Las más listas de las aves

El ave se comporta como el patriarca rural que planta árboles para que los disfruten sus nietos y prueba de ellos es que a la hora de «esconder» bellotas, prefieren las que tengan mayor contenido nutritivo, que en el caso de nuestros bosques mediterráneos son las de encina

Plumas de arrendajo

Plumas de arrendajoCedida

Los estudiosos del comportamiento animal –etólogos—señalan a las aves que pertenecen a la familia de los córvidos como poseedoras de una inteligencia superior entre todas ellas. Esta familia –corvidae—incluye a cuervos, urracas y arrendajos, entre otros. Los cuervos son capaces de aprender a pronunciar vocablos humanos y recuerdo bien que cuando Moncho Coronado estaba trabajando en su tesis doctoral sobre la reproducción de los patos en la Marisma, marcaba los nidos en la vegetación palustre con una señal consistente en una vareta clavada en el barro a la que ataba una cinta de color. Los cuervos descubrieron pronto para qué servían las señales y expoliaron los nidos de Moncho.

De niño he criado muchas urracas en casa, las cogía de pollos en los nidos –algo que hoy se considera sacrílego—y cebaba su insaciable apetito con todo tipo de comida, desde pan con leche hasta carne. Crecían pronto y también aprendían a articular palabras –los franceses llaman a la urraca pie bavarde, que significa parlanchina—y les encantaba coleccionar objetos brillantes que ocultaban en improvisados escondites. Alguna pereció al lanzarse al interior del abrevadero cuando vió su imagen reproducida en el espejo del agua. También amaestré una pareja de chovas de pico amarillo que me trajo Tono Valverde de alguna montaña nórdica. Volaban sueltas por la propiedad y se posaban en el hombro de las personas para pedir comida.

El arrendajo es un córvido conocido por su atractivo plumaje que alcanza el esplendor en las plumas coberteras alares, vistosamente marcadas a rayas azules y negras. Habita en diferentes sistemas forestales de Europa y Asia y en los ambientes cinegéticos tiene la mala fama de ladrón de huevos y crías de otras aves. Tanto es así que en Gran Bretaña, cuando en un ojeo de perdices o faisanes alguno cruza la línea de escopetas, tanto éstas como los batidores avisan: Jay! Jay!... para que quién lo tenga a su alcance intente abatirlo.

Bellotas de encina

Bellotas de encinaCedida

El pájaro va creando despensas escondidas de alimento para ocasiones en que lo puedan necesitar.

Pero el arrendajo, cuyo nombre científico, Garrulus glandarius, alude a lo ruidoso de su repertorio de cantos y reclamos, es también reconocido por su constante ocupación en dispersar frutos y semillas del bosque, con lo que contribuye de forma natural a la expansión del mismo ¿Por qué lo hace? La interpretación generalizada de este comportamiento, se refiere a que el pájaro va creando despensas escondidas de alimento para ocasiones en que lo puedan necesitar. Sin embargo, trabajos recientes de investigación han concluido que el ave se comporta como el patriarca rural que planta árboles para que los disfruten sus nietos y prueba de ellos es que a la hora de «esconder» bellotas, prefieren las que tengan mayor contenido nutritivo, que en el caso de nuestros bosques mediterráneos son las de encina, que «plantan» en espacios cuyos suelos sean los más adecuados para que prospere esta especie vegetal. Además desechan las que estén deterioradas o presenten ataque de hongos. Vamos, que parece como si estuvieran reforestando terrenos para sus descendientes. Es el mismo propósito que el de aquel almirante de la armada británica, Cuthbert Colingwood, Barón Collingwood (1748 – 1810), que fue segundo de Horatio Nelson en el mando de la Royal Navy y que con él participó en la batalla de Trafalgar, de dónde salimos tan mal parados. Cuando no estaba embarcado este marino inglés descansaba en su propiedad rural del condado de Northumberland, donde daba largos paseos acompañado de su perro Bounce. Llevaba siempre los bolsillos repletos de bellotas de roble, que iba depositando en los lugares que consideraba adecuados para hacer crecer los árboles…«para que dentro de cien años la gloriosa armada de Su Majestad pueda disponer de la madera necesaria para construir sus barcos»… Su buena intención, no obstante, se vería luego traicionada por la evolución de la tecnología, que cien años después comenzaría a construir los barcos a base de metal en lugar de madera.

Arrendajo

ArrendajoCC

Sobre este peculiar hábito de plantación del arrendajo, ha trabajado Sylva Nova, una institución basada en Bélgica cuyo objetivo primordial es restaurar o construir los bosques del mañana, tanto en propiedades privadas como públicas, mediante la regeneración, mantenimiento y plantación de la cobertura vegetal. Sus técnicos han concluido que cuidando la población de arrendajos y suministrándoles los medios necesarios, se puede contar con el más eficaz aliado natural para expandir los bosques de quercíneas. Se estima que un solo ejemplar de esta especie llega a «esconder» hasta 15.000 bellotas a lo largo de su vida, cifra que puede ser incrementada si se le proporciona la materia prima necesaria donde pueda disponer de ella con facilidad. Así Sylva Nova ha diseñado un modelo de comedero gigante para aves, en el que pueden introducirse hasta 5 kilos de bellotas, el cual puede ser colocado en un territorio ocupado por arrendajos y permitir así que éstos hagan su trabajo de reforestación. El invento ha resultado ser todo un éxito, con casos en que los 5 kilos de bellotas eran plantados por las aves en un solo día (!). Para colgar el comedero se puede utilizar un hinco de metal o de madera, pero los promotores de este invento han conseguido acuerdos con compañías eléctricas cuyos tendidos atraviesan los bosques, para que pueda ser sujetado a los postes y de esta forma aquéllas se apuntan el tanto de contribuir con el medio ambiente.

Es éste un ejemplo ilustrativo de lo que la intervención humana actuando como intermediaria, puede conseguir utilizando la inteligencia (no artificial) de una especie aviar, en favor de los bosques, que tan importantes resultan para la conservación de la biodiversidad.

  • Javier Hidalgo de Argüeso es cazador, ornitólogo y jinete

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