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¿Tiene razón la Fundación Franco al comparar la resignificación del Valle con la destrucción talibán?

Podemos continúa con la vieja cantinela de dinamitar la cruz. Pero Podemos ya no forma parte del Gobierno y el proyecto no dinamita nada y solo es una idea que, además, cuenta con importantes impedimentos legales y administrativos para poder llevarse a cabo

Madrid

El vVAlle de Cuelgamuros y la oquedad que contenía uno de los Budas de Bamiyán

El Valle de Cuelgamuros y la oquedad que contenía uno de los Budas de Bamiyán

En marzo de 2001 los talibanes de Afganistán hicieron explotar dos estatuas gigantes de Buda construidas en el siglo V. Fue una destrucción laboriosa. Tardaron semanas en lograr su propósito, pues las cargas no consiguieron borrar de un plumazo las figuras que pese a su enorme tamaño y significado son solo una parte de un impresionante complejo lleno de santuarios y cuevas donde los monjes rezaban.

Allí mismo, en los años noventa del siglo XX se escondían los islamistas radicales entre los cientos de pasadizos decorados por los monjes que dicen que los extremistas musulmanes golpeaban airados con sus zapatos.

La Fundación Francisco Franco ha comparado esta tragedia histórica y cultural con el proyecto de resignificación del Valle de Cuelgamuros (antes Valle de los Caídos) del Gobierno de Pedro Sánchez, cuya principal reforma será una gran grieta en la actual explanada junto a la entrada de la Basílica desde la que se ve una especie de museo al aire libre al que se accede por unas escaleras.

En este espacio se busca ofrecer la perspectiva de la Ley de Memoria Democrática donde la Fundación Franco entiende que se «Impulsa una transformación que pretende borrar el sentido religioso y reconciliador del monumento para imponer una visión sectaria y totalitaria del pasado, al más puro estilo de los talibanes cuando en marzo de 2001, en Afganistán, ordenaron la destrucción sistemática de las estatuas de Buda de Bamiyan».

El tema del antes Valle de los Caídos, hoy Valle de Cuelgamuros, ha sido laborioso como lo fue la voladura de los Budas, pero no ha sido destructivo y sí profusamente dialéctico y mayormente ideológico. Podemos continúa con la vieja cantinela de dinamitar la cruz. Pero Podemos ya no forma parte del Gobierno. El proyecto no dinamita nada (se considera la cruz «testimonio histórico», por lo que se preservará) y solo es un proyecto que además cuenta con importantes impedimentos legales y administrativos para poder llevarse a cabo.

La idea «solo» interviene en la explanada para colocar su museo sectario. La Basílica seguirá siendo lugar de culto y el conjunto tendrá la resignificación perseguida en una suerte de equilibrio, cerca de la «transformación» de la que habla la Fundación Franco, pero muy lejos de la destrucción de los Budas a la que también se refiere el mismo patronato.

Podría decirse que los planes proyectan una resignificación simbólica con una notable modificación física y estructural en la explanada que no afecta al resto del conjunto, salvo «leves» modificaciones que incluso podrían considerarse restauradoras, dado el mal estado actual, donde la comparación con los Budas de Afganistán, con independencia del fundamento ideológico que impulsa el croquis de esta reforma, resulta exagerada.

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