Después del accidente que lo dejó paralítico, creyó que nunca más podría estudiar, trabajar o jugar a videojuegos
El hombre con el primer chip cerebral de Elon Musk revela cómo ha cambiado su vida: «Me dejó sin palabras»
«A las semanas me di cuenta de que yo podía, con tan solo pensar quiero mover el cursor aquí, este se movía a donde quería», explicaba
En enero de 2024, Neuralink, la compañía impulsada por Elon Musk y especializada en neurotecnología, logró un hito sin precedentes: implantó con éxito un microchip en el cerebro de Noland Arbaugh, quien se convirtió en el primer paciente humano de la empresa.
Este joven estadounidense quedó tetrapléjico en 2016, como consecuencia de un grave accidente de tráfico. Desde entonces, su vida cambió radicalmente. Durante más de ocho años, vivió con la imposibilidad de moverse, y con la certeza, como él mismo ha confesado, de que no podría «volver a estudiar, a trabajar ni a disfrutar de actividades cotidianas como los videojuegos».
Sin embargo, gracias al dispositivo cerebral desarrollado por Neuralink, Arbaugh ha podido recuperar parte del control de su entorno, lo que ha supuesto un antes y un después en su experiencia vital.
Una vez despertó de la operación en la que se le colocó el implante, empezó a notar los primeros resultados. En sus propias palabras, relató que inicialmente podía manejar un cursor en la pantalla simplemente con imaginar el movimiento de sus dedos.
En una de sus intervenciones, durante una entrevista en el pódcast de Joe Rogan, explicó con detalle cómo funciona el dispositivo. «Neuralink colocó unos hilos superfinos —son como 64 hilos con 1024 electrodos en total— en la corteza motora de mi cerebro. Esos electrodos captan las señales neuronales cuando pienso en mover algo, como un ratón de ordenador. Luego, todo se transmite de forma inalámbrica vía bluetooth a una app en mi teléfono u ordenador», explicó.
«Ahora puedo hacer muchísimas cosas»
Según detalla, la aplicación asociada al chip utiliza algoritmos de aprendizaje automático para interpretar las señales eléctricas del cerebro y convertirlas en acciones concretas. «La app usa algoritmos de machine learning para interpretar esas señales y convertirlas en movimientos reales en la pantalla. Al principio, era un poco torpe; solo podía mover el cursor en una dirección y tardaba en aprender a 'pensar' de forma más precisa. Pero después de unas semanas de calibración, ahora puedo hacer muchísimas cosas», relató.
Este proceso de aprendizaje mental le permitió, tras un periodo de adaptación, adquirir una notable destreza en el manejo del sistema. La clave radica en que no necesita realizar ningún movimiento físico: basta con que piense lo que desea hacer. «A las semanas me di cuenta de que yo podía, con tan solo pensar quiero mover el cursor aquí, este se movía a donde quería», explicó con entusiasmo.
La primera vez que eso ocurrió, me explotó la mente
El alcance de esta tecnología en su día a día es sorprendente. Tal y como ha compartido en distintas entrevistas, puede navegar por internet, redactar correos electrónicos, escribir textos y hasta jugar a videojuegos sin necesidad de mover un solo músculo. Todo ello únicamente con la fuerza del pensamiento.
La experiencia de Noland Arbaugh se ha convertido en un testimonio clave para comprender el potencial de los dispositivos neuronales implantables. Más allá de sus aplicaciones médicas, su historia ofrece una ventana al futuro de la interacción humano-máquina, en el que las barreras físicas comienzan a diluirse gracias a la tecnología.