El mago Hiva Oa (1902) de Paul Gauguin
El travesti mexicano que acusa a Colón y Hernán Cortés de destruir la «diversidad de género» en América
El artista de performances Lukas Avendaño reivindica su identidad de hombre-mujer de la misma América precolombina que hacía sacrificios humanos, achacando a los conquistadores (y al capitalismo) la eliminación del «tercer género»
Un «muxe» es una identidad mexicana, proveniente de la etapa precolombina, donde había hombres o mujeres «cis» (esa palabra que pone de los nervios a J.K. Rowling y que pretende dar categoría a las personas que se identifican con el «género» que le dan sus genitales), que desarrollan en vida papeles del género opuesto. Vargas Llosa escribió sobre este aspecto de los tahitianos en una novela sobre los hombres-mujeres (mahu, se llaman en esta parte del mundo) de las islas del Pacífico. Lo novedoso es la acusación de «binaristas» a Cristóbal Colón o Hernán Cortés, en general a los conquistadores españoles, por acabar con esa identidad, que realiza el artista «muxe» Lukas Avendaño.
Dice Avendaño que no se siente mujer a pesar de que viste como una mujer, luce melena y se maquilla, y que su manera de sentirse coincide con el de las personas «no binarias», que no se identifican con ningún género. Continúa con que «La dictadura de género tiene fecha de nacimiento en América porque hay un documento rector que dice que el hombre y la mujer fueron hechos a imagen y semejanza de Dios».
El artista Lukas Avendaño
Pero la cuestión está (mucho se teme) en que Avendaño es artista de performances y ha presentado en Hospitalet la obra Bigibiridela, donde pretende retroceder hasta 1521 e imaginar cómo sería «la concepción de género en el mundo actual si Colón no hubiera llegado a América». Esto casi no se había previsto, pero vivimos en tiempos de imposibilidad de previsión ante la negación, por ejemplo, de las mismísimas reglas de la naturaleza, aplicadas a cualquier «temática», a ser posible del modo más torticero posible.
Justificar un «tercer género»
El asunto va derivando por caminos que harían (harán) las delicias de López Obrador o de 'Pam', la Secretaria de Estado española de Igualdad, entre otros, sobre conceptos ya manidos, pero igualmente omnipresentes como la «hegemonía cultural» y otros más elaborados y farragosos y «nuevos» como el «capitalismo global y eurocentrado» (culpar al capitalismo, y no solo a Colón o a Cortés, de extinguir la diversidad de género precolombina, aquella época donde se producían sacrificios humanos), no en otra vuelta de tuerca, como escribió Henry James, sino en otra vuelta de tornillo para justificar un «tercer género» (en las culturas de procedencia de «mahus» o «muxes» no se hablaba de «tercer género» sino de «tercer sexo», que es bien distinto, aunque igualmente ideológico) que nada tiene que ver con la realidad natural, sino con la nueva realidad sociológica, extemporáneamente indigenista en este caso, que se intenta imponer en el XXI.