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William Faulkner en 1954

William Faulkner en 1954©RADIALPRESS

Consejos de Faulkner, Chéjov o Jack London para jóvenes escritores

Empezar a escribir puede provocar emociones contradictorias, como alegría y miedo, al mismo tiempo

Escribir es un impulso, irrefrenable para quien lo siente dentro de sí. No obstante, en ocasiones, la página en blanco da un vértigo que puede convertirse en obstáculo insalvable; aunque hay trucos para intentar superar ese bloqueo del escritor tan temido por los autores.

Todos aquellos que escriben, literatos consagrados y premiados, ha sido alguna vez alguien que empezó y que sufrió el peso de las dudas y el parpadeo inclemente del cursor de Word que no avanza. Todos han escuchado esa voz interior que susurra de vez en cuando «esto no sirve, no es bueno».

Escribir no consiste únicamente en ordenar palabras, sino en enfrentarse a uno mismo, a través del lenguaje, y combatir con los recuerdos y las emociones. Y, lo que es más difícil, con ideas que se niegan a ser modeladas y esculpidas en papel.

Por todo esto, son especialmente valiosos consejos de grandes escritores que una vez fueron, como todos, principiantes.

Y aunque cada camino, aunque sea literario, es único, es necesario evitar los fuegos fatuos del síndrome del impostor y seguir faros auténticos, colocados por nombres como William Faulkner, Jack London o Antón Chéjov.

Leer y escribir, consejos básicos y valiosísimos

William Faulkner fue uno de los grandes novelistas estadounidenses del siglo XX. Ganador del Premio Nobel de Literatura, guionista de Hollywood y autor de obras maestras como El ruido y la furia, Mientras agonizo, Luz de agosto o ¡Absalón, Absalón!.

Parece baladí, pero no lo es. Y menos cuando la recomendación procede de alguien con tales galones. Su consejo para jóvenes escritores era leer. «Lee, lee, lee. Lee de todo: basura, clásicos, buenos y malos, y observa cómo lo hacen. Como un carpintero que trabaja como aprendiz y estudia al maestro. ¡Lee! Lo absorberás. Luego escribe. Si es bueno, lo descubrirás. Si no lo es, tíralo por la ventana».

Jack London, autor de Colmillo blanco y La llamada de lo salvaje, por ejemplo, apostaba por la otra gran herramienta de los escritores: la misma escritura. La gran aventura que proponía este aventurero era enfrentarse a las cumbres borrascosas de las páginas en blanco armados solo con un lápiz o un bolígrafo.

London lo expresó como si fuera una de sus novelas: «No puedes esperar a que llegue la inspiración, tienes que ir tras ella con un palo». Las historias se buscan, interior o exteriormente, y la mejor forma de empezar es salir a por ellas. O entrar en el campo de la introspección.

Antón Chéjov, famoso autor de cuentos y prestigioso dramaturgo, apostaba no tanto por la forma como por el contenido. El ruso daba por hecho la escritura y la lectura como hábitos en personas que quieren dedicarse al mundo de las letras de forma profesional y ganarse la vida con este oficio.

Esto queda patente en el consejo que dejó a la posteridad: «No me digas que brilla la luna; muéstrame el destello de la luz sobre el cristal roto». Así de simple y de complejo al mismo tiempo. Es fácil decantarse por la segunda opción como alternativa evocadora a una descripción más directa.

El arte de la literatura se aprende a base de errores. Existen talleres y manuales de escritura, que pueden ser útiles en determinados momentos. Sin embargo, la mejor forma de empezar es simplemente empezar, porque se aprende haciendo y equivocándose.

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