Despegue del transbordador espacial Challenger el 28 de enero de 1986
Ciencia
La explosión del Challenger: 40 años del desastre que cambió la historia de la exploración espacial
Eran las 11:38 de un martes cualquiera cuando el transbordador espacial Challenger se desintegró a los 73 segundos de su lanzamiento debido al fallo de unas juntas tóricas en el propulsor derecho del cohete
Alo largo de sus 68 años de historia, la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (más conocida como NASA por sus siglas en inglés) ha sido la institución a la vanguardia de la exploración y el estudio del universo. En casi siete décadas, la agencia puede presumir de haber protagonizado varios de los hitos más importantes en la historia de la humanidad.
La misión Apolo 11 representó el clímax de la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética. El 20 de julio de 1969, Neil Armstrong y Buzz Aldrin descendieron a nuestro satélite en el módulo lunar Eagle. Esta hazaña no solo demostró la capacidad tecnológica de la NASA, sino que también cambió para siempre la percepción humana sobre lo que era posible en la exploración del espacio.
Once años después, en abril de 1990, la agencia puso en órbita el Telescopio Espacial Hubble, uno no de los instrumentos científicos más importantes jamás creados, produciendo imágenes de altísima resolución que han transformado nuestra comprensión del universo. Junto al Hubble, la NASA puede presumir de ser la gran pionera en lo que al estudio del planeta rojo se refiere. De igual manera, la llegada del rover Curiosity a Marte en el año 2012 marcó el gran precedente del estudio de nuestro vecino espacial.
Rover Curiosity
Ahora, las grandes esperanzas de la agencia pasan por la vuelta a la Luna. El programa Artemis, que ya puso su primera piedra en 2022, continuará en las próximas semanas con el primer viaje tripulado al satélite tras más de 50 años de inactividad.
Sin embargo, a pesar de todos los éxitos, este miércoles se cumplen 40 años de la mayor catástrofe espacial en la historia de la humanidad: el desastre del Challenger. Eran las 11:38 de un martes cualquiera (hora de Florida), cuando el transbordador espacial Challenger despegaba desde la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy, desintegrándose a los 73 segundos de su lanzamiento.
Todo parecía transcurrir con normalidad tras un primer minuto en el que el ascenso se mantuvo sin ningún tipo de contratiempo. Desgraciadamente, a los pocos segundos la retransmisión en vivo mostraba como una nube de restos volaban sobre el Atlántico. El fallo de unas juntas tóricas –sellos de goma– en el cohete propulsor derecho, permitió la fuga de gases que destruyeron el tanque de combustible externo, causando la brutal explosión y provocando finalmente la muerte de siete astronautas.
Despegue del transbordador espacial Challenger el 28 de enero de 1986
Aquel 28 de enero de 1986 Francis R. Scobee (comandante), Michael J. Smith (piloto), Ronald McNair (especialista de la misión), Ellison Onizuka (especialista de la misión), Judith Resnik (especialista de la misión), Gregory Jarvis (especialista de la misión) y Christa McAuliffe (especialista de la misión y profesora civil) perdían la vida en la misión STS-51L, la 25ª del programa del transbordador espacial, iniciado en el año 1981.
Tripulación de la misión STS-51L
La misión tenía como objetivo disponer de un vehículo reutilizable que permitiera reducir los costes del acceso al espacio, realizar experimentos científicos y estudiar el cometa Halley –que en ese momento se encontraba en su perihelio con respecto a nuestra estrella– durante seis días y medio en órbita. Sin embargo, a pesar de la imagen de fiabilidad demostrada en el resto de misiones del programa, esto no sirvió para evitar una tragedia que marcó un hito en la exploración espacial. De hecho, hasta ese momento los incidentes relacionados con alguna de las misiones se contaban con los dedos de una mano.
Imagen televisada del Accidente del Transbordador espacial Challenger, desintegrándose a 73 segundos de su lanzamiento y provocando la muerte de los siete miembros de la tripulación. EFE
Imagen televisada del Accidente del Transbordador espacial Challenger, desintegrándose a 73 segundos de su lanzamiento y provocando la muerte de los siete miembros de la tripulación
Por desgracia, aquel lejano 28 de enero de 1986 millones de personas presenciaron en directo esta masacre, motivados por un programa que había creado una expectativa sin precedentes. No solo por lo que suponía, sino también por ser la primera ocasión en la que un civil volaba a bordo del transbordador espacial.
En concreto, una maestra fue enviada al espacio exterior. Christa McAuliffe fue escogida de entre más de 11.000 aspirantes que se postularon a la iniciativa Maestros en el espacio, creada por el entonces presidente de EE.UU. Ronald Reagan. Este proyecto, creado para despertar el interés de los estudiantes en la ciencia, acabó de la peor manera posible.
Hielo en la torre de lanzamiento horas antes del despegue del Challenger
«He dado luz verde a la NASA para que empiece a buscar en todas nuestras escuelas elementales y secundarias. El primer pasajero será uno de los más excelentes del país, un profesor», detalló Reagan en ese momento.
¿Un desastre evitable?
Desgraciadamente, las dramáticas consecuencias del despegue provocaron un efecto contrario a los intereses de la Casa Blanca. La figura de McAuliffe ocupó portadas durante semanas, mientras que la misión STS-51L protagonizó un seísmo sin precedentes en el país norteamericano.
La astronauta y profesora Christa McAuliffe (dcha) junto a Barbara Morgan, astronauta suplente
La presión por los plazos, conocida como «fiebre de ir» (go-fever), fue un factor crítico en el desastre del transbordador, donde la urgencia por cumplir con un calendario de lanzamiento saturado provocó que se pasaran por alto señales técnicas sobre las juntas tóricas. Esta dinámica de grupo priorizó el éxito a corto plazo sobre la seguridad.
Ellos, los siete del Challenger, eran conscientes de los peligros, pero los superaron y realizaron su trabajo con brillantezExpresidente de Estados Unidos
Las dramáticas consecuencias y su visualización en directo convirtió a este accidente en una conmoción nacional. Las investigaciones posteriores revelaron como los astronautas no fallecieron en el acto. La cabina sobrevivió inicialmente a la desintegración, pero los astronautas murieron al impactar contra el océano tras una caída libre de unos tres minutos.
El expresidente de EE.UU., Ronald Reagan y la exprimera dama, Nancy Reagan, asisten a la misa conmemorativa por las víctimas del Challenger el 31 de enero de 1986
Esa misma noche, un derrotado Ronald Reagan dio la cara, lamentado el primer fallecimiento de un astronauta durante un vuelo.
«Quizás hemos olvidado la valentía que requirió la tripulación del transbordador. Ellos, los siete del Challenger, eran conscientes de los peligros, pero los superaron y realizaron su trabajo con brillantez. Lamentamos su pérdida como nación», señaló.
La tragedia del Challenger marcó un triste precedente de cómo una gestión inadecuada puede ser clave en un contexto crítico, siendo un sensible recordatorio de la línea fina que separa el éxito espacial de la catástrofe.