Los terrones de azúcar
Jorge dio su montería. Pasada por mucha agua pero también por los vítores de los que sí tienen afición. Le sacó la cosecha de carne que le tocaba y pudo dar los jornales convenidos
Pega el ábrego en la ventana. Trae mucho viento y aguacero. Con este tiempo las solanas se quedan listas; ahora las reses buscan las umbrías, con más monte y por tanto con más defensa para cobijarse de un temporal. Bullen los arroyos. Siempre decimos que cuando corre el regato de la Teja es que la sierra está harta de agua. Y hogaño no ha parado de rebosar. Ahora todo se paraliza, los tractores no pueden circular para tirar los nitratos, se recoge mal la aceituna, todo se enguachina. Pero en primavera me lo contaréis. Y en verano más. El agua siempre ayuda, entiendo que estas tremendas crecidas causan daño en muchos entornos. Pero yo vengo a hablar de sierra, no de llanos. Del monte, de los acebuches, los lentiscos, las olivillas y los jarales. Los alcornoques del Zumajo, los de la tierra que amo. O de las planicies del Cerrato Palentino, donde ahora reside mi corazón.
Pero sigue lloviendo y ahora mi socio y hermano Jorge tiene que decidir qué hacer para el fin de semana; tenemos una montería de venta, estamos ya en febrero, ponen treinta litros. La gente presiona, fastidia cazar con este tiempo. Lo bonito es cazar con sol. El puesto es un suplicio. Se me empaña el visor, me cachis, así además se te cuelan los cochinos y no te enteras… Es un disparate cazar así.
Me llama Jorge. Me pilla a lomos de Talibán remetiendo un bando de perdices que apeonan frente a nosotros y quiero meter en el ojeo que estamos dando. Tengo unos minutos para hablar con él. Pide mi amparo -como mil veces he pedido yo el suyo- «qué hago tío, viene un temporal pero posponer es una faena; los hoteles, las rehalas, el cáterin, el veterinario…» Hay tantísimos tentáculos que mandar todo al cuerno es lo fácil pero no lo valiente ni mucho menos lo adecuado. Hay cuarenta señores que tienen cuarenta habitaciones en el hotel, han pedido permiso en su casa para desprenderse de la comida con la familia, o de aquel viaje para esquiar o para ir a ver al primo de la mujer. Los perreros han reservado la fecha para ir a donde se les ha indicado y si les anulas no podrán sustituirla por otra. Bueno, como suspendo yo, suspenderá todo el mundo e igualmente no iban a cazar. No, no es correcto ni justo. El perrero, el de las mulas, los postores, los secretarios… esa gente ese día no cobrará si no se caza. Así mismo el cáterin tenía todo listo, la carpa, o la nave ya estaba limpia para celebrar la junta. Hemos echado de comer un disparate, y el guarda quiere ver el resultado de su trabajo. Estamos de acuerdo en que se verá deslucido por la climatología, pero si se cobran menos reses, más habrá para el año que viene.
Los guiris se fueron para su pueblo y nosotros pudimos pagar y cobrar. Esto es como una corrida de toros, una vez en el ruedo no hay vuelta atrás
Le solté este testamento a mi querido Jorge. ¿Te acuerdas de la vez que monteé El Zumajo con aquellos guiris? Sobre el caballo y durante ese rato me cayeron setenta litros. Setenta como setenta collejas. Y solté los perros y dimos una montería muy dura pero que cumplió. Los guiris se fueron para su pueblo y nosotros pudimos pagar y cobrar. Esto es como una corrida de toros, una vez en el ruedo no hay vuelta atrás.
Jorge, que tires palante. Una montería la suspendemos porque haya una niebla del demonio, por imperativo legal o si los caminos están imposibles. Tenemos buenas cunetas y los caminos están perfectos para llegar a los puestos y para soltar los perros. Entonces ¿cuál es el problema? Estamos en invierno y hay que cazar aunque haga sol.
Jorge sonrió, lo noté al otro lado del teléfono. Échale un par, aquí es donde se demuestran los tíos con arrestos. Si hay accesos no hay duda. Otra cosa sería que los caminos no estén, ahí cambia la película. Tienes y debes cazar, llevas mucha energía y medios enterrados en esa finca. Además, aquí veremos quién flaquea y quien tiene afición. Y el que flaquee le sacamos de la ecuación para los restos. No queremos vainillas. Y, además, no somos terrones de azúcar.
Jorge dio su montería. Pasada por mucha agua pero también por los vítores de los que sí tienen afición. Le sacó la cosecha de carne que le tocaba y pudo dar los jornales convenidos. Además de un par de constipados. Para eso está la ropa técnica y la tecnología. Me encantó saber que muchos le echaron arrestos porque no es tan fácil aguantar estoico y tirar para adelante. Una responsabilidad más del Capitán de Montería.
Al igual que una boda se celebra aunque llueva, una montería se debe celebrar aunque haga sol. El agua no rompe costillas. Y ya es hora de que aprendamos que montear es un arte y con un día primaveral todos nos echamos a la sierra; montear con inclemencias es para los que saben lo que hay detrás y ven esto con la responsabilidad de aceptar los órdagos que te echa la sierra. Bravo por ti, amigo Jorge.
- Lolo De Juan es gestor agropecuario