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Grieta en el fondo oceánico

Grieta en el fondo oceánicoGetty Images

Hallan un «freno natural» capaz de limitar la fuerza de los terremotos masivos

La nueva investigación apunta a que estas barreras podrían ser un mecanismo común capaz de controlar el tamaño de numerosos seísmos submarinos

El terremoto de este lunes en la región de Mindanao, en el sur de Filipinas, ha vuelto a hacer temblar una zona frecuentemente afectada por este tipo de fenómenos. El seísmo, de magnitud 7,8, ha causado ya más de una treintena de muertos, centenares de heridos y una decena de desaparecidos.

Debido a las consecuencias de estos eventos, la comunidad sismológica y científica busca continuamente herramientas para predecirlos con antelación y poder evitar así catástrofes personales y materiales, especialmente en aquellas zonas donde son muy habituales, como el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico.

En esa zona concretamente, una falla submarina situada en las profundidades del océano Pacífico oriental ha desconcertado durante más de tres décadas a los científicos por su extraordinaria regularidad. A unos 1.600 kilómetros al oeste de Ecuador, este sistema geológico genera terremotos de magnitud 6 prácticamente idénticos cada cinco o seis años, un comportamiento inusual en un fenómeno tan complejo e impredecible como la actividad sísmica.

Ahora, un estudio publicado en la revista Science asegura haber encontrado la explicación. Un equipo internacional de investigadores ha identificado unas zonas específicas dentro de la propia falla que actúan como un sistema natural de frenado, impidiendo que los terremotos crezcan más allá de un determinado tamaño.

«Sabíamos desde hace tiempo que existían estas barreras, pero la gran pregunta era de qué estaban hechas y por qué conseguían detener los terremotos de forma tan fiable, ciclo tras ciclo», explica Jianhua Gong, autor principal del trabajo y profesor de Ciencias de la Tierra y la Atmósfera en la Universidad de Indiana.

La investigación se centró en la falla transformante de Gofar, situada en la dorsal del Pacífico oriental. En esta región, las placas tectónicas del Pacífico y Nazca se deslizan lateralmente una junto a otra a una velocidad aproximada de 140 milímetros al año. Aunque las fallas transformantes son comunes en los océanos, la de Gofar se ha convertido en un laboratorio natural para los científicos debido a la repetición casi exacta de sus grandes terremotos.

Lo que más llama la atención es que estos seísmos comienzan y terminan prácticamente en los mismos puntos de la falla. Entre las zonas donde se producen las rupturas principales existen tramos más tranquilos que parecen absorber parte de la tensión acumulada sin generar grandes terremotos. Estas áreas eran conocidas como «barreras», aunque hasta ahora se desconocía su función exacta.

Para resolver el misterio, los investigadores analizaron datos obtenidos durante dos campañas científicas realizadas en el fondo marino, una en 2008 y otra entre 2019 y 2022. En ambas se desplegaron sismómetros especialmente diseñados para operar sobre el lecho oceánico y registrar con gran precisión la actividad sísmica.

Los instrumentos permitieron detectar decenas de miles de pequeños terremotos ocurridos antes y después de dos grandes eventos de magnitud 6. Gracias a esta información, los científicos pudieron reconstruir con detalle el comportamiento de la falla en distintas fases del ciclo sísmico.

Las barreras que frenan los terremotos

El análisis reveló un patrón prácticamente idéntico en las dos zonas estudiadas. En los días y semanas previos a un gran terremoto, las regiones consideradas barreras registraban un aumento de pequeños movimientos sísmicos. Sin embargo, una vez producido el terremoto principal, esas mismas áreas quedaban casi completamente en silencio.

La repetición de este comportamiento en segmentos distintos de la falla y con más de una década de diferencia llevó a los investigadores a concluir que ambos casos estaban gobernados por el mismo mecanismo físico.

Lejos de ser sectores inactivos, estas barreras resultaron ser áreas especialmente complejas donde la falla se divide en múltiples ramificaciones. Pequeños desplazamientos laterales entre esos segmentos generan espacios abiertos en el interior de la estructura rocosa. Además, las observaciones sugieren que el agua marina penetra profundamente en estas fracturas.

La combinación de esta geometría irregular y la presencia de fluidos favorece un proceso conocido como «fortalecimiento por dilatancia». Durante un gran terremoto, el movimiento repentino de la falla provoca una caída rápida de la presión en las rocas saturadas de agua. Como consecuencia, la estructura rocosa se vuelve temporalmente más resistente y dificulta que la ruptura siga propagándose. En la práctica, estas zonas funcionan como auténticos frenos naturales que limitan el crecimiento de los terremotos.

Según los autores, el hallazgo podría tener implicaciones que van mucho más allá de la falla de Gofar. Estructuras similares existen en numerosas fallas transformantes repartidas por los océanos del planeta. Desde hace años, los científicos observaban que muchos terremotos submarinos parecían quedarse por debajo de la magnitud máxima que las condiciones geológicas permitirían alcanzar.

La nueva investigación apunta a que estas barreras podrían ser un mecanismo común capaz de controlar el tamaño de numerosos terremotos submarinos. Si se confirma su presencia en otras regiones, el descubrimiento contribuiría a mejorar los modelos utilizados para evaluar el riesgo sísmico y comprender mejor cómo se desarrollan las rupturas tectónicas bajo el océano.

Aunque los terremotos de la falla de Gofar ocurren lejos de grandes núcleos de población y no representan una amenaza directa para las comunidades costeras, los investigadores consideran que entender estos procesos es fundamental para avanzar en la predicción del comportamiento de las fallas activas en todo el mundo.

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