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Poder absoluto de Roca Rey y retazos de sublime belleza sin suerte de Morante en Jerez

Gran tarde de Sebastián Castella, elegante y torero, además de emocionante, que cortó una oreja en el quinto

Madrid Act. 15 may. 2026 - 22:29

Morante de la Puebla con su primer toro en Jerez

Morante de la Puebla con su primer toro en JerezEFE

El himno de España en Jerez antes de nada y luego ovación jerezana de respeto y honor a los tres matadores. Sol y viento. No se había ido Morante, elegante de catafalco y oro que antes había inaugurado la estatua a Rafael de Paula. Desde luego no lo pareció en ningún momento. Verónicas de mentón en pecho y con la muleta empezó el genio de la Puebla con una ligereza esperanzadora, en las tablas, a dos manos.

Fue lo mejor, el principio (después de brindar al hijo de Paula), la muleta voladora, el matador quieto, la muleta en el aire que luego golpeaba el albero, graciosa. Eso lo hace Morante, quien tras tres pases a dos manos se descomprimió y a una mano meció al buen toro.

Noble y sin casta el primero

El de Jandilla obedecía, pero sin alegría. Sin casta. Y además derrotaba al tercer o cuarto pase. La alegría siempre la pone Morante, si se tercia. No se terció tras tres tandas. Apenas lo intentó por el izquierdo, dos o tres naturales buenos y por abajo con el toro ya vencido y se fue a por el estoque.

Pinchó y a la siguiente clavó la espada en todo lo alto, con habilidad de genio no del todo habitual en su suerte. Se resistía el animal a doblar y de nuevo acertó con el verduguillo para cerrar su regreso tras la cogida y la convalecencia.

Bañista era el nombre del segundo para Sebastián Castella, burraco de piel, más blanco que negro, precioso, como un caballo pinto de lienzo. Salía suelto, pero para pararlo estaba el francés con el capote tras el tercio de varas.

Sebastián Castella con su primer toro en Jerez

Sebastián Castella con su primer toro en JerezEFE

El viento era un enemigo y Sebastián lo cogió con los pies juntos por tafalleras, por la espalda, con emoción, tambien chicuelinas, muy pegado. Serenísimo y bonito el quite en la revolera final que despertó a los tendidos. Dónde estaba Morante en el último par, gran tercio, para llevarse al Jandilla.

La lio Castella en la primera tanda. Le voló maravillosa la muleta guiada en los estatuarios de siempre, trincherillas también al toro que ya prometía tras los palos. Estaba a gusto el de Beziers, con suavidad que tornó en exigencia. Lo pedía el toro, por abajo, muy abajo. Perdía fuelle, pero lo entendió muy bien para cerrar la faena en la cumbre de la expectación.

Vivaracho, gran toro

Falló con la espada en la suerte contraria. Por dos veces. Se le adelantó el cornúpeta al defenderse desde su quietud. Fue a la tercera al volapié necesario, esta vez en la suerte natural. Buen toro al que siguió el siguiente Jandilla, bonito, pequeño, bajo para Roca Rey, el otro reaparecido, a quien el viento estropeó el capote. Pero era fino Vivaracho y humillaba. Y era noble y tenía los pitones Dalinianos, como los cuadros y los bigotes.

Se puso en el centro el peruano al quite de frente que se convirtió en una bella serie a una mano, levantaba el brazo como ala de águila a cada pase portentoso, con pase de pecho incluida, sin moverse. Venía el limeño con actitud excelentísima, a triunfar y a ganar. De rodillas inició la faena de muleta, con el viento siempre. El toro salía disparado como en el pin-ball y luego volvía. Luego por arriba, pegado, muy pegado. Le dio con la pala del pitón de lo cerca al pasárselo por la espalda. Se pegaba Roca Rey con el noblón (y con el viento al que vencía), que embestía y no se paraba y volvía en los medios, pero no como casi siempre, sin aspavientos, serio y torero.

Roca Rey con su primer toro en Jerez

Roca Rey con su primer toro en JerezEFE

Mucha fijeza, sí que era Vivaracho. Iba a todo, larguísimo. Una maravilla de bravo con el que se solazaba Roca en una fiesta de circulares, naturales, martinetes, pies juntos... Lo llevó hasta el límite y al límite se puso el suramericano en las bernardinas con la plaza electrizada que empujó la espada deseosa de darle todos los trofeos.

Acertó con el descabello tras la estocada cruzada y los tendidos se llenaron de pañuelos blancos: dos orejas y Puerta Grande ya para el peruano en la tarde estupenda en Jerez, de buenos toros y buenos toreros. No tuvo suerte Morante tampoco con el segundo, pero sí tuvo maestría y torería. Un placer, un gusto. Gloria bendita con triunfo imposible. Genio y figura en las chicuelinas subterráneas, valiente y puro, y luego otra vez con el capotazo de Chicuelo en el galleo para conducir al toro inaccesible al picador.

Morante con ganas

Lo intentó con sabiduría en la muleta, probando arriba y abajo y por todos lados, pero el toro no iba ni venía. Aún así sacó Morante algunas pepitas en este arroyo con la izquierda celebradas en los tendidos. Media estocada a la segunda y final no exultante, sí alegre, en el regreso del sevillano.

No venía de invitado Castella y lo demostró en el quinto bueno. En modo maestro el mejor torero francés de la historia, en plenitud. Hay Fiesta para rato también en la completitud madura de la figura que también ha regresado. Suave y elegante con las dos manos y expuesto al final como un novillero que lo quiere todo en un in crescendo de faena para algarabía de las plazas. Pinchó hondo para la oreja de mucho valor.

Cuatro orejas para Roca Rey

A portagayola empezó Roca Rey con el brioso sexto que se le echó encima. Tuvo que apartarse, levantarse y recomponerse mientras el pequeño animal le perseguía. Luego se plantó a pies juntos en los medios y aquel pasaba como el tercero. Mic, mic, parecía decir por la velocidad. Se iba lejos y volvía, ya con la sombra completamente echada sobre la plaza y sus blancas letras con solera de «Sherry» y «Tío Pepe».

Bajo esa luz azul brilló otra vez con el capote heterogéneo el peruano, disparado y poderoso por chicuelinas. De rodillas otra vez con la muleta cortó sin cortar aún otras dos orejas que «solo» tuvo que conservar hasta el final, como al toro debilitado tras una caída al inicio del tercio al que se arrimó al final y antes del estoconazo para culminar su reaparición gloriosa.

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