Tercera salida a hombros de San Isidro para Fernando Adrián en una gran corrida de El Torero
Un toro muy espectacular y preciosas faenas clásicas de Diego Urdiales y Fortes
Fernando Adrián, a hombros antes de cruzar la Puerta Grande de Las Ventas
En el día de San Isidro Labrador, ¡vamos a los toros! Sea o no milagro del patrono de Madrid, hemos vivido una tarde magnífica. Sin triunfalismos, los datos son indiscutibles.
Esta vez, ha habido toros y toreros (y público: ha vuelto a colocarse el cartel de «No hay billetes»). El Torero ha lidiado una gran corrida : toros bien presentados, serios, bravos; uno de ellos, el tercero, Encarcelado, espectacularísimo.
Con un gran lote y una entrega absoluta, Fernando Adrián corta una oreja a cada toro y abre de nuevo la Puerta Grande. Fortes, herido, sale de la enfermería, derrocha pundonor además de buen toreo y corta un trofeo. Otro mereció Diego Urdiales, por su clásica torería.
Por la mañana, en Las Ventas, se había descubierto el azulejo dedicado al maestro Curro Vázquez. El pasado 12 de octubre, su histórica faena deslumbró a los que no le habían visto torear. Desde entonces, no para de recibir los premios que su calidad taurina y personal merecen.
A mediodía, ha caído una tormenta pero a la hora del paseíllo luce un alegre sol y algunos espectadores han acudido vestidos de chulapos, algo cada vez más arraigado.
El riojano Diego Urdiales es uno de los diestros que ahora mismo torean con más pureza y clasicismo. Tuvo amplia resonancia el elogio que le dedicó Curro Romero. El 22 de abril, en la Maestranza, le vi una preciosa faena, que ni siquiera ese entendido público supo valorar. (El insuficiente eco le sorprendió al propio diestro, consciente de lo que había hecho).
Diego Urdiales, con el primer toro de esta séptima corrida de San Isidro
No humilla en los lances de recibo el primer toro, astifino; acude pronto al caballo, lo pican mal. Embiste a la muleta con genio. Molesto por el viento, Urdiales intenta dominarlo por bajo pero no lo consigue. El toro va a peor; en ningún momento ha estado Diego a gusto. Lo mejor: una buena estocada, de rápido efecto. Ha sido el único toro malo de una gran corrida.
Luce bella estampa el cuarto toro. Se llama Batallador, igual que el rey don Alfonso, el conquistador de Zaragoza. (En la desnortada España actual, supongo que no es políticamente correcto recordar a alguien que luchó contra los moros). Este toro es castaño listón albardado, acude pronto al caballo, lo pica bien Luciano Briceño. Dibuja Urdiales pulcras verónicas; brinda a su madre y a su hija. Después de los ayudados por bajo a dos manos, muletea con gusto por los dos lados. Destacan algunos excelentes naturales, rematados con una trincherilla, y una serie citando de frente, al estilo del inolvidable Manolo Vázquez. El toro ha sido noble pero ha flaqueado un poco. Todo el trasteo ha tenido clasicismo y torería. De nuevo logra una gran estocada, de efecto espectacular. Para mí, sólo eso merecía la oreja y la faena, también, pero la petición es insuficiente. (Mal, el público). Urdiales mereció dar, como mínimo, la vuelta al ruedo.
Cuando le preguntaron a Juan Belmonte cómo un banderillero suyo había llegado a ser Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento, contestó, con su habitual tartamudeo: «De-de-de-degenerando». Habitualmente, la edad suele traer consigo la decadencia. Felizmente, no siempre sucede así.
El malagueño Fortes es un ejemplo claro de eso. Durante algunos años, los toros le cogían muchas veces. Hace poco, no se sabe cómo, logró evolucionar hacia un estilo más clásico. Ahora mismo, ha vuelto a las Ferias porque es un diestro de indudable interés.
Fortes, al comienzo de la lidia del primero de su lote
Todavía con el capote, Fortes ha tenido el primer percance
El diestro, herido en el rostro debido al golpe contra el suelo
Fortes volvió a ser cogido mientras toreaba de muleta
Saúl saluda con buenas verónicas al segundo, muy armado, recibido con aplausos. Al salir de la vara, el toro lo arrolla y le pega un pitonazo tremendo en el pómulo derecho, cerca del ojo. Asusta la imagen de la cara del diestro, no se sabe si le afecta algo a la visión. Impasible, Jiménez Fortes brinda al público. En la segunda tanda de derechazos, el toro lo voltea y se queda un buen rato con la cabeza entre los pitones. Después de unos buenos muletazos, en un pase de pecho, el toro vuelve a prenderlo: ya se ha orientado, muestra claro peligro. Ahora, las huellas sangrientas de los percances son visibles en los dos pómulos y en la frente. Fortes mata con decisión y saluda una fuerte ovación. Sin sensiblerías, ha sido una faena de sobrio heroísmo.
