Mercedes Barona
Diccionario sentimental de campoMercedes Barona

Estío

La mañana empieza pronto, cuando todavía hay un poco de frescor, y después el día se va cerrando sobre sí mismo. Las faenas se adelantan, se recogen, se aplazan o se rehacen al ritmo del sol

Imagen del campo.

Imagen del campo.

Estío es una palabra antigua para nombrar el verano, pero no nombra sólo una estación: nombra una plenitud caliente, un tiempo en que el campo se estira bajo la luz y todo parece quedar expuesto, quieto, casi inmóvil, como si el mundo respirara más despacio. En ella hay calor y también una manera muy precisa de la tarde, de la siesta, del polvo, de la sombra buscada y del agua pensada antes que encontrada.

En el campo, el estío tiene una presencia física. No es una idea del calendario, sino una materia que se pega a la piel, a la ropa, a la tierra. La mañana empieza pronto, cuando todavía hay un poco de frescor, y después el día se va cerrando sobre sí mismo. Las faenas se adelantan, se recogen, se aplazan o se rehacen al ritmo del sol. Todo se vuelve más duro y más lento a la vez: el sudor cae antes, el aire pesa más, el camino parece más largo.

También está el estío de las voces: las de los niños que andan de vacaciones y llenan el patio, la calle o la era con un ruido alegre y desordenado; la voz baja de los mayores buscando la sombra; el murmullo de la siesta, que lo envuelve todo y parece poner el mundo en pausa.

Hay en el estío una vida que se repliega durante el día y se expande al caer la tarde

Pero estío no es sólo sequedad. También es el tiempo de la fruta madura, del grano terminado, de las siestas con las persianas bajadas, de las noches abiertas en las que se oye todo desde lejos: los grillos, un motor en la carretera, un perro que ladra en otra finca, la voz de alguien llamando desde el corral. Hay en el estío una vida que se repliega durante el día y se expande al caer la tarde, cuando el calor afloja y el campo vuelve a dejarse mirar.

Sentimentalmente, estío tiene algo de exceso y algo de pausa. Es una estación que desborda, pero también una estación que obliga a detenerse. Bajo su luz, los objetos se vuelven más nítidos y las distancias más visibles. La era, el pozo, la tapia, el olivar, la acequia, el borde de la sombra: todo adquiere un relieve casi moral, como si el verano calentara el paisaje y también la memoria.

En el Diccionario sentimental de campo, estío es la palabra que nombra el verano como una forma de estar en el mundo: con el cuerpo pendiente de la sombra, con el oído atento a la noche y con la certeza de que el campo, en los meses de fuego, cambia de ritmo y también de alma.

  • Mercedes Barona es periodista y premio Jaime de Foxá
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