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El Prado se queda muy lejos del Louvre en número de visitantes en 2025: ¿por qué es una buena noticia?

El Louvre muestra músculo con 9 millones de visitantes en 2025

Estos días la prensa publica periódicamente los datos que llegan a cuentagotas de los balances de visitas en los diferentes museos del mundo.

El Museo del Prado lanzó las campanas al vuelo para anunciar que en 2025 la pinacoteca había superado por primera vez los 3,5 millones de visitantes.

El dato es muy positivo y refleja el éxito de gestión de un Museo que ha experimentado una profunda actualización de su modelo expositivo en los últimos años.

Nadie pone en duda que el Museo del Prado juega en la primera división de los museos del mundo. Sin embargo, puede ser decepcionante enterarse de que el Museo del Louvre ha recibido 9 millones de visitantes en 2025.

Que en un año en el que el Louvre ha sufrido una de sus mayores crisis de su historia, con problemas estructurales, el robo de las joyas de la corona imperial, cierras y paros haya ganado por amplísima goleada al Prado, resulta descorazonador.

Y, en cambio, es una buenísima noticia. Lo primero que hay que decir es que ambos museos no son exactamente comparables. El Louvre es un museo en el que se juntan una excepcional pinacoteca con obras maestras de Da Vinci, Veronese, Delacroix, Jacques-Louis David o Vermeer con un museo arqueológico y de antigüedades excepcional.

Entre sus obras maestras encontramos La Gioconda, La balsa de la Medusa, La libertad guiando al pueblo, u obras antiguas como la escultura egipcia de El Escriba, la Venus de Milo, la Victoria de Samotracia, el código de Hammurabi o los toros alados de Asiria.

Pero eso respalda la tesis de que el Prado ha acertado con su modelo museístico respecto al Louvre. El Louvre es un museo raro en el que se ha optado por la mayor concentración de obras en un museo de dimensiones inabarcables que busca la mayor concentración de visitantes posible.

La ya clásica, y parodiada, imagen de la Gioconda rodeada de multitudes de turistas armados con teléfonos móviles que prefieren admirar la obra maestra de Da Vinci a través de la pantalla antes que a través de sus retinas, ejemplifica ese fracaso de modelo del Louvre.

El Louvre ha optado por un modelo que convierte al museo en un parque de atracciones. El visitante va al Louvre para fotografiarse con la Gioconda como quien va a Disneylandia a fotografiarse con Mickey.

De ahí los problemas que atraviesa el Louvre. El museo se ha descontrolado, se ha convertido en una mini ciudad imposible de gestionar. Una surte de distopía terrorífica donde el visitante verdaderamente interesado en el arte y la arqueología se siente tan abrumado que prefiere salir corriendo y refugiarse en el más disfrutable Musée L’Orangerie, también en las Tullerías, a pocos metros del Louvre, donde se custodian los magníficos óvalos con los nenúfares de Monet.

Desde su inicio, el Prado ha optado por la especialización. Es una pinacoteca, una galería de pinturas destinada a albergar y mostrar las grandes obras maestras de la pintura española y de otros pintores (sobre todo flamencos e italianos) que formaron parte de las colecciones reales.

El Prado es también inmenso, muchas veces inabarcable y en ocasiones también abruma. Pero es un museo mucho más especializado cuya naturaleza permite evitar masificaciones imposibles de gestionar y, sobre todo, atrae a un perfil de visitante mucho más especializado, más interesado en el arte y la cultura que acude no a fotografiarse con Mickey, sino a dejarse deslumbrar por la genialidad de Velázquez, Goya, el Greco y el Bosco.

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