Detalle de Últimas palabras del emperador Marco Aurelio de Delacroix
Marco Aurelio, el emperador filósofo: «La felicidad depende de la calidad de nuestros pensamientos»
Se trata de una frase estoica que Epicteto dijo de alguna otra forma o prefiguró y Marco Aurelio embelleció o completó o halló gracias a los pensamientos de su maestro en la lejanía
Marco Aurelio fue el último de los llamados «Cinco emperadores buenos», nombre que impulsó Descartes para darle un «título» a la histórica Dinastía Antonina, «la época más feliz de la historia de la Humanidad», como dijo el historiador Edward Gibbon.
Pero Marco Aurelio fue mucho más que eso, «el emperador estoico» o «el emperador filósofo» son dos de sus sobrenombres más conocidos. El emperador Adriano, al que magistralmente mostró en su imaginación fastuosa Marguerite Yourcenar, le señaló y le pidió a su sucesor Antonino que a su vez eligiese al joven como su posterior heredero.
La filosofía fue el pilar de la existencia de Marco Aurelio, el ideal platónico de un gobierno de los mejores, donde fue mayormente protagonista Epicteto, de quien se convirtió en un seguidor ferviente y, como él, acabó convirtiéndose en una de las figuras más representativas del estoicismo.
«La felicidad de nuestras vidas depende de la calidad de nuestros pensamientos» es una frase estoica que Epicteto dijo de alguna otra forma o prefiguró y Marco Aurelio embelleció o completó o halló gracias a los pensamientos de su maestro en la lejanía. Vivió como pensaba, según los preceptos del estoicismo, como reflejó en sus Meditaciones y como cuentan los testimonios de sus contemporáneos.
Su madre, Domicia Lucilla, se empeñó en que estudiara siempre en griego, la lengua de los grandes filósofos. Aprendió en casa (gracias a una exención de la escuela permitida por su condición patricia) de los seguidores y miembros de El Pórtico, la escuela estoica de Séneca donde decidió no solo conocer la filosofía, sino ser miembro de ella más allá o a propósito de su condición de gobernante. Una condición que superó en su única condición de aristócrata de cuna y también de saber y virtud: el ideal platónico, como el amor.
No le interesaba la guerra, ni el ejército, pero en su aceptación vital, cultural, serena, estoica, de las cosas, sin formación militar se convirtió en un líder mantenedor de las fronteras del vastísimo imperio y amado por el pueblo y las tropas, a las que, en una demostración de honestidad, negó un aumento de la soldada tras la última campaña victoriosa en Germania.
Sus Meditaciones son los pensamientos y las reflexiones de un hombre de hace 2.000 años tan vivos como la filosofía que sigue aguantando el peso del mundo moderno: «Cuando te levantes por la mañana, piensa en el privilegio de vivir: respirar, pensar, disfrutar, amar», escribió. Un gobernante. Esto lo escribió un gobernante en su intimidad, el mayor líder mundial hace dos milenios. Los pensamientos que aplicó a la política sin olvidar el estoicismo necesario para su obligación.
Sus pensamientos expresados resisten. La primera de las afirmaciones del Manual de vida de Epicteto explican la frase de Marco Aurelio: no se puede controlar lo que nos es ajeno, pero sí lo que nos pertenece, es decir, nuestras acciones y juicios. En ese ámbito se encuentran nuestros pensamientos en otro de los «consejos epictetianos»: lo importante no es lo que nos pasa, sino cómo nos tomamos lo que nos pasa.
La calidad de nuestros pensamientos de la que depende la felicidad según Marco Aurelio se basa en la razón y en la virtud que perseguía el emperador filósofo, alejándose de bajezas y negatividades desde esas mismas razón y virtud: los buenos pensamientos como el amor edifican una vida plena como si fueran los ladrillos idóneos y esenciales para su construcción.