El verano es un tiempo