Alfonso Ussía, el de siempre
Ussía, porque todos en ABC le llamábamos por el apellido, se divertía con las ocurrencias de Jorge Berlanga y se tronchaba con los comentarios de Ignacio Ruiz Quintano y de Oti
Dice El Debate que se ha muerto Alfonso Ussía. Yo creo que esta noticia no es del todo verdad. El martes estaba escribiendo su columna de siempre, este año o el anterior –no estoy segura porque aunque no estuviera yo le sentía en la redacción–nnos visitó en varias ocasiones y hablamos como siempre. Eso significaba, reírse como siempre.
A Beatriz Albert, «Tete», era a la primera que saludaba. Su amistad era también de siempre. A mí, me preguntaba qué tal estaba, si echaba de menos Argentina porque siguió –yo le seguía antes y más– mis crónicas de 20 años largos de aventuras en Sudamérica.
En alguna ocasión recordamos tiempos de antes de Buenos Aires que era lo mismo que hablar de los fabulosos 80 que compartimos cuando estábamos en ABC. Ussía, porque todos le llamábamos por el apellido, se divertía con las ocurrencias de Jorge Berlanga y se tronchaba con los comentarios de Ignacio Ruiz Quintano y de Oti.
Nos esperaba en El Café de los Artistas, que estaba debajo de ABC de Serrano, en la esquina. Con la excusa de que bajábamos al taller a montar las páginas, Maite Alfageme y yo nos escapábamos a tomar la copita que, naturalmente, pagaba él. Éramos muy jóvenes y como al resto, no nos sobraba el dinero, aunque él jamás hubiera dejado pagar a una mujer ni a ninguno de los jovenzuelos que le rodeaban.
Sentados en aquellas butacas escuchábamos sus historias o sus cosas, porque con Ussía nunca sabías qué era verdad y qué se inventaba, pero era tan divertido que eso no nos importaba. Le podías pedir que repitiese la gracia o imitará voces de personajes petulantes que lo hacía sin problema. Sus vasos, no se cansaba de repetirlo, tenían que ser anchos porque su nariz tropezaba con el borde de los de tubo que eran los que se estilaban entonces.
Luego subíamos a la redacción y volvíamos a bajar para echar más risas, más tiempo con él. Le encantaba estar rodeado de jóvenes, de las chicas periodistas de Blanco y Negro, de Marta Barroso, de Teresa de la Cierva o de Rosaura Díez Fuertes... Catalina Luca de Tena solía sumarse después de cerrar el suplemento de Arte de ABC Cultural.
El Café de los Artistas era un sitio de moda y mientras estábamos ahí de repente podía aparecer Philippe Junot o cualquier otro personaje de revista, pero a nosotros, el que nos divertía era Ussía, el que nos enseñaba los guiños sin ofender y nos contaba historias de Don Juan era Ussía.
Eran otros tiempos, los famosos –y desgastados de tanto mencionarlos–, de la movida. Era la época de Luis del Olmo con Protagonistas y de Ussía inventándose al burlesco marqués de Sotoancho, al absurdo entrenador Floro Recatado o entre los que producía su incansable fábrica de imaginar, al corresponsalillo Jeremías Aguirre.
Ussía era el amigo de Tip y de Mingote, el que no tenía filtro y podía soltar la carcajada en la radio en directo, el que iba de señorito y se burlaba de los que llevaban calcetines blancos con zapatos, pero si tenían talento se lo reconocía y se hacían íntimos. Ussía, Alfonso Ussía, también era mucho más que ese, era y será el de siempre.