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Eugenio Mallol

Hyperloop sí vale para defensa

Amper ha aparecido como posible comprador de Zeleros al presentar esta el concurso de acreedores, los tiempos de conflicto sirven muchas veces para poner en valor tecnologías que no nos hemos atrevido a impulsar en momentos de paz

Muchos grandes avances tecnológicos han sido posibles gracias a la carrera espacial, como se nos ha recordado machacona y acertadamente estos días a propósito de la misión Artemis II. Pero muchos más, y de mayor entidad, han llegado a nosotros a raíz de grandes problemas sociales, desastres naturales o conflictos bélicos, como los que también estamos viviendo estos días, aunque de esto segundo no se habla tanto. No hay ganas, y se entiende.

Tras la recesión que suele suceder a una contienda o un episodio traumático de envergadura, como fue la pandemia del Covid-19, llega a menudo una revolución industrial y económica resultado de aplicar y explotar comercialmente los desarrollos tecnológicos generados para superarlas. Más de la mitad de las vacunas que se experimentan hoy en Europa se basan en la tecnología de ARN mensajero.

Más de la mitad de las vacunas que se experimentan hoy en Europa se basan en la tecnología de ARN mensajero

Suena realmente crudo dicho así, pero en el ámbito de la ingeniería a gran escala existe el convencimiento de resulta menos problemático probar la tecnología en un ambiente bélico, hostil, donde la seguridad y la moral no son la prioridad y no hay que tomar demasiado en consideración las garantías legales.

La situación es distinta cuando se intenta experimentar en el día a día, en la vida corriente de las personas. Entonces, la seguridad pasa a ser la máxima prioridad, y la moral, los principios y los valores culturales se anteponen a la eficacia. Zancadillas regulatorias y lobbies aparte, hay que superar en esos casos una prueba fundamental: para que una tecnología triunfe en el contexto cotidiano, el ser humano debe estar dispuesto a delegar, a poner su vida en manos de un sistema artificial.

Para que una tecnología triunfe en el contexto cotidiano, el ser humano debe estar dispuesto a delegar

Zeleros Hyperloop, una de las más prometedoras compañías deep tech españolas, acaba de presentar concurso de acreedores. Pese a su relativa juventud, ha invertido más de 15 millones de euros en protección intelectual, y cuenta con cinco invenciones publicadas en la Oficina Europea de Patentes. Incluyen desde un sistema de propulsión para vehículos en vacío a un sistema de suspensión electromagnética y otro de levitación magnética basada en atracción, probado por AcerlorMittal y Tecnalia.

La tecnología en la que ha venido trabajando el equipo liderado por David Pistoni, ingeniero genial y atrevido emprendedor, permitiría lanzar a un vehículo como un tirachinas, levitar gracias un entramado de imanes que lo mantiene estable y avanzar por un tubo propulsado por un turbofán que succiona el aire de la parte delantera y lo lanza hacia la trasera. La velocidad se controlaría regulando esa succión. El gran impulsor a nivel global de esta tecnología es Elon Musk y la llamó Hyperloop.

La compañía española disponía de 1.200 metros cuadrados en el Puerto de Sagunto para realizar pruebas

La compañía española disponía de 1.200 metros cuadrados en el Puerto de Sagunto para realizar pruebas. Quería unir definitivamente en un vehículo todos los sistemas en los que había venido trabajado por separado y validar que la integración funcionara como está previsto. Pero, en tiempos de paz, conseguir ese nivel de experimentación ha sido un auténtico calvario, y sin testear sobre el terreno es muy difícil establecer estándares, y sin estándares ninguna tecnología consigue escalar, y sin capacidad de escalar no hay forma de atraer inversión para dar el salto a la comercialización.

Para sostenerse económicamente, entre cambios de ubicación y de personas en los centros de decisión de algunos de sus valedores, Zeleros ha intentado adaptar sus hallazgos a la actividad de otras empresas. Ofreció al mercado realizar labores de consultoría, como una boutique de ingeniería de vanguardia. No ha sido suficiente ha podido evitar el concurso de acreedores. Aunque eso no significa su desaparición.

Zeleros dispone de un historial de acreditaciones y verificaciones de primer nivel internacional

En el escenario ha aparecido Amper, dispuesta a convertirse, poco a poco, todavía con pasos de alcance medio, como una ampliación de capital de 77 millones de euros aprobada en septiembre, en un grupo de referencia en el sector de defensa. Es uno de esos raros fenómenos que están floreciendo por el efecto llamada de un aluvión de fondos públicos. Ha sido capaz de movilizar a Cofides, sociedad adscrita al Ministerio de Economía, para que entre en el capital de su participada Elinsa y le inyecte 41,2 millones de euros en el capital.

Zeleros dispone de un historial de acreditaciones y verificaciones de primer nivel internacional. Su equipo es experto en electrificación y tecnología de baterías, aerodinámica y termodinámica, control y automatización. Quizás resulte más fácil escalar la tecnología que ha desarrollado en tiempos de guerra como los actuales que en tiempos de paz.

España debe reflexionar por qué resulta tan difícil que un proyecto de estas características consiga arraigar. Sobre el papel, Hyperloop tiene sentido: la población se concentra en las ciudades y para descentralizarlas se deben ensayar nuevas conexiones que permitan a las personas desplazarse a diario a gran distancia, hacer el commute y no tener que vivir en lugares donde el suelo es caro.

España debe reflexionar por qué resulta tan difícil que un proyecto de estas características consiga arraigar

Hace diecinueve años, el tren de prueba de alta velocidad V150 de la francesa Alstom alcanzó los 574,8 km/h, un récord mundial de velocidad ferroviaria que aún se mantiene hoy en día. Italia, Alemania, Turquía, Polonia, países de Oriente Medio, Australia, Corea del Sur, han experimentado con las tecnologías de Hyperloop. Hasta la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, llegó a destacarlas como una prioridad para su anterior mandato en el área de Transportes.

El problema de los tiempos de paz es que el ser humano no está preparado todavía para confiar y colaborar con los robots, las máquinas y la inteligencia artificial. Nos asusta. Hay coches autónomos que leen las señales y frenan solos, y tecnológicamente podrían extrapolarse esos avances al ecosistema de los aerotaxis, los llamados eVTOL (electric vertical take-off and landing).

Instalación de los tubos de Hyperloop One por los que deberían haber viajado los trenes

Hyperloop One

Pero en Europa, en términos relativos, hay más gente trabajando en la ética y en legislaciones que regulen cómo tiene que comportarse ese robot y cómo va a interactuar con nosotros que personal desarrollando tecnología. Estamos esperando todavía a la generación que esté dispuesta a dejar su vida en manos de la IA. Mientras tanto, nos queda pensar que las innovaciones que desechamos hoy pueden ser la base de la defensa de mañana.

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