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Sin banderaCarmen de Carlos

La importancia del voto de Mr. Trump

La victoria de Javier Milei en las elecciones legislativas es la victoria del presidente de Estados Unidos. Sin él, el León no podría rugir como lo hizo anoche

En 2001, cuando la crisis de Argentina daba la vuelta al mundo con imágenes de niños famélicos, las encuestas sobre la imagen de Estados Unidos arrojaban un resultado en números rojos. La imagen del Tío Sam no sólo era mala, sino que generaba un rechazo muy profundo y hasta desprecio entre buena parte de los pobres argentinos que preferían pasar penurias antes que aceptar su ayuda humanitaria. El periódico The Washington Post sufrió un boicot, y humillación, a un cargamento de alimentos y enseres de primera necesidad. Fue televisado en directo con el rostro descolocado de su corresponsal, Anthony Faiola.

Hoy, 24 años más tarde, Donald Trump ha conseguido que los argentinos le vean como el salvador de sus miserias y el muro de contención al regreso de la versión peronista más caótica y expoliadora de la historia: el kirchnerismo que hoy cierra fila en Fuerza Patria. Sí, la victoria de Javier Milei es la victoria del presidente de Estados Unidos. Sin él, el León no podría rugir como lo hizo anoche.

Hay diferentes explicaciones para entender el triunfo de un Gobierno que llegó a las urnas herido por la corrupción, con un rescate de 20.000 millones de dólares del vecino del norte y de otro tanto en cartera, con un Tesoro estadounidense interviniendo el mercado para que el billete verde, el único válido para los argentinos, no se fuera a la «estratósfera» que diría Carlos Menem. Hay que pensar y asumir que la alternativa en estas legislativas era demasiado conocida para los votantes.

El posible regreso del kirchnerismo ha generado más espanto que amor a un Milei que ha perdido la magia, pero ha logrado una victoria no prevista con esa contundencia. Ninguna encuesta anticipó este escenario. Ni las pagada por él.

Javier Milei triunfó y salvo su Presidencia, pero sigue sin tener una mayoría en el Congreso. La «primera minoría», como dicen en Argentina, tampoco es suya, (tiene 93 escaños frente a los 96 de Fuerza Patria en una Cámara de 257). Hoy, como ayer, necesita de los aliados que maltrató para poder seguir adelante con los planes de La Libertad Avanza (LLA). Entre estos últimos se encuentran gobernadores que le tendieron la mano y el ex presidente Mauricio Macri que la misma noche electoral le recordó que conocía su número de teléfono. El partido de Macri, Propuesta Republicana (PRO) obtuvo 14 escaños.

Consensos es lo que le exige Washington y el FMI (lo mismo da que da lo mismo) al presidente de Argentina para seguir disfrutando de ese maná de billetes verdes que le han salvado el cuello en las últimas semanas, en la recta final de la campaña y en el escrutinio. Ahora, aunque le cuesta, no le queda otra que aprender a escuchar y alcanzar acuerdos. Para empezar, le toca remodelar el Gobierno y abrir el juego a sus aliados.

Milei ganó por menos de un punto en la provincia de Buenos Aires, le vale. Allí sufrió un severo batacazo en las pasadas elecciones provinciales donde la derrota fue por 14 puntos. Este territorio, tradicionalmente peronista concentra casi el 40 por ciento del voto y tiene de gobernador a Axel Kicillof, el ex ministro de Economía de Cristina Fernández (derrotada desde su arresto domiciliario) que primero intervino y luego expropio a Repsol las acciones de Ypf. Pretendiente a sucesor de la viuda de Kirchner, Kicillof también le tendió la mano, aunque esta sea de poco fiar y escurridiza.

La Libertad Avanza se hizo noche con las grandes provincias como Buenos Aires, Córdoba y santa Fe, pero también, entre otras, con la ciudad de Buenos Aires Entre Ríos y Mendoza. Hay que reconocer que el mérito es formidable y más si recordamos que el rostro que se encontraba el votante en Buenos Aires era el de José Luis Espert, el cabeza de lista que tuvo que renunciar tras destaparse sus vínculos con el narcotráfico. Diego Santilli, su reemplazo, puede respirar tranquilo y los hermanos Milei, definitivamente, perder ese miedo que les atenazaba la garganta y la Presidencia. Casi todo, gracias a Trump.

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