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Lago de la Cueva, Lagos de Saliencia, Somiedo (Asturias)

Lago de la Cueva, Lagos de Saliencia, Somiedo (Asturias)Getty Images

Un estudio identifica las principales amenazas para la biodiversidad de ríos y lagos

Desarrollaron 225 mapas que reflejan cómo afecta cada una de esas amenazas a los distintos grupos de animales

La agricultura, la construcción de presas y la contaminación provocada por la escorrentía agrícola constituyen las principales amenazas para la biodiversidad de agua dulce en el planeta. Europa y el noroeste de África figuran, además, entre las regiones donde estas presiones tienen un mayor impacto sobre las especies que habitan ríos, lagos y otros ecosistemas acuáticos. Así lo revela una investigación de la Universidad McGill (Canadá), publicada en la revista científica Science.

El trabajo identifica los principales factores que ponen en peligro a miles de especies de agua dulce y determina dónde se concentran sus efectos. Sus autores consideran que los resultados pueden servir para orientar las políticas de conservación y establecer qué territorios necesitan actuaciones más urgentes.

«En un momento en que los marcos globales de biodiversidad corren el riesgo de pasar por alto las especies de agua dulce, estos mapas nos brindan una nueva base de referencia específica para la conservación de estos ecosistemas», explica Christophe Brabant, autor principal del estudio e investigador doctoral de la Universidad McGill.

El científico recuerda que la importancia de estos entornos va mucho más allá de la protección de la fauna y la flora. De ellos dependen servicios esenciales para la población, como el suministro de agua potable, la pesca o la protección frente a las inundaciones. Funciones que, en buena medida, están condicionadas por el estado de conservación de las especies que viven en estos hábitats.

Más de 21.000 especies analizadas

Para llevar a cabo la investigación, el equipo recurrió a los registros de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que evalúa el estado de conservación de las especies a escala mundial. A partir de esta información, los investigadores elaboraron mapas sobre el impacto de 45 amenazas diferentes en más de 21.000 especies pertenecientes a cinco grandes grupos: mamíferos, reptiles, peces, anfibios y odonatos, entre los que se encuentran las libélulas y los caballitos del diablo.

En total, desarrollaron 225 mapas que reflejan cómo afecta cada una de esas amenazas a los distintos grupos de animales. Posteriormente, combinaron los resultados para obtener una visión global de las presiones que soportan los ecosistemas de agua dulce.

El análisis también permitió comprobar que estas especies afrontan un nivel de amenaza superior al observado en los vertebrados terrestres y que los patrones geográficos de impacto son diferentes.

No obstante, los riesgos tampoco afectan por igual a todos los grupos. Los anfibios y determinados insectos, como las libélulas, sufren especialmente las consecuencias de las actividades agrícolas. En el caso de los mamíferos y los reptiles, la caza aparece como uno de los principales factores de amenaza.

Los investigadores advierten de que los ecosistemas de agua dulce han recibido tradicionalmente menos atención en los estudios sobre biodiversidad. Cuando se han tenido en cuenta, además, ha sido con frecuencia por los beneficios que proporcionan al ser humano y no tanto por la necesidad de preservar las especies que los habitan.

El estudio supone también un avance metodológico, ya que establece por primera vez un marco espacial unificado para comparar las amenazas que afectan a la biodiversidad terrestre y a la de agua dulce.

De cara al futuro, el equipo pretende profundizar en la identificación de las especies y los territorios que deberían convertirse en prioritarios para la conservación. «Si identificamos las zonas que deben protegerse y sabemos que existen altos niveles de presión o amenazas en esos lugares, esto puede ayudar a determinar qué medidas deben tomarse», concluye Lars L'Ons­mann Iversen, profesor de Biología de McGill y coautor del trabajo.

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