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Coro de la catedral de Sevilla

Coro de la catedral de SevillaCatedral de Sevilla

El mayor retablo de la cristiandad, la joya escultórica de la catedral de Sevilla

La catedral de Sevilla alberga una de las piezas maestras del arte sacro de Occidente

Sevilla es hogar de maravillas. El Guadalquivir baña algunas de las obras arquitectónicas de mayor esplendor de nuestro país, por otra parte, ducho en este sentido. El Alcázar, el Archivo de Indias y la catedral forman un conjunto que la UNESCO considera patrimonio de la humanidad.

La Giralda, el Patio de los Naranjos, los jardines del Alcázar o el interior del archivo son ejemplos de las joyas que contienen estas tres piezas universales. Pero el brillo de la ciudad no acaba ahí, la Torre del Oro o la Plaza de España son otros lugares emblemáticos de la capital hispalense.

No obstante, por el relumbre de la Giralda o el patio, mucha gente pasa por alto una de las piezas maestras del arte sacro de Occidente: el retablo de la catedral de Sevilla, considerado el mayor de la cristiandad, tanto por proporciones como por riqueza decorativa.

Casi 100 años tardó en completarse, a lo largo de los siglos XV y XVI. Sus dimensiones, 30 metros de alto por 20 de ancho, según los datos de la web del templo, lo sitúan como un prodigio técnico y, a la vez estético, testimonio vivo de espiritualidad, historia y poder de Sevilla.

Tallar la belleza

Casi una treintena de escenas alberga este colosal retablo, talladas en madera de Flandes, y coronadas por una escena de un Calvario. Cada panel representa episodios significativos de las vidas de Jesús, la Virgen María y los apóstoles, como el Nacimiento, la resurrección de Lázaro, la Oración en el Huerto o la Venida del Espíritu Santo.

El trabajo fue iniciado por el escultor flamenco Pedro Dancart a comienzos de la década de 1480, pero el proyecto se alargó, por sus dimensiones, durante generaciones e intervinieron artistas españoles y extranjeros, como Pedro Millán, Jorge Fernández Alemán, Roque Balduque o Juan Bautista Vázquez.

No fue hasta unos 80 años después que los trabajos no concluyeron. Con el retablo, la catedral de Sevilla se convirtió en un símbolo de poder y del esfuerzo humano por representar la gloria de Dios en la Tierra.

Cada figura de cada escena constituye un ejemplo de virtuosismo extraordinario de escultura, grabados con un gran naturalismo que ponen de manifiesto emociones contenidas y cuentan la historia del relato de los evangelios.

Todo el conjunto fue recubierto, posteriormente, con un dorado que le confiere a esta obra maestra, a través de la luz tamizada por los cristales de la catedral, una atmósfera celestial difícil de conseguir en otras latitudes y que envuelve por completo a los afortunados que lo contemplan.

La obra es una catequesis visual que habla de la historia de Jesús a través del arte grande. Y también es una declaración de principios de una ciudad que quiso dejar constancia de su impulso cultural y de sus profundas creencias religiosas.

Todavía hoy se celebran las liturgias del calendario cristiano, y allí permanece el gran retablo, el mayor de la cristiandad, como testigo mudo de la historia de arte, del paso del tiempo y, sin embargo, de la permanencia de la fe.

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