Fundado en 1910
Otto de Hasburgo y familiares

Otto de Hasburgo y colaboradoresAFP

El Debate de las Ideas

Un encuentro con Otto de Habsburgo

Con motivo de la exposición Otto de Habsburgo: vida y herencia, organizada por el instituto de Estudios Históricos del CEU y la Fundación Otto de Habsburgo que se inaugura el próximo lunes 2 de octubre, dedicamos El Debate de las Ideas a glosar su obra y figura

Cuando en el mes de septiembre de 1951 llegué por primera vez a Madrid como becario de la Obra Católica de Asistencia Universitaria para estudiar Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad Complutense (la Facultad estaba ubicada entonces en la Calle San Bernardo), uno de los otros becarios húngaros me advirtió que sería adecuado, por cortesía, visitar al embajador del Reino de Hungría que residía en el paseo de Castellana e introducirme a él.

¿Embajada del Reino de Hungría? Me extrañaba la denominación sabiendo que entre la República Socialista de Hungría y España no existían relaciones diplomáticas. Es cierto, me respondieron, pero el Gobierno de España había reconocido al diplomático húngaro exiliado Francisco de Marosy como representante de los intereses de la Hungría Libre con un status oficioso en el cuerpo diplomático. La Legación Real de Hungría abrió las puertas en el edificio que la embajada de este país ocupaba antes de la Segunda Guerra Mundial.

Allí, en este edificio, me enteré de muchos detalles importantes.

Tanto la recuperación del edificio de la antigua embajada húngara como el reconocimiento del diplomático Marosy como representante de la llamada Hungría Libre fueron resultado de las intervenciones del archiduque Otto de Habsburgo ante el general Franco y su ministro de Asuntos Exteriores, don Alberto Martín Artajo.

El archiduque visitó España en 1949. Iba a pedir tres cosas al jefe del Estado: la recuperación del edificio de la Legación, la autorización de emisiones en lengua húngara por la Radio Nacional de España, y la participación de militares húngaros exilados en programas de entrenamiento en técnicas militares actualizadas. Otra concesión fue la admisión de refugiados húngaros al territorio de España lo que posibilitó la llegada de estudiantes universitarios procedentes de países de detrás del llamado telón de acero. Así llegué también yo a Madrid.

Allí, en esta Legación Real tuve, en el mismo año 1951, la suerte y el honor de encontrarme con el archiduque Otto. Fuimos invitados, universitarios húngaros, por el embajador Marosy a una recepción y una charla exhaustiva subsiguiente con él que fue heredero del trono de Hungría y un conocedor reconocido de la política internacional. Para nosotros, estudiantes, el primer problema surgió de cómo dirigirle la palabra, qué título sería el más adecuado. El embajador utilizó el título de Majestad, nosotros, estudiantes, tuvimos algunas dudas teniendo en cuenta que este título es propio de reyes coronados. Yo le llamé Alteza Real y él no se enfadó.

Entre mi grupo de estudiantes eran pocos los que tenían un interés primordial por las gracias y desgracias de las relaciones internacionales. Algunos estudiaban medicina, otros bellas artes, uno de ellos iba profundizando en las obras de Lope de Vega y Calderón de la Barca, un estudiante de ingeniería investigaba la velocidad de expansión de los olores. Así que fui yo, estudiante de políticas y economía quien planteaba la mayoría de las cuestiones en espera de las explicaciones por parte del archiduque.

Hoy, pasados más de setenta años, ya no me acuerdo en detalle de todos los asuntos tratados durante aquella tarde. El archiduque informó sobre sus viajes y actividades en los Estados Unidos y en países europeos y las conversaciones que tuvo con los personajes importantes de la política durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Se refirió particularmente a los encuentros con el presidente norteamericano Roosevelt y a las causas que impidieron formular y ejecutar una política más rigurosa y decidida frente a la Unión Soviética en el caso de los países de Europa Central y Oriental. Sin mencionar nombres, era evidente que se refería al secretario de Estado norteamericano Cordell Hull quien influyó al presidente Roosevelt para confiar en la lealtad del líder soviético Stalin y dejarle a la Unión Soviética un cierto campo de acción libre en la región oriental de Europa.

Un acontecimiento de cierta importancia era la fundación del Centro Europeo de Documentación e Información en el año 1953 por la iniciativa, entre otros, de Otto de Habsburgo. El objetivo de este Centro era tanto el de prestar apoyo a las organizaciones europeas de tendencia cristiano-demócrata, como también la creación de un foro político de tipo internacional e intelectual para facilitar el acercamiento de España al resto de Europa. Yo tuve la suerte de participar en una sesión de este Centro que tuvo lugar en El Escorial en el año 1958.

La biografía de Otto de Habsburgo es bien conocida, no es pues necesario recapitular todas sus ideas, sus publicaciones y sus actividades desempeñadas durante las diferentes fases de su vida larga y productiva. Como él mismo decía una vez, su sueño era el de reunir en alguna forma prácticamente realizable los países de la antigua Monarquía austrohúngara bajo un techo común. Este sueño, como él mismo tuvo que reconocer más tarde, no ha podido realizarse a causa de los hechos político-históricos en Europa. Frente a las nuevas realidades creadas a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, el archiduque tuvo que reorientar sus actividades para colaborar con intensidad creciente en la integración de las naciones europeas en el marco del gran proyecto del siglo XX que era el de la Comunidad Europea.

Una vez le preguntaron, por fin, qué nacionalidad tenía.

La europea, contestó.

Es quizás lo más importante que aprendí de él.

Stefan A. Musto es Miembro de la Asamblea Nacional de Hungría

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas