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Pier Paolo Pasolini asiste a un partido de fútbol callejero

Pier Paolo Pasolini asiste a un partido de fútbol callejero

Cinco escritores que sintieron el fútbol como una religión: historias que unen la literatura con el Mundial

Oscar Wilde dejó una frase conocida para siempre: «El rugby es un juego de bárbaros jugado por caballeros; el fútbol es un juego de caballeros jugado por bárbaros»

No son muchos los casos en que el escritor es deportista o aficionado al deporte o el deportista es escritor. Pero los hay, por supuesto, en ambos casos. Algunos sorprendentes y con una filiación profunda entre ambas disciplinas.

Alguien tan inopinado como Jean-Paul Sartre, icono de la «gauche divine» (la «izquierda divina»), del existencialismo, maoísta en el cómodo París, el mismo que rechazó el Nobel, pero reclamó el dinero correspondiente, el autor de La naúsea, era un pasional seguidor del Paris Saint-Germain.

Hubiera sido feliz con los recientes grandes triunfos del equipo parisino a las órdenes del entrenador español Luis Enrique. Como muchos otros dijo, quizá de los primeros, que el fútbol es una metáfora de la vida y filosofó ampliamente al respecto: «El hincha no es solo espectador, sino parte de un 'nosotros' colectivo».

El colectivismo ideológico sobrepuesto en el fútbol, el objetivo compartido de la victoria por el que el individuo abandona sus propias metas. Una de las metas de su compatriota Albert Camus era haber sido futbolista. La tuberculosis en la adolescencia le apartó de ese futuro, pero no de la afición.

De joven era guardameta y llegó a decir: «Todo cuanto sé sobre moral se lo debo al fútbol». Una frase llamativa que refleja cuánto ha cambiado el juego, asimilado a espectáculo más que a deporte y por ello también a corrupción, el reverso de la moral, con grandes escándalos, muchos de ellos aún por resolverse.

Nick Hornby escribió sobre fútbol y su pasión por él en su famosa novela Fiebre en las gradas. El fútbol como motivo esencial de la literatura que alcanza a todo el espectro futbolero de un seguidor y sus emociones. Oscar Wilde dejó una frase conocida para siempre: «El rugby es un juego de bárbaros jugado por caballeros; el fútbol es un juego de caballeros jugado por bárbaros».

Una apreciación fina, clínica, como la mayor parte de las del genio irlandés y como aquella, polémica, del gran amante del fútbol, escritor y cineasta, Pier Paolo Pasolini, capaz de sacrificarlo todo por una pachanga en cualquier descampado.

Pasolini dijo: «Que las mujeres jueguen al fútbol es un desagradable mimetismo un poco simiesco». El italiano estaba loco por el fútbol y jugarlo era como ser Peter Pan. El balón le alejaba de sus demonios y le inspiraba: pensaba que el lenguaje del deporte no es el de los periodistas deportivos sino el poético del gesto de su adorado Rivera.

El fútbol fue el respiradero artístico del boloñista Pasolini, lo más importante de su vida, por encima de sus Evangelios y Decamerones, quizá no lo fue tan urgente para Javier Marías, pero también lo fue, reconocido y orgulloso madridista, de lo que dejó huella en sus artículos como en aquel casi relato Hoy no solo hoy y la hermosa historia familiar de la final que fue la quinta Copa de Europa de los blancos.

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