El filósofo Byung-Chul Han en los Premios Princesa de Asturias
Cinco revelaciones de Byung-Chul Han para la vida de hoy, el filósofo moderno tan alabado como criticado
Sus palabras o sus escritos tienen la pátina del sentido común, como las de un profeta o las de un curandero con fieles y detractores, la mayoría de los cuales cuestionan el cuestionamiento de tantas certezas que hacen posible la vida hoy y desde hace siglos
El coreano Byung Chul-Han, Premio Princesa de Asturias, lo observa todo y lo deshace. No hay certezas en lo deshecho (por él) como un puzle cuyas piezas, en el momento de ser descolocadas, se convirtieran en otras distintas y por lo tanto hubiera que componer un puzle distinto.
Han ha destruido el capitalismo y la sociedad occidental (a la que llegó desde la más rígida coreana) y su sistema de trabajo. Nada está bien por sorpresa y no tanto. Sus palabras o sus escritos tienen la pátina del sentido común, como las de un profeta o las de un curandero con fieles y detractores, la mayoría de los cuales cuestionan el cuestionamiento de tantas certezas que hacen posible la vida hoy y desde hace siglos.
Pero conviene echarle un vistazo a sus pensamientos y sentencias en un mundo que, como su filosofía, cambia rápidamente sin solución. Él se adelantó a estos cambios y en sus teorías hay algunas pautas para surfear el nuevo mundo o, si no ir sobre ellas, al menos conocerlas para caer en la cuenta de algunos planteamientos interesantes.
La sociedad del cansancio
Es uno de los temas estrella (es uno de sus libros). El capitalismo ha destruido al hombre desde sus bases y no lo sabíamos. Tampoco sabíamos que el trabajador es la base de su explotación por la cultura: la del esfuerzo, la de la productividad, la de los números: todo esto esto es la causa de la ansiedad que produce depresión y enfermedades.
Esclavos modernos
Vivimos en una sociedad ordenada, con prestaciones sociales, con comodidades, con avances tecnológicos. La apariencia general es el bienestar. Ya no hay dureza, crisis sociales evidentes, palpables, físicas. No hay guerras en Occidente. No hay violencia visible. Pero Han dice que sí la hay invisible: la de los propios hombres contra sí mismos dentro de la sociedad. La de la exigencia. Parecemos libres, según Han, pero somos esclavos. De nosotros mismos.
Soledad en la época de la comunicación
La tecnología, las redes sociales que nos interconectan a distancia y en vivo en cualquier momento en realidad nos han recluido, según Han. Basta ver un vagón de Metro para darse cuenta de su teoría: todas las personas miran su teléfono, mayormente absorbidas por inercia en banalidades que su propio teléfono produce según los gustos prefijados.
Sobreexposición
De lo anterior también se mira al silencio. Hay un silencio aparente en la intercomunicación digital que se puede ver en un vagón de Metro, pero también hay un ruido interno que no permite ese silencio. Todo va por dentro, nada es externo, pero sí intimo. Resuena más el vídeo silenciado de TikTok de 20 segundos que el bocinazo de un coche en la ciudad. Y del ruido a la sobreexposición de la falsa perfección de las redes donde no hay silencio, ni secretos. Todo está expuesto donde la virtud, la riqueza, el capitalismo... se alimentan de la sobreexposición.
La libertad arrebatada
La libertad es el concepto superior que sobrevuela amenazado por toda la filosofía de Byung-Chul Han. El hombre moderno es prisionero de la tecnología, de la televisión, de los ordenadores, de los algoritmos... La inteligencia artificial que tarde o temprano, según Han, esclavizará a los seres humanos. No hay libertad donde todo depende de una pantalla. Donde todo se ve y se tiene a través de una pantalla. No hay naturaleza, no hay esencia, no hay verdad, no hay observación en la pérdida de sensaciones físicas que van más allá.