José María Marco
Entrevista a José María Marco, profesor y experto en Antonio Maura
«Maura dijo que ‘la democracia será conservadora o no será democracia’, una frase muy actual»
Señala el profesor de la Pontificia de Comillas que «recordar a Antonio Maura es reflexionar sobre el único intento serio de democratización que hubo en España antes del de 1975-1978»
Con motivo del centenario de la muerte de Antonio Maura, El Debate conversa con el profesor de la Universidad Pontificia de Comillas, José María Marco, sobre el líder conservador que presidió en diferentes ocasiones el Consejo de Ministros durante el reinado de Alfonso XIII.
El profesor Marco participó recientemente en la jornada ‘Nación y ciudadanía en Antonio Maura. Ideas y legado político en el centenario de su muerte’, organizado por la Fundación Disenso y celebrada en el Congreso de los Diputados.
—¿Qué relevancia tiene el aniversario de Antonio Maura para la España de hoy?
—Recordar a Antonio Maura es reflexionar sobre el único intento serio de democratización que hubo en España antes del de 1975-1978.
—¿Qué caracterizaba al pensamiento político de Maura?
—Maura se propuso crear la ciudadanía española. Pensaba que buena parte de la sociedad era ajena a la política, y que no comprendía la relación de su vida personal con la política ni con las decisiones que se toman en su nombre. Ese es el núcleo de su pensamiento. Además, este proyecto no puede realizarse, según pensaba Maura, sin el liberalismo.
Maura siempre respetó la diferencia entre la conciencia individual y el Estado, que es el núcleo del liberalismo. También respetó siempre la Monarquía constitucional de su tiempo, con su equilibrio de poderes ente las Cortes, el Rey y el Gobierno.
Para Maura, había llegado el momento de democratizar el liberalismo sin destruir este. Los dos, liberalismo y democracia, son las dos caras de la misma moneda.
—¿Cómo era el personaje de Maura? ¿Por qué suscitó tantas pasiones?
—Maura define un nuevo tipo de liderazgo, un liderazgo para tiempos democráticos. Es muy distinto de Cánovas, su gran predecesor. Cánovas, que había conseguido fundar la Monarquía constitucional, habla para las elites. Maura habla al conjunto de la opinión pública. De ahí sus frases, tan famosas: «Luz y taquígrafos», «Nosotros somos nosotros», la del «Descuaje del caciquismo», o aquella en la que se declaró «incompatible con las digestiones sosegadas».
Es algo nuevo, algo que define inmediatamente una posición. A cuerpo limpio, sin el menor cinismo, y que llamaba a una respuesta inmediata. Una actitud con la que empezar a formar y movilizar esa ciudadanía que quería para su país. Le podemos llamar «Ciudadano Maura». Y eso molestaba, como es natural.
—¿Cuáles eran las líneas maestras de su programa político?
—Maura relaciona la democratización del régimen liberal con una nueva acción del Estado: proteccionismo, mayor intervención en la economía, una política social capaz de paliar y, llegado el caso, evitar injusticias y desigualdades injustificables.
Por ejemplo, fundó el Instituto Nacional de Previsión, que sería la Seguridad Social También quería que España empezara a recuperar su papel en la escena internacional, para lo que puso en marcha la construcción de una escuadra que en los años 30 llegó a ser de las mejores del mundo.
No le gustaba nuestra presencia en el norte de África, pero sabía que España no podía dejar de estar allí, por razones estratégicas y de defensa. Combatió el terrorismo, que entonces hacía estragos, y puso los cimientos de lo que podemos llamar una política cultural conservadora, guiada por criterios nacionales. La clave de todo era acabar con el caciquismo y lograr elecciones libres y competitivas.
—Los partidos conservadores de hoy ¿han traicionado la visión de Maura de lo que tenía que ser un partido conservador?
—El único partido nacional que ha recordado a Maura es VOX. El PP se ha convertido en un partido de cuadros bien colocados en las Comunidades Autónomas, con excelentes y muy sosegadas digestiones, por tanto.
Se entiende que no le interese una política nacional y popular como la que propuso Maura. Aznar lo intentó, al menos en parte, y ya ve usted la respuesta que obtuvo. Eso siempre es difícil y problemático. Un lío. Y el PSOE… bueno, ¿para qué hablar del PSOE?
—Se dice que el proyecto reformista de Maura fracasó. ¿Hasta qué punto es así?
—El proyecto fracasó por dos motivos. Uno, porque los medios no se ajustaban del todo a los objetivos. La creación de la ciudadanía, por ejemplo, no es compatible con la «revolución desde arriba».
Más valía haber creado un gran partido de masas que gastar tanta retórica regeneracionista, siempre destructiva. Sobre todo, fracasó porque a ella se opuso –recuerde el famoso «¡Maura no!»– un «Bloque de izquierdas» que reunió a todos, desde liberales a socialistas y republicanos, incluidos numerosos intelectuales. Sabían que, si Maura conseguía su proyecto, la vida política española se estabilizaría en un sentido conservador.
Consiguieron echarlo y así cuajó la izquierda española moderna, siempre antidemocrática y antiliberal. Y es que, como dijo Maura, «la democracia será conservadora o no será democracia». Una frase muy actual, ¿no le parece?
—Maura sufrió un atentado tras ser amenazado por Pablo Iglesias. ¿Muestra ese atentado hasta qué punto la convivencia se había vuelto imposible y lo irreversible de un descenso hacia el enfrentamiento civil?
—No, me parece que no. El atentado de Maura al que se refiere fue responsabilidad de un anarquista, y los anarquistas son los auténticos protagonistas de la violencia política de aquellos años: recuerde a Ferrer Guardia, asesino profesional.
Pablo Iglesias era muy prudente y su frase debe entenderse en la atmósfera de la época, que era de una libertad que nosotros ni siquiera imaginamos. Hará falta todavía mucho esfuerzo para llegar al enfrentamiento civil. En cualquier caso, la izquierda acabó por conseguirlo.
—¿Qué similitudes y diferencias hay entre la España de Maura y la de hoy?
—Hay que desconfiar de las comparaciones históricas, por así decirlo. Dificultan la comprensión del pasado y llevan a diagnósticos equivocados sobre el presente. Es verdad que el fanatismo del «¡Maura no!» vuelve una y otra vez: en la Segunda República y en la España de la Monarquía parlamentaria, desde 1978 hasta hoy.
También es posible que haya un cierto parecido entre los años finales de la Monarquía constitucional, entre 1917 y 1923, y la situación actual. Como entonces, todo el mundo sabe hoy que el régimen, de continuar como hasta ahora, está acabado, pero nadie emprende ni propone las reformas necesarias. El aniversario de Antonio Maura podía servir para reflexionar sobre esta situación.