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Las gafas con IA y el reloj inteligente pueden ser la herramienta del futuro para un médico

Las gafas con IA y el reloj inteligente pueden ser la herramienta del futuro para un médicoImagen generada con ayuda de la IA

Cuando copiar con IA en el MIR se parece al trabajo del médico del futuro: la pregunta que nadie quiere hacerse

El descubrimiento de un aspirante al MIR que utilizaba gafas y un reloj inteligente para copiar en el examen pone en duda si es solo un fraude académico o el anticipo de una medicina donde la tecnología será parte habitual del trabajo de un médico

La tecnología vuelve a poner a prueba las reglas del sistema educativo. Esta vez ha sido en uno de los exámenes más exigentes y determinantes del sistema sanitario español como es el MIR. El Ministerio de Sanidad ha reconocido que detectó a un candidato utilizando gafas con inteligencia artificial y un reloj inteligente durante la prueba. El aspirante fue sorprendido mientras intentaba obtener respuestas mediante estos dispositivos, aunque pudo terminar la prueba.

El episodio ha generado indignación en parte de la comunidad médica, para muchos, se trata simplemente de un intento de trampa que debía ser sancionado, sin embargo, el caso también plantea una cuestión incómoda que trasciende al propio examen: ¿hasta qué punto es razonable intentar blindar las pruebas contra una tecnología que, probablemente, formará parte del trabajo cotidiano de esos mismos médicos en pocos años?

El MIR en España

El MIR es una de las pruebas más vigiladas del sistema educativo español. Miles de aspirantes compiten cada año por una plaza en el sistema de formación sanitaria especializada, lo que convierte el examen en una puerta de entrada decisiva a la carrera médica. La seguridad del proceso es clave para garantizar la igualdad de oportunidades entre candidatos.

Pero la evolución tecnológica está cambiando las reglas del juego. Las gafas inteligentes, los relojes conectados o los auriculares casi invisibles se han convertido en herramientas cada vez más sofisticadas y difíciles de detectar. Lo que hace una década era ciencia ficción hoy puede comprarse por internet por unos euros y cambiar el rumbo de un examen y de una vida profesional.

¿Hasta dónde puede llegar el control?

Las instituciones educativas han respondido históricamente a cada salto tecnológico con nuevas prohibiciones. Primero fueron los teléfonos móviles, después los relojes inteligentes, y ahora comienzan a aparecer restricciones específicas sobre dispositivos de realidad aumentada o herramientas basadas en inteligencia artificial.

Sin embargo, existe un cierto contraste entre ese esfuerzo por expulsar la tecnología de los exámenes y la realidad de las profesiones a las que esos estudiantes aspiran.

Las instituciones educativas han respondido históricamente a cada salto tecnológico con nuevas prohibiciones

La medicina moderna es cada vez más dependiente de la tecnología. Los médicos consultan bases de datos clínicas, utilizan algoritmos de diagnóstico, analizan imágenes con herramientas de inteligencia artificial y reciben asistencia de software para interpretar pruebas o calcular tratamientos.

En muchos hospitales ya se emplean sistemas capaces de detectar tumores en radiografías, analizar historiales clínicos o recomendar protocolos terapéuticos. Llegados a este punto, resulta difícil imaginar que los médicos del futuro trabajen completamente aislados de la tecnología en el momento de tomar decisiones profesionales.

Modelos de evaluación

De hecho, algunos expertos en educación médica llevan años defendiendo que los modelos de evaluación deberían evolucionar en paralelo con la práctica clínica real. Si un médico puede consultar herramientas digitales en su día a día profesional, ¿tiene sentido exigir que resuelva todos los problemas de un examen completamente aislado de cualquier apoyo tecnológico?

El fraude en un examen, evidentemente, sigue siendo fraude. Y en el caso del MIR, donde miles de aspirantes compiten en igualdad de condiciones, el intento de utilizar dispositivos externos rompe las reglas del juego y debe ser sancionado.

El incidente también muestra un conflicto entre dos visiones del conocimiento. Por un lado, la evaluación tradicional, basada en la memorización y en la resolución individual sin herramientas externas. Por otro, un modelo profesional en el que el conocimiento se apoya cada vez más en sistemas digitales, bases de datos y algoritmos que amplían la capacidad humana.

La inteligencia artificial está empezando a desempeñar un papel similar al que tuvo internet hace dos décadas. En sus inicios, muchos centros educativos intentaron prohibir su uso. Con el tiempo, la red pasó de ser una amenaza a convertirse en una herramienta imprescindible.

Nuevo desafío

Algo parecido podría ocurrir con la IA, en lugar de centrarse únicamente en prohibir dispositivos, el desafío consiste en diseñar sistemas de evaluación que midan habilidades más complejas como el razonamiento clínico, la interpretación de información o la toma de decisiones.

En ese escenario, la tecnología no sería necesariamente un enemigo, más bien una herramienta cuya utilización correcta también debería evaluarse.

La tecnología no sería necesariamente un enemigo, más bien una herramienta

El caso del aspirante sorprendido con gafas inteligentes en el MIR es, en el fondo, una señal de los tiempos. Un aviso de que la frontera entre fraude y herramienta profesional puede volverse cada vez más difusa a medida que la inteligencia artificial se integre en todos los ámbitos del conocimiento.

Paradójicamente, dentro de unos años es posible que ese mismo tipo de tecnología forme parte habitual del trabajo de los médicos. Quizá no para copiar en un examen, pero sí para consultar datos, analizar diagnósticos o tomar decisiones clínicas más precisas.

La verdadera cuestión, por tanto, no es solo cómo evitar que la tecnología entre en los exámenes. La pregunta que nadie quiere hacerse es cuándo dejará de tener sentido mantenerla fuera.

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