Transatlánticos noruegos express, MS «Nordnorge» y MS «Nordkapp» fotografidos en Bahía Paraíso en la Antártida
Ciencia
El problema diario que tienen que sufrir los científicos en la Antártida, y no es el frío extremo
A finales de siglo, el turismo era lo suficientemente grande como para ser tenido en cuenta entre los lugares más solicitados a las agencias
El efecto llamada que provoca las redes sociales en la sociedad actual no deja de sorprendernos. Basta una fotografía o un vídeo para 'popularizar' cualquier lugar o destino en el planeta. Dicho efecto llamada tiene la particularidad de que puede llegar a todos los rincones del planeta, por muy recónditos que sean. Incluso a los más hostiles y desafiantes. Es lo que está pasando en la Antártida, un lugar que se ha convertido en uno de los destinos más atractivos para los turistas.
El gran aumento del flujo de turistas a la Antártida no es algo actual. Ya en la década de los 60 se popularizó este destino. A finales de siglo, el turismo era lo suficientemente grande como para ser tenido en cuenta entre los lugares más solicitados a las agencias.
Así lo revelan los datos de la Asociación Internacional de Operadores Turísticos Antárticos (IAATO por sus siglas en inglés), que no dejan lugar a la duda. A comienzos de los años 90 visitaban el continente blanco unas 7.000 personas al año según sus cálculos. Casi tres décadas después ya sumaban casi 44.000 y, el pasado octubre, la CNN reveló que en 2024 la cifra superaría las 122.000.
Los registros de IAATO sobre los visitantes que llegan a la Antártida «solo en cruceros», muestran un crecimiento impresionante a pesar del precio —que ahora mismo oscila entre los 7.000 y 27.000 euros—. Desde 2017 a la última temporada, este tipo de turismo aumentó en más de un 500 %.
Pasajeros del crucero noruego MS Fram, son llevados a la base chilena Eduardo Frei en la Antártida
«Quieren cosas más auténticas, más cosas que ya tienen en mente, sobre todo después de la COVID-19. Ya no esperan más... y la Antártida está entre las primeras de la lista de deseos de todos», expone Susana McCurdy en declaraciones a la BBC. Susana, junto a su marido Greg, aprovecharon su jubilación para visitar uno de los lugares más inhóspitos del planeta.
El día a día de la comunidad científica
Como era de esperar, esta masiva afluencia turística lo han notado –en mayor medida–, los distintos científicos y trabajadores de las bases antárticas. Actualmente hay más de 70 estaciones de investigación permanentes que representan a 29 países. De esas, dos pertenecen a nuestro país: la base Juan Carlos I está en la isla de isla Livingston y la base Gabriel de Castilla, ubicada en la isla Decepción.
«Es la zona seguramente más turística de toda la Antártida, porque es un volcán», comenta a El Debate Joan Riba, jefe de la base española situada en la isla Livingston, quien entendía el gran turismo de la otra base.
«Con el crucero entran dentro del cráter. Ahí pueden visitar restos de estaciones marineras, tiene mucho interés turístico», revela el jefe de la base española, quien reconoce que entran cruceros «constantemente».
«Casi siempre nos encontramos algún crucero. Unos tres o cuatro al día», concluye Riba.
Un problema medioambiental en auge
La gran afluencia turística en la Antártida supone un problema adicional para el continente. El promedio de emisiones de carbono por cada turista es de casi cuatro toneladas. Para hacernos una idea del gran volumen que supone, esta es la cifra que un individuo suele generar en un año entero. De hecho, entre 2016 y 2020 cada turista habría derretido alrededor de 83 toneladas de nieve debido a las emisiones de los cruceros, según un estudio.
Asimismo, varios investigaciones han demostrado que la nieve tiene una mayor concentración de carbono negro procedente de los gases de escape de los barcos.