La ironía no es para los independentistas catalanes, a la caza de Eduardo Mendoza por mentar a «Sant Jordi»
El escritor y Premio Cervantes barcelonés dijo que el Día del Libro no debería llamarse «Sant Jordi» porque este no tiene nada que ver con los libros
Puigdemont y Eduardo Mendoza
Al conocer la noticia a uno se le vino a la cabeza la película de Sam Peckinpah Perros de Paja. Concretamente una imagen en que los lugareños rodean la casa del protagonista de una forma aparentemente normal y verdaderamente terrible.
Es la fotografía del independentismo radical, el aldeanismo rondando al diferente y cuidando de que todo alrededor siga siendo perfectamente palurdo. Eduardo Mendoza es todo lo contrario de un paleto y mucho más: es la representación de la cultura y la inteligencia de una Barcelona que ya no existe.
En la presentación de su última novela, el octogenario escritor dijo que el 23 de abril debería llamarse Día del Libro y no «Sant Jordi», porque nada tiene que ver este con los libros. Una afirmación verdadera a la que añadió un inesperado final por la sorna contundente:
«Voy a empezar a hacer campaña de que 'fuera Sant Jordi'. Es el día del libro. Siempre se le llamó día del libro. Sant Jordi no pinta nada. Era un maltratador de animales y seguramente no sabía leer»: la frase como un despertador, como la llegada de la noche por la que salen los vampiros de sus atáudes.
Y así fue. Es curioso que para el «humorismo catalanista» (véase nombres tan señeros como Buenafuente o el más reciente Marc Giró, el mismo que le dijo a Pablo Motos que hilaba muy fino con Sánchez y muy poco con la ultraderecha) no parece haber problema con su humor sobre las tradiciones españolas.
Cartel que convoca a una quema de libros de Eduardo Mendoza
Los símbolos españoles son material habitual de los titiriteros catalanistas sin que los españoles (ni siquiera los españolistas) organicen algo parecido a la quema de libros de Eduardo Mendoza que se ha convocado para la noche de san Juan por los independentistas radicales de Junts y todas las reacciones furibundas (Mendoza es fascista) y salvajes de sus próceres como el prófugo Puigdemont o la condenada por prevaricación y falsedad documental Laura Borrás.
Eduardo Mendoza se ríe (en la proposición razonable) con su habitual y conocido humor satírico de una dudosa (como tantas) «tradición» cultural catalanista y los perros de paja del independentismo, los patanes del ideal imaginario, algunos de esos (muchos) personajes llenos de violencia gratuita y cerril de la Cataluña del XXI, han rodeado la casa del escritor como en la película de Peckinpah rodeaban la casa del astrofísico.