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Bocados de realidadCésar Wonenburger

El presidente de Colombia quiere resucitar a los anarquistas Sacco y Vanzetti

Gustavo Petro los reivindica frente a Trump, mientras un cómico se mofa de la jefa de bomberos de Los Ángeles y Monica Bellucci recurre a la Callas para debutar en el teatro

Los bandidos anarquistas Sacco y Vanzetti ante la Corte Suprema de MassachusettsWikipedia

Todos somos seres contradictorios y algunos cargan con el peso de la suyas desde la misma cuna. El presidente colombiano Gustavo Petro, por ejemplo, nació en Ciénaga de oro. Lo cual explicaría ya muchas cosas.

Tuvo un pasado guerrillero y después pretendió cambiar balas por votos para redimir a los pobres. Pero conquistado ese poder que supuestamente envilecía a sus adversarios, y que solo él aguardaba convertir en plegarias atendidas de justicia social, en su país todo sigue incluso peor: «los de abajo», y no tanto, desean marcharse a otros lugares para prosperar.

Ahora que ha perdido el pulso inicial contra Trump, ante el espejo de otra de sus paradojas: amagar con negarse a recibir a un grupo de compatriotas a los que sus fallidas políticas no convencieron antes para quedarse, echa mano de la ironía. Ha dicho que él es de Sacco y Vanzetti, aquellos emigrantes italianos anarquistas, ejecutados en Boston por cometer un par de asesinatos. Mediante sentencia dudosa, es cierto.

Fotograma de la película «Sacco e Vanzetti», de Giuliano Montaldo

Lo que nunca negaron aquellos hombres fue su militancia en organizaciones como la de los Galleanistas, que sembraban Estados Unidos con bombas para propiciar la revolución. Esa por la que Petro aún suspira, ya en palacio, robándole tiempo para adoptar las medidas que eviten que en su propio país se sueñe con otro.

Un «concurso de lesbianas» para los bomberos

El cómico norteamericano Bill Maher, un demócrata no fanatizado, está que trina por lo que ha ocurrido con los fuegos que han arrasado parte de Los Ángeles, donde reside. Y en su programa ha arremetido contra las autoridades del estado californiano, feudo histórico del partido de Biden.

Sobre la jefa de los bomberos angelinos, ha dicho que posiblemente a los ciudadanos les habría ido mucho mejor si, en lugar de haberla elegido mediante una suerte de concurso para lesbianas, simplemente se hubieran limitado a contratar al mejor profesional posible.

El wokismo ya pierde fuelle incluso entre la militancia, aunque el perspicaz Maher no haya llegado el último al desmontaje de la falacia: siempre la ha combatido con inteligencia, ingenio y datos.

Todo el esfuerzo de mantener a raya las emisiones de carbono se torna obsoleto ante el bello (para el ecologismo de salón, que privilegia la estética como Nerón) espectáculo de las llamas y sus funestas consecuencias. También ha dicho Arzuaga que en su restaurante prefiere tener camareras, «porque las mujeres son más delicadas sirviendo». Que se cuide, que en nada la queman a ella.

DeepSeek ya se moja más que algunos medios

Acabo de preguntarle a mi DeepSeek (va como un tiro y es gratis) su opinión acerca de las delicadas relaciones entre Nicolas Maduro y el director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel.

En medio de la hojarasca de datos, la define «compleja», lo que ya es mojarse más que esos medios que ahora no le han dedicado ni una línea a la visita madrileña del músico, en su gira con la Orquesta Juvenil Simón Bolívar. Ha debido ser un concierto clandestino, porque ninguno de los habituales ha dicho ni pío sobre el evento del pasado domingo, en el Auditorio Nacional.

Al mismo tiempo que se juramentaba en su macabra ceremonia, el dictador venezolano envió a los miembros de la orquesta hasta Europa, como embajadores culturales. Al frente de la expedición, viajó Dudamel, que bien podría aprovechar la celebridad internacional para abrirle los ojos al mundo sobre lo que ocurre en su país, en lugar de prestarse como progandista de las presuntas bondades del tirano.

Quienes callan ahora estarán afilando las dagas para cuando toque escribir sobre Wilhelm Furtwängler, al que nunca le perdonaron que dirigiera a la Filarmónica de Berlín en tiempos de Hitler.

La única verdad en la vida

Ya sea en el Real, la Zarzuela o en alguno de los principales conciertos, siempre se deja caer la inefable Carmen Lomana. No se sabe si por una irreprimible melomanía o por lucir en ambientes pretendidamente distinguidos su magnífico guardarropa, quizá el mejor surtido de la capital. Afición o vanidad, todo en el fondo es lo mismo.

Pero bajo la espesa capa de frivolidad, en la distancia del observador diletante, a veces se le intuye a esta mujer un leve pesar, como el presagio de algo más hondo, turbio y asentado. Ahora la celebridad local publica sus memorias, donde dicen que habla de una pena que no se apaga con Balenciagas ni visitas al spa. Por culpa de una operación mal ejecutada, nunca ha podido tener hijos, la cruz que nubla sus paseos.

Paul Newman perdió a uno de los suyos y en su interior ya nunca fue el mismo. En Veredicto final, una de las joyas del infravalorado Lumet, no precisaba fingir derrota alguna.

Su mirada ya se encargaba de proclamarla. «Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú. Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido. Vivo de llorarte en las noches con lágrimas que queman la oscuridad. Soldadito rubio que mandaba en el mundo, te perdí para siempre». Nadie se ha asomado a ese pozo como Umbral, en Mortal y rosa.

No hurguen en la Callas, más allá de su voz

Para hacer su debut en el teatro, a Monica Bellucci no le hacía falta el reclamo de la Callas. Bastaría con que se sentase cada tarde en el mismo diván y se dedicara a leer en voz alta los titulares de la prensa del día. Una legión de admiradores acudiría lo mismo a verla aunque mediase el pago de la entrada, sin aguardar ninguna otra dádiva.

Como ante la jaula del leopardo en el zoológico, siempre hay visitantes, paralizados por el imponente magnetismo de la fiera, que distraen sus minutos del tedio en la contemplación de la belleza revelada sin filtros, triunfo de pureza, animalidad y esplendor. Imagino que lo mismo ocurriría con Brad Pitt, por si suena la fanfarria articulada de los machismos.

Pero la protagonista de Malena no solo se ha exhibido por varias ciudades prestando su voz, en varios idiomas, a leer las cartas que escribió Maria Callas, y a algunos de sus testimonios desvelados.

Aquello le sirvió para grabar un documental sobre su empeño que ahora ofrece una plataforma ante el inminente estreno español de Maria, el no menos prescindible filme de Pablo Larraín sobre la legendaria soprano. Basta de Onassis, poses estudiadas, lágrimas y otras obviedades. Déjenla ya descansar en paz. Si acaso, escúchenla. Todo lo que merece la pena descubrirse se halla inscrito en su voz.