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Imagen del Mar Muerto

Imagen del Mar MuertoCreative Commons

El mar Muerto agoniza: cada año retrocede más de un metro y nadie logra frenar su declive

Ha perdido un tercio de su superficie desde la década de 1960, y es que cada año, sus aguas retroceden aproximadamente un 1,20 metros

Es el punto más bajo de todo el planeta, a unos 427 metros bajo el nivel del mar, y también es una de las masas de agua más saladas del mundo, diez veces más que el océano. El Mar Muerto se ha convertido en una atracción turística donde los turistas flotan sin apenas esfuerzo en la superficie de esta espectacular masa de agua en pleno desierto, entre Israel, la parte cisjordana de Palestina y Jordania, bordeado en su parte oeste de unos abruptos acantilados.

A pesar de su nombre, se trata de un lago endorreico, es decir, que no evacúa cantidades significativas de agua ni a través de desagües superficiales ni mediante infiltración en el suelo. En su lugar, toda el agua que recibe de su cuenca hidrográfica se pierde por evaporación en su superficie.

El problema actualmente reside en que esta masa de agua se está secando. Ha perdido un tercio de su superficie desde la década de 1960, y es que cada año, sus aguas retroceden aproximadamente un 1,20 metros, dejando a su paso un paisaje similar a la superficie lunar: una tierra blanqueada por la sal y salpicada de grandes agujeros. Esto se debe, entre otros factores, a la extracción de agua del río Jordán, uno de sus principales aportes de agua.

A medida que las aguas salinas se retiran, dejan tras de sí depósitos subterráneos de sal. Cuando las precipitaciones permiten que el agua dulce penetre en el subsuelo, esta disuelve progresivamente esas capas salinas. Como consecuencia, el terreno situado sobre ellas pierde sustentación y termina colapsando, dando lugar a la formación de dolinas. Estos hundimientos, que pueden aparecer de forma repentina en cuestión de segundos y alcanzar profundidades superiores a los diez metros, se han vuelto cada vez más frecuentes en las orillas del lago durante las dos últimas décadas.

Mar muerto en 1973 y 2024

Mar muerto en 1973 y 2024CNN

Para Gidon Bromberg, director de la ONG EcoPeace en Israel, la proliferación de dolinas es una muestra de las consecuencias que tienen las intervenciones humanas sobre el medio natural. En su opinión, estos hundimientos representan una especie de «respuesta de la naturaleza» a décadas de gestión insostenible de los recursos hídricos. «No lograremos devolver el mar Muerto a los niveles que tuvo en su mejor época, pero al menos debemos aspirar a estabilizar su descenso», afirmó.

Planes para su salvación

Los países bañados por el mar Muerto llevan años intentando frenar este retroceso. El Gobierno Autónomo Palestino, Jordania e Israel firmaron un memorando de entendimiento el año 2013. La idea, según recuerdan desde Meteored, era construir una planta desalinizadora para producir agua dulce en la costa jordana y un oleoducto superior a los 160 km de longitud que tenía el objetivo de transportar la salmuera producida durante la desalinización hasta el mar Muerto.

Otras medidas plantean la reducción de los desvíos de agua del río Jordán y una limitación del consumo hídrico asociado a las actividades industriales de la zona. Sin embargo, numerosos especialistas consideran que recuperar los niveles que presentaba el lago hace varias décadas resulta poco realista. Por ello, sostienen que los esfuerzos deberían centrarse en detener o, al menos, ralentizar su progresivo retroceso y garantizar una mayor estabilidad del ecosistema.

Desde EcoPeace, una organización integrada por científicos y expertos de Israel, Palestina y Jordania, defienden aumentar la capacidad de desalinización de agua del Mediterráneo para reducir la presión sobre el mar de Galilea y el río Jordán, cuyos caudales podrían contribuir a alimentar el mar Muerto. La organización también reclama una mayor implicación del sector industrial en la conservación de este ecosistema y propone que las empresas asuman una mayor responsabilidad económica por su impacto ambiental mediante el pago de más impuestos y contribuciones destinadas a su protección.

Diferentes formas de abordar un problema que, mientras tanto, continúa presente. Una masa de agua fundamental a nivel económico y ecológico que, poco a poco, va desapareciendo, mientras los ciudadanos que tienen viviendas o negocios a lo largo de sus costas asisten con incertidumbre a qué ocurrirá con el lago.

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