Grupo de exploradores en la Antártida
Ciencia
La comunidad científica alerta del auge turístico en la Antártida mientras figuras como Nicole Kidman pisan el hielo
Con cerca de 125.000 visitantes por temporada, más del doble que hace cinco años, el turismo en la Antártida ha seguido creciendo durante el pasado verano austral
Las estrellas de Hollywood se han transformado, junto a millonarios de todo el mundo, en uno de los motores principales del turismo en la Antártida pese a la advertencia de los expertos del impacto negativo que esta actividad tiene en uno de los espacios más prístinos del planeta, esencial para la investigación científica y la lucha contra la emergencia climática.
La última en aterrizar para uno de estos vuelos a los territorios antárticos cercanos a Argentina y Chile, los dos países más cercanos al continente de hielo, ha sido la actriz norteamericana Nicole Kidman, quien en la mañana de este miércoles ha sido captada en el aeropuerto de Punta Arenas, la segunda ciudad más austral de Chile.
La actriz Nicole Kidman en el aeropuerto de Punta Arenas
Ataviada con un jersey de cuello cisterciense, blanco con rombos negros, y tocada con un gorro de lana negro y unas gafas oscuras, Kidman se ha mostrado muy risueña pero ha declinado hablar a los medios.
La protagonista de Los Otros y de muchas otras cintas de éxito se ha cruzado, aunque sin coincidir, en el aeropuerto con las también estrellas de Hollywood Michael Douglas y Catherine Z Jones, que igualmente están de vacaciones en Chile y han pagado por un viaje a la Antártida que oscila entre los 10.000 y los 25.000 euros dependiendo de si se pasa la noche en uno de los refugios científicos acondicionados.
En el pasado, otros actores como Will Smith han visitado Punta Arenas para viajes similares, así como diversos multimillonarios procedentes de todo el mundo.
Además de un vuelo de apenas dos horas al continente, el turismo antártico ofrece la posibilidad de cruceros, de entre siete y diez días, que cruzan todo el estrecho de Magallanes y atracan en diversas bahías antárticas, donde los privilegiados pueden hacer caminatas por el hielo y acercarse a fauna como los pingüinos.
Con cerca de 125.000 visitantes por temporada, más del doble que hace cinco años, el turismo en la Antártida ha seguido creciendo durante el pasado verano austral, sin que exista una regulación capaz de limitar de manera vinculante e integral el impacto de sus expediciones en uno de los territorios más vírgenes del planeta.
«El mayor problema que tiene el turismo en la Antártida es que está aumentando y no hay una gestión integral establecida, lo que debería resolverse urgentemente», aseguró meses atrás a EFE la directora de la ONG Coalición Antártica y del Océano Austral (ASOC), Claire Christian, quien advirtió que si se quiere seguir considerando el turismo una actividad legítima, "tiene que estar mejor regulado”.
Desde su creación en 1961, los firmantes del Tratado Antártico, instaurado para otorgar gobernanza al continente y suscrito actualmente por 58 países, han aprobado más de 50 resoluciones relativas al turismo, pero la gran mayoría de ellas son «directrices voluntarias o recomendaciones» que, además, deben esperar a ser adoptadas por los sistemas legislativos nacionales, explica a EFE la investigadora Chantal Lazen, del Programa de Estudios Antárticos de la Universidad de Chile.
De momento, las agencias de viajes pasan por evaluaciones ambientales domésticas y voluntariamente se inscriben a la Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártida (IAATO), cuyos requerimientos son más estrictos, pero, una vez en la Antártida, la actividad turística está autorregulada y depende, en definitiva, de la «conciencia» de los operadores.