanto las empresas como las administraciones públicas buscan reducir su uso y fomentar el reciclaje, la cantidad de plástico que se genera sigue siendo excesiva. Ante esta situación, la comunidad científica trabaja en el desarrollo de nuevos materiales que puedan degradarse con mayor rapidez y que no representen una amenaza para el medio ambiente.

Y es el caso de Jacqueline Prawira, estudiante de último año del Departamento de Ciencia e Ingeniería de Materiales (DMSE) del MIT que a finales del año pasado anunció que había desarrollado materiales biodegradables similares al plástico a partir de escamas de pescado.

«Básicamente, hicimos que los plásticos fueran demasiado eficientes en su función. Esto también significa que el medio ambiente no sabe qué hacer con ellos, porque simplemente no se degradan», explicaba Prawira en la CBS. «Y ahora, literalmente, nos estamos ahogando en plástico. Se espera que para 2050, los plásticos superen en peso a los peces en el océano».

La idea nació en un contexto cotidiano: el mercado de pescado asiático al que acude su familia. Allí observó que, tras limpiar y preparar el pescado, las escamas se tiraban. Sin embargo, Prawira empezó a fijarse en sus propiedades y vio en ellas un potencial inesperado. «Me di cuenta de que son bastante resistentes. Son finas, algo flexibles y ligeras en relación con su dureza», comentaba. Esa combinación le llevó a establecer un paralelismo claro: «Me hizo pensar en qué material presenta características similares. Y la respuesta era el plástico».

A partir de esa observación, logró transformar este residuo en una película transparente y delgada, apta para fabricar productos de un solo uso como bolsas, envases o utensilios. El resultado no solo imita las propiedades del plástico convencional, sino que también corrige uno de sus principales problemas: su impacto ambiental.

El material elaborado a partir de escamas de pescado presenta una ventaja clave: su capacidad de degradarse de forma natural. «Si se depositan en condiciones de compostaje, se descomponen por sí solos sin necesidad de intervención externa significativa», afirma. Esto supone un avance relevante frente a los plásticos tradicionales, cuya degradación puede tardar décadas o incluso siglos.

Cemento más sostenible

Esta innovación no es un caso aislado en su trayectoria. Prawira ha participado anteriormente en otros proyectos centrados en la sostenibilidad. En el laboratorio del profesor Yet-Ming Chiang, dentro del Departamento de Ciencia e Ingeniería de Materiales (DMSE), colaboró en el desarrollo de un método de bajo impacto ambiental para producir cemento, uno de los materiales más utilizados a nivel global y también uno de los mayores emisores de dióxido de carbono.

El proceso, conocido como sustracción de silicatos, permite fabricar compuestos a temperaturas más bajas, reduciendo así el consumo de energía y de combustibles fósiles. Además, este mismo enfoque se ha aplicado para la extracción de litio de forma más eficiente y sin generar residuos, una técnica que ya ha sido patentada y que se está comercializando a través de la empresa emergente Rock Zero.

En reconocimiento a sus aportaciones, Prawira ha sido galardonado recientemente con la beca Barry Goldwater, destinada a estudiantes universitarios destacados en áreas como ciencia, matemáticas e ingeniería.

Durante una entrevista con el programa Visioneers, la joven investigadora subrayó su aspiración de impulsar cambios hacia un modelo de vida más sostenible. «Ojalá podamos avanzar hacia un día a día más respetuoso con el entorno», señaló. «De ese modo, no tendremos que elegir entre la comodidad de nuestra rutina y la necesidad de cuidar el planeta».