Concepto: investigador estudiando la mente humana
Ciencia
Leer la mente humana: ¿una utopía científica o la próxima gran revolución?
Es cierto que, a día de hoy, es posible 'leer la mente' en un sentido científico limitado mediante tecnología avanzada, pero no de la manera telepática a la que nos ha acostumbrado la ciencia ficción
Durante décadas, uno de los grandes objetivos de las principales instituciones científicas ha estado centrado en la lectura de la mente. Ya a mediados del siglo XX, Estados Unidos y la CIA desarrollaron programas secretos como MKUltra, que buscaban manipular la mente y explorar control mental mediante drogas, hipnosis y estimulación cerebral. La URSS no se quedó atrás, y puso en marcha estudios intentando influir en decisiones o emociones a distancia mediante campos electromagnéticos o tecnologías experimentales.
Es aquí donde entran en juego las llamadas interfaces cerebro-computadora (BCI), una tecnología que comenzó a desarrollarse en la década de los 70. Desde 2010 en adelante, las investigaciones se han enfocado en mejorar la precisión de las BCI, combinando inteligencia artificial y sensores avanzados. Esta tecnología ha ido consiguiendo cada vez mayor visualización y recursos, hasta el punto de protagonizar 'milagros' más propios de la ciencia ficción. Prueba de ello han sido varios estudios de 2026, que habrían mostrado la auténtica realidad de estas herramientas.
El pasado 16 de marzo, un estudio internacional probó un dispositivo implantable que ha permitido la comunicación rápida entre un paciente con esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y uno con lesión medular. La herramienta, que usa el teclado Qwerty (el más común) y descifra el intento de movimiento de los dedos, funcionó con éxito en estos dos participantes, los cuales pudieron comunicarse de forma rápida y precisa.
De igual manera, otra investigación llevada a cabo por la University College de Londres (UCL) habría conseguido reconstruir vídeos vistos por ratones a partir de la actividad de sus neuronas. Con el paso de los meses y de los años, cada vez surgen tecnologías más avanzadas –como las máquinas de resonancia magnética funcional (fMRI)– capaces de hacer cosas que se creían imposibles hace pocos años.
En esta línea, un equipo de la Universidad de California, Berkeley (EE.UU.), enseñó distintos vídeos a varios voluntarios con el objetivo de 'traducir' las señales eléctricas cerebrales a cortos de video. Los resultados eran esclarecedores: los últimos vídeos eran similares a los que acababan de presentarles.
No obstante, el autor del trabajo, Jack Gallant, señaló que él no «lee la mente», ya que realmente no sabe qué es «la mente»: «Puedo 'leer el cerebro' un poco, lo que significa sencillamente el proceso de decodificar la información que puede ser recuperada con medidas de actividad cerebral».
¿Será posible leer la mente en el futuro?
Los continuos avances abren esta perspectiva. Sin embargo, no deja de ser pura teoría. Por ejemplo, la neurocientífica Molly Crocket de la University College London ya explicó hace años que, aunque las máquinas fMRI son realmente útiles, nos encontramos muy lejos de poder leer la mente de una persona con un escáner.
«Existe la idea equivocada de que uno puede ver la información que nos dan esas imágenes del cerebro y saber qué se está pensando o sintiendo. Ciertamente no es el caso», afirmó Crocket a la BBC.
Aunque es cierto que, a día de hoy, es posible 'leer la mente' en un sentido científico limitado mediante tecnología avanzada, sigue siendo inviable de la manera telepática a la que nos ha acostumbrado la ciencia ficción. En resumidas cuentas, los investigadores utilizan la inteligencia artificial y escáneres cerebrales con el objetivo de interpretar patrones de ondas cerebrales, logrando reconstruir imágenes que una persona ve o convertir sus pensamientos en texto.
Al ser preguntado por esta cuestión, el catedrático de la Universidad Pablo Olavide, José María Delgado, es incluso más directo: «La mente no se puede leer porque nadie sabe cómo el cerebro produce la actividad mental. La actividad mental no está en ningún sitio, no es una entidad física que se pueda medir con corriente eléctrica ni con composición química. Puedes modificar el cerebro eléctricamente y eso influye en la actividad mental, pero eso no significa que podamos medir el pensamiento de una persona».
Tal como detallaba el experto a este periódico, una máquina no dispone del mundo interior consciente que caracteriza al ser humano, lo que, sumado a nuestras experiencias, deseos y memoria, contribuye al yo de cada persona, algo imposible en una máquina.
«Una máquina puede detectar la radiación eléctrica que supone el color verde, pero no ve el color verde. Puede determinar la molécula que da el sabor de la fresa, pero la máquina no siente el sabor de la fresa. Sabe la composición química, pero no sabe lo que es experimentar ese sabor», sentencia.