Las campanas doblan por Maduro: Trump engrasa las puertas de salida del dictador
Entre bambalinas, la oposición está dispuesta a negociar un exilio para Maduro y Cilia Flores. A enemigo que huye, puente de plata
En Venezuela suenan campanas de muerto y todos saben por quién doblan. El régimen bolivariano siente que la cuenta atrás ha comenzado. Nicolás Maduro sabe que el blindaje que tenía ya es poroso y está a un paso de que en su entorno se imponga el grito de: sálvese quien pueda.
La Presidencia de Donald Trump ha cambiado todo el escenario para el régimen. El Cartel de los Soles, que viene a ser lo mismo que decir el Gobierno bolivariano, hace agua a la hora de exportar su mercancía. La Casa Blanca se ha puesto el derecho internacional por montera, y lleva una quincena de embarcaciones hundidas entre las del Caribe y las del Pacífico, con más de 60 muertos. Asegura, y resulta difícil pensar que se equivoca, que transportaban cargamentos de cocaína o drogas de la familia bolivariana.
Tiembla Venezuela y tiemblan Colombia, Cuba y Nicaragua. La sombra sólida y alargada de Marco Rubio está detrás y delante de la embestida contra las dictaduras hispanoamericanas y los socios que la amparan. En Caracas la población hace acopio de los víveres que tiene a su alcance. El run run de una operación que termine con el régimen sube de volumen cada día.
Entre bambalinas, la oposición está dispuesta a negociar un exilio para Maduro y Cilia Flores. A enemigo que huye, puente de plata. Al otro lado, las fuentes que están cerca del poder de Washington apuntan que se encontraría Brasilia, Río de Janeiro, São Paulo o cualquier otra ciudad del gigante sudamericano. Brasil es tierra de refugiados, de los buenos y de los malos. Qatar, la petromonarquía del Golfo, también suena como lugar de retiro para el dictador. Pero no todos los chavistas tienen salida.
Los que ganaron las elecciones que usurpó Maduro el pasado año no están dispuestos a permitir la huida de los que cometieron crímenes de lesa humanidad. Los responsables directos del tiro en el pecho a Juan Carlos Pernalete y esos centenares de muertos, heridos y torturados en los centros de detención del régimen como Diosdado Cabello y Padrino López no están en la lista blanca. Quizás los hermanos Rodríguez podrían zafar y algunos de los de los soles en las hombreras que no han estado en el Sebin, el Helicoide, el Rodeo o en La Ciega, por citar algunos de los calabozos de tortura famosos.
Estos días el diario argentino La Nación publicó el intento fallido de Washington de comprar a uno de los pilotos que solía traslada al sucesor de Hugo Chávez. Un agente del Departamento de Seguridad Nacional buscó durante meses persuadir al general Bitner Villegas para cambiar de rumbo en una de sus rutas y llevar a territorio estadounidense a Nicolás Maduro. Allí sería juzgado. La intentona no tuvo éxito, pero las negociaciones continúan por otros senderos y el Ministerio Fiscal estadounidense estaría almacenando pruebas para sentar en el banquillo al hombre que eligió Cuba para continuar con el legado del chavismo.
La otra opción sería llegar a un acuerdo de retirada voluntaria del dictador y afinar la extracción, pero guardar un secreto en Venezuela es como pretender dejar una chocolatina en la franja de Gaza y que nadie se la coma. La cúpula de la red mafiosa que gobierna difícilmente lo consentiría. Los de la lista negra no estarán dispuestos a caer solos y el baño de sangre sería la crónica de un contragolpe anunciado. El nombre de Manuel Antonio Noriega y el mapa de Panamá salieron de las telarañas del pasado.
El acercamiento en la gira asiática de Donald Trump y Lula Da Silva tiene una lectura doble. Una solución para Jair Bolsonaro (indulto o parecido) y lo más importante, esa puerta de salida para la cúpula del régimen. Todo debería suceder antes de diciembre o antes de esas falsas Navidades que anuncia Maduro. Más tarde, para María Corina Machado, Edmundo González Urrutia y todos los suyos, sería tarde. Al menos, eso sienten.