La recarga de balas y el herraje de un caballo

Me preguntó si sé recargar balas. Le dije que no lo he hecho nunca. Supongo que recargar una bala, teniendo todos los materiales, no debe ser complicado. Pero hacerlo bien, con exactitud y con seguridad, no debe ser apto para todos

Búfalo cazado en África

Búfalo cazado en ÁfricaEl Debate

Menudo triple te has marcado. Un título tan opuesto que nada tiene que ver, ¿o quizá sí? Muchas veces me cuestiono quién es más cazador; si el que dispara con alza y punto huyendo de la mira telescópica o el que caza con arco y flecha. El que caza a cuchillo o el que subido a un caballo lanza en ristre y a tumba abierta va directo a partirse la crisma en una raña tras un veloz marrano. O el que ampara a dos galgos barcinos que miran la estepa con ansias de encontrar una rabona. O el aficionado a mimar a su perdigón durante todo el año, al que refresca con menta el comedero, mima sus plumas y pule sus espolones. O quizá el que aguarda a la becada al lubricán, o el que sólo sale al campo si es para darle vida a su perro de muestra y poder dar caza a un par de codornices.

Tantos tipos de caza como de aficiones. Todas me valen y no creo que haya una mejor que otra. Cada uno practica la que más le emociona, la que mejor se acomoda a sus limitaciones y la que le hace vibrar al contar las batallas que a nadie le importan. Creo que hay mucho cazador que no es tal, pues son hombres de campo -que aman la naturaleza- y la espingarda es el animal de compañía para tener una excusa y salir a gastar la suela de las botas. El campo evade, hace reflexionar, cambia el ánimo. Los tiempos en la naturaleza corren a otro tranco distinto al de la urbe. Y es en mitad de ninguna parte, bajo una encina o reposando una conversación apoyado en una sabina donde puedes conocer el alma del que tienes enfrente.

Michael Nylor tras cazar un búfalo

Michael Nylor tras cazar un búfaloEl Debate

El otro día estaba con un amigo irlandés, tremendamente educado, señorial y apasionado con la variedad natural de nuestra querida España. Somos buenos amigos, conversamos, cambiamos ideas, nos mandamos videos. Es un tipo interesante con ojos vivos y una afición envidiable. Está enamorado de África; sueña con ella, habla de ella, piensa en ella. En cuanto puede me recuerda que en breve volverá tras el búfalo, su animal preferido. Y no es que haya ido muchas veces; es que las que ha ido le han hecho saber que su corazón está allí. Me reitera que la caza del búfalo -para él- es lo más auténtico. Le escucho, veo su mirada vibrar. Está enamorado de África. Lo dice él, pero lo confirman sus ojos.

En esta conversación estábamos cuando me preguntó si sé recargar balas. Le dije que no lo he hecho nunca. Supongo que recargar una bala, teniendo todos lo materiales, no debe ser complicado. Pero hacerlo bien, con exactitud y con seguridad, no debe ser apto para todos. Lo asemejo a herrar un caballo: poner una herradura no es del todo complicado, pero amoldar el casco, llegar a la lumbre, recortar sobrantes y ranillas, aplomar y fijar la herradura con exactitud sin que se quede el caballo cojo, eso sí es para profesionales. Herrar para mí es una evasión, me encanta herrar a mis caballos. Un profesional tarda media hora en calzar un caballo. Servidor se va al doble, pero no dejo de ser un aficionado enamorado de mis jacos. Y creo que herrando mis caballos estoy un poco más cerca de ellos y disfruto más cada tranco sobre su lomo.

Él prepara las balas con las que caza sus búfalos, no por manía de precisión, sino por respeto a lo que va a hacer

Lo dicho, mi amigo Michael me preguntó si sabía recargar. Le dije que no. Él me dice que todo cazador debería saber cargar sus balas, aunque luego no lo hiciera a menudo. Michael me dice que él prepara las balas con las que caza sus búfalos, no por manía de precisión, sino por respeto a lo que va a hacer. Me comenta que cuando era joven también cargaba los cartuchos cuando iba a cazar faisanes a las afueras de Dublín. Porque era parte de su responsabilidad, saber cómo se hacen las cosas y le daba una importancia extra a lo que acontece. Me pareció muy bonita su historia y su deseo.

No se trata de saber hacerlo todo, ni aprender a hacer una escopeta con dos tuberías y un leño. Pero sí conocer lo básico, lo importante que es lo que vamos a hacer. Disparar conlleva matar. Matar implica quitar del medio a un animal salvaje y montuno que hermosea con su presencia la obra más pura de Dios que es la naturaleza. Mi amigo Michael me hizo reflexionar. Esa mirada llena de pasión cuando habla de sus búfalos y de su caza provoca que su cacería haya comenzado ya, meses antes de su partida a las sabanas donde el noble bruto pace y campea. Y este irlandés prepara con mimo las vainas, la pólvora, el fulminante y el plomo para hacer más suya aún la caza más apasionante que puede imaginar. Me dio mucha envidia saber que, en este mundo actual, algunos intentan sacar más romanticismo a lo que creíamos conquistado. Y es que nunca es tarde para ser un romántico, aunque de búfalos trate la cosa.

Qué gran conversación tuve con mi amigo Michael Naylor. Estoy desenado que regrese con su búfalo para que me cuente toda la historia con una buena copa de vino delante.

  • Lolo De Juan es gestor agropecuario
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