Le operan de una cornada de 5 centímetros, en la cara anterior del tercio superior de la pierna derecha; además, tiene otra herida infraciliar derecha, con hematoma. Y no hablemos de la paliza que lleva…
Parte médico de Fortes
Nada de eso le impide salir para matar el quinto toro: así son los toreros… Lo recibe Fortes con buenas verónicas. Cumple en varas la res, que flaquea un poco. Quita espectacularmente Fernando Adrián por tafalleras y espaldinas. Comienza Fortes con estupendos ayudados a dos manos, llevando al toro muy toreado. Corre bien la mano en los suaves naturales, cargando la suerte, que levantan un clamor. Ha sido una faena con mucho sabor. Mata muy bien aunque la espada quede algo desprendida: indiscutible oreja.
La gran baza del madrileño Fernando Adrián es la entrega absoluta, que le ha permitido abrir las Puertas Grandes de muchas Plazas pero sigue luchando por abrirse paso. (En esta Feria, mata tres corridas; la última, nada menos que los Victorinos).
El tercer toro, Encarcelado, es un precioso berrendo en negro, capirote, que, al aparecer en el ruedo, causa sensación: parece una estampa de antaño; además, embiste con clase . Fernando Adrián lo recibe con lances suaves. También son buenas las verónicas de Urdiales, en el quite. Acude el toro a la muleta con alegría, repite incansable, transmite gran emoción. La dificultad: sale con la cara algo alta, arrogante, desafiante. Adrián se entrega por completo pero el trasteo es desigual. Después de los muletazos clásicos, recurre a espaldinas y bernadinas. Mata con un contundente espadazo, tendido: oreja. Como suele pasar en estos casos, ha habido cierta división porque una parte del público se ha puesto de parte del espectacular toro, que recibe una gran ovación.
Fernando Adrián, con el primero de su lote, un toro berrendo en negro, capirote y alunarado al que cortó una oreja
El último, con mucha «leña», voltea a Fernando en el primer lance. Prende al caballo por los pechos y derriba; la segunda vez, acude con alegría pero el puyazo cae trasero. Dibuja Urdiales un precioso quite por verónicas. En el último par, sufre una aparatosa cogida el gran banderillero Curro Javier: felizmente, parece que no lleva cornada. Brinda el diestro a Alberto Contador. El toro acude con alegría y bravura, humilla mucho. ¡Vaya lote ha tenido esta tarde Fernando Adrián! Surge de nuevo la división de opiniones. Logra naturales largos, mandones, pero algunos censuran la colocación . Acaba con muletazos mirando al tendido, que suscitan pasiones a favor y en contra: es un recurso efectista, indigno de un toro tan bravo. Estocada rotunda, volcándose: oreja y salida en hombros.
Fortes, con el segundo de su lote, de nombre Vivaracho, al que cortó una oreja
Sin triunfalismos, ha sido una gran tarde de toros. Ya nadie se acuerda de los desastres anteriores, con Partido de Resina y Vellosino. La base de todo ha sido la gran corrida de El Torero: serios, encastados, bravos, de buen juego, en general. Hemos disfrutado con el clasicismo de Diego Urdiales, con el sereno heroísmo de Fortes y con la entrega total de Fernando Adrián. Una tarde para recordar.
No me olvidaré yo de ese espectacular Encarcelado, de preciosa capa y emocionante juego. En su honor, recuerdo ahora la marcha procesional que escribió Font de Anta, a partir de esta saeta popular:
Detrás de estas rejas duras,
es la vida más amarga
que la calle l’Amargura:
ni las lágrimas la ablandan».
Pero este Encarcelado de El Torero no nos ha traído las Amarguras de la preciosa marcha procesional sino la belleza única, arrogante, incomparable de un toro bravo.
El último toro de la tarde dio problemas tanto a Fernando Adrián como a su banderillero Curro Javier
Curro Javier tuvo que ser traslado a la enfermería tras esta cogida
POSTDATA. En Las Ventas, me piden dos aficionados que transmita sus peticiones. Supongo que la primera va dirigida al Ayuntamiento. La estación del Metro de Ventas está culminando ya su gran renovación y eso nos permite disfrutar de nuevo de la amplia explanada, delante de la Plaza. Una amable señora me señala la ausencia de bancos: «Solemos quedar aquí los amigos y nos gustaría poder sentarnos, mientras esperamos a los que se retrasan». Me temo que no es algo exclusivo de este lugar: muchos urbanistas actuales parecen odiar que la gente se siente. Segunda petición, que me hace un señor, dirigida –supongo– a la Comunidad: se sube a las localidades del Tendido Alto (y se baja, que es más peligroso) por unos escalones empinados y estrechos. Una simple barandilla de metal bastaría para evitar el riesgo de caídas. Las dos peticiones me parecen sensatas. Además de ofrecer buenos carteles, conviene tratar bien a los aficionados.
ficha
- Madrid. Plaza de Las Ventas. Séptimo festejo de la Feria de San Isidro. Viernes, 15 de mayo de 2026. «No hay billetes».
- Toros de El Torero, serios, armónicos, de buen juego. Destacan el espectacular tercero y el muy noble sexto.
- DIEGO URDIALES, de verde esperanza y oro, buena estocada (silencio). En el cuarto, gran estocada (petición y saludos).
- FORTES, de obispo y azabache, estocada (gran ovación). En el quinto, estocada (oreja).
- FERNANDO ADRIÁN, de lila y plata, estocada y descabello (aviso, oreja). En el sexto, estocada (aviso, oreja. Sale por la Puerta Grande).