Kevin D. Roberts, presidente de The Heritage Foundation y ponente en el congreso organizado por la Fundación CEU
El Barbero del Rey de Suecia
Un conservadurismo a la ofensiva
Para el presidente de Heritage, «el principal desafío al que se enfrentan los estadounidenses en el siglo XXI es la crisis de la familia», y, en consecuencia, se atreve a marcar un nuevo objetivo prioritario a la derecha
Con un gran sentido de la oportunidad, CEU Ediciones ha publicado Un tiempo nuevo (2025), ensayo político de Kevin D. Roberts. Es el presidente de la «Heritage Foundation», quizá el más influyente think tank conservador del mundo, así que si uno quiere pensar o escribir de la nueva derecha, actividad que en este año haremos mucho, debería ojear este libro para no hablar a humo de pajas. En la presentación en Madrid, intervino, significativamente, Santiago Abascal. Y el prólogo viene firmado, nada menos, que por J. D. Vance, vicepresidente de los Estados Unidos.
Tras tanto énfasis en el contexto político, sorprenderá al lector encontrar, al inicio, una tierna dedicatoria a los abuelos del autor —«sus dos grandes héroes»—. No se trata solo de una concesión biográfica: en un libro que reivindica la centralidad de la familia, el protagonismo de la sociedad civil y la fuerza de la tradición, esta dedicatoria es coherente y reveladora.
También ilustra el final. La cita que abre el último capítulo es de Juan Pablo II: «No tengáis miedo. No os conforméis con la mediocridad. Remad mar adentro y echad vuestras redes para pescar. Os lo suplico: nunca, jamás, renunciéis a la esperanza, nunca dudéis, nunca os canséis y nunca os desaniméis». Estas palabras de fuego son un resumen preciso del tono anímico y del propósito último de la obra, como la cálida dedicatoria a los abuelos era un aviso. La metáfora del fuego resulta esencial: Roberts nos habla de la tradición que, como se sabe, no son cenizas que adorar, sino un fuego que transmitir; y nos conmina a volver a encender viejos principios. También, porque ya se sabe que el fuego quema, insta a hacer una «quema controlada» de muchas instituciones que ya son madera muerta, esto es, insalvables, una rémora para la sociedad y la nación.
Aunque se lee con muchísima facilidad, Roberts hace algo dificilísimo. Su falta de pedantería no es simpleza. Aúna entusiasmo de arenga con nostalgias de anécdotas familiares y con reflexión programática sobre los retos de la nueva derecha y con análisis muy perspicaces de los problemas contemporáneos, que van desde la economía doméstica –antidoméstica– de los jóvenes que no pueden casarse hasta el inmenso desafío geoeconómico que plantea China. La transparente traducción de Aurora Pimentel coopera con esta fluidez, pero su clave última estriba en que las piezas grandes y las pequeñas encajan a la perfección.
No contento con los análisis, Roberts propone soluciones hacederas y sorprendentes. En el prólogo para la edición española, lo destaca Jorge Soley: «Nos ofrece ideas nuevas especialmente apropiadas para el mundo en que vivimos. Es frecuente que se acuse a los conservadores de repetir ideas viejas, de ser incapaces de aportar nada nuevo. Lo que ocurre es que a los conservadores les interesan las ideas verdaderas, con independencia de en qué momento aparecieron o se pusieron de moda. Roberts demuestra que la imaginación política conservadora no está agotada».
Para el presidente de Heritage, «el principal desafío al que se enfrentan los estadounidenses en el siglo XXI es la crisis de la familia», y, en consecuencia, se atreve a marcar un nuevo objetivo prioritario a la derecha: «Proteger a las familias y reconstruir una economía dinámica basada en la propiedad productiva y en empleos que sostengan a las familias». A este objetivo subordina el narcisismo de las pequeñas diferencias entre las muy diversas sensibilidades más o menos derechistas: «[La familia] es más importante que cualquier eslogan del movimiento o pretensión de pureza ideológica».
Lo que no quiere decir que desprecie los debates intelectuales y, mucho menos, los principios trascendentes: «Los problemas espirituales requieren soluciones espirituales […] Como conservador, creo que la política y la economía suelen discurrir por el cauce que establece la cultura». El vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, toma buena nota: «Roberts está expresando así una visión fundamentalmente cristiana de la cultura y la economía al reconocer que la virtud y el progreso material van de la mano».
Urge reconectar con las raíces y este ensayo propone un modelo de hombre que los estadounidenses llevan en la sangre y en su imaginario colectivo: el pionero de la frontera, esto es, el hombre del Oeste, o sea, el vaquero de espíritu. No se trata de una caricatura, sino de un carácter. De modo análogo, propusieron Jaime Eyzaguirre para Chile y Alfonso García-Valdecasas y Manuel García Morente, entre otros, para España la revitalización de la figura del hidalgo. La defensa del gentleman de sir Roger Scruton o la del samurái de Inazo Nitobe tienen esta misma dimensión política, cultural y espiritual.
Un tiempo nuevo nos exige, como se ve, profundidad, estudio, inteligencia y audacia, porque el conservadurismo ya no se puede limitar a gestionar las ruinas. Tiene que limpiar, que restaurar, que afianzar, que crear. Ha de pasar a la ofensiva. Pero sin olvidar que esa ofensiva no se pierde en la abstracción atractiva de una Guerra Cultural de las Galaxias, digamos, sino en las batallas cotidianas de cada ciudadano en su ámbito profesional y familiar. Para mostrarlo, Roberts nos señala también los brotes verdes o razones para la esperanza que ya tenemos entre nosotros.
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Está bien adoptar un enfoque de laissez-faire cuando se está a la luz del sol. Pero cuando el crepúsculo desciende y oyes aullar a los lobos, tienes que hacer un círculo con los carromatos y cargar los fusiles
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La división más importante en la política occidental de hoy no es entre liberales y conservadores o entre el pueblo y la élite: se trata de la lucha entre el Partido de la Creación –aquellos que defienden el orden natural dado por Dios, capaz de generar prosperidad y nueva vida si aprendemos a vivir dentro de él– y el Partido de la Destrucción –aquellos que pretenden abolir el orden existente en nombre de la emancipación, la libertad y el progreso–.
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El Partido de la Creación se nutre de la gratitud. […] Los romanos llamaron a esta idea «piedad» (pietas), y para ellos era la principal de las virtudes, de la que emanaban todas las demás, y el fundamento de su república.
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En una sociedad normal y sana, las instituciones educativas ayudan
a abrir los ojos de quienes están a su cargo ante la magnitud de lo que han heredado […] y colocan los retratos de los antepasados en un lugar de honor.
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La ideología woke es un parásito; no construye nuevas instituciones,
simplemente se apodera de las existentes, succiona su sustancia y las
convierte en zombis.
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Muchos autodenominados conservadores prefieren quedarse al margen y mirar por encima del hombro a quienes trabajamos para salvar nuestro país.
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Toda educación es una educación moral. […] El sistema de escuelas públicas de Estados Unidos es, en su conjunto, insalvable. […] La educación clásica recupera una concepción más antigua. Se trata de honrar a los padres, no de sustituirlos; de llevar la antorcha de la tradición, no de quemar la casa familiar. Inspirándose en las tradiciones académicas griega y romana, la educación clásica busca formar a los alumnos en lo bueno, lo verdadero y lo bello.
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La herramienta más poderosa con la que contamos para hacer realidad ese ideal de la educación estadounidense es el sistema de cheque escolar.
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Invertir en Formación Profesional es un aspecto vital para reactivar una economía que levante el país.
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Benjamin Franklin: «Sólo un pueblo virtuoso es capaz de ser libre».
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Estamos sobrealimentados con comida basura espiritual. […] Reavivar la libertad ordenada requerirá toda una transformación personal y trabajar para regenerar el «orden interno del alma».
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Ser libres es, necesariamente, una empresa peligrosa.
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Los estadounidenses ejercían su capacidad de acción para colonizar la frontera y obtener las recompensas en su hacienda y en su alma. Yo lo llamo federalismo de la frontera infinita. Se trata de una actitud que llevamos en la sangre. No tiene por qué significar mirar hacia el oeste o hacia las estrellas. Se puede tener la pasión por esa frontera en el interior del alma, incluso en Washington.
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No debemos odiar a nuestros enemigos. Pero debemos detenerlos. Derrotarlos.
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El himno del Unipartido es «Imagine», de John Lennon: «Imagina que no hay países, / no es difícil de hacerlo, / nada por lo que matar o morir, / ni tampoco ninguna religión».
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Hoy nos encontramos en el lugar de Eneas, llevando a su padre (su
herencia) sobre los hombros, guiando a su hijo pequeño (su sucesión)
de la mano, preparado con su espada para defenderlos mientras viaja
hacia un destino incierto.
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Detecto a veces una sensación de desesperación en muchos conservadores con los que hablo. Tienen la sensación de que todo es
decadencia y corrupción, pero ellos mismos están demasiado aislados
del resto del país como para reconocer dónde pueden estar surgiendo
nuevos brotes verdes, esos signos de vida. […] En lugares sorprendentes de nuestra propia cultura, especialmente entre los jóvenes, existe un verdadero anhelo por la familia y la amistad, un odio hacia el sexo sin sentido y la pornografía, un interés por el trabajo manual, un rechazo al hiper individualismo y al consumismo, y un gran anhelo por lo sagrado. Buscan lo que es real y verdadero.
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No tiene usted ni idea de las grandes cosas que pueden nacer de su fidelidad.
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¿Qué hace que decir la verdad sea tan poderoso?
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Los grandes incendios no provienen de grandes incendios, sino de las chispas más pequeñas.