El AENA de narrativa, un premio de un millón de euros y finalistas con aroma a izquierda
La novela elegida por el jurado que preside Rosa Montero reportará esa cantidad a uno de estos cinco escritores de reconocida tendencia progresista: Héctor Abad Faciolince, Nona Fernández, Samanta Schweblin, Enrique Vila-Matas o Marcos Giralt Torrente
La escritora Rosa Montero, presidenta del jurado del Premio AENA de Narrativa Hispanoamericana
Cuando Sonsoles Ónega ganó en 2023 el Premio Planeta (el de mayor retribución hasta la llegada del AENA de narrativa, con el que ahora comparte el primer puesto, solo en cuanto al ganador, puesto que el montante total es de dos millones y medio), uno se preguntó aquí si era el colmo de todos los colmos de la historia del premio.
La cuestión fue que Ónega trabajaba en el mismo grupo (Planeta) que le concedió el laurel, lo cual tampoco era una sorpresa porque todos los galardonados desde hace años tienen una relación inocultable e inocultada con dicho grupo.
El último caso es el de Juan del Val, otro «colmo» escrito se diría que al dictado. En el caso de Ónega, la temática también resultó sospechosa de posibles manejos al tratarse de una historia feminista sobre mujeres gallegas. Un argumento u asunto que ya había sido premiado en los Nacionales de Narrativa de 2022 y 2023.
Coincidencias realmente asombrosas que llevaban a hacerse preguntas como la del primer párrafo de este texto. Preguntas (casi) retóricas que vuelven en el caso del nuevo Premio AENA de narrativa, donde los hilos se pueden unir de tal forma que dejen al Planeta en la más justa de las satisfacciones literarias.
Para empezar, el Planeta es privado y el AENA es público, dado que quien lo concede es una empresa pública cotizada cuyo 51 % pertenece al Estado. Dice AENA que el dinero del premio sale del presupuesto de la propia compañía y no del Estado, pero, ¿cómo no va a ser el dinero del Estado si este es el accionista mayoritario?
Otra característica es que un jurado elige entre las novelas publicadas en España. Un abanico insondable que sin embargo sondea sin problemas el jurado para escoger. Dice Harper Lee en Matar un ruiseñor por boca de Atticus Finch que «La rectitud de un tribunal llega únicamente hasta donde llega la rectitud de su jurado, y la rectitud de un jurado llega sólo hasta donde llega la de los hombres que lo componen».
Una afirmación literaria que se puede completar con otra poética como la de José Hierro: «La conciencia de un jurado nunca queda tranquila». No se puede hablar mucho más de los jurados, de su naturaleza, porque son lo que son, pero sí de quien los hace componer.
En este caso una empresa pública que gestiona aeropuertos, cuyo presidente y consejero delegado, Maurici Lucena, fue diputado y portavoz del grupo parlamentario socialista en el Parlamento de Cataluña y miembro del grupo de expertos de Pedro Sánchez para las elecciones generales de 2015.
Un jurado elegido por esa empresa pública con un presidente con ese perfil, cuya presidenta es la escritora Rosa Montero, una de las firmantes del inefable manifiesto en apoyo al Gobierno de Sánchez en 2025, donde se denunciaba (la «ceja» al rescate) una «conspiración para derribar a un Gobierno legítimo por parte de sectores conservadores y reaccionarios», y hasta de «sectores del poder judicial» en plena escalada de los escándalos de corrupción que rodean al presidente.
Si aquí uno se preguntaba si el Planeta concedido a Sonsoles Ónega en 2023 era el colmo de todos los colmos de la historia del premio, no queda otra que preguntarse ahora si el Premio AENA de narrativa, conocidos los perfiles de sus finalistas y aún por saberse el ganador es el colmo de todos los colmos de las sospechas de la historia de los premios literarios, casi a medio camino entre lo público (mayoritario) y lo privado, abarcando ambos ámbitos, y con una recompensa de récord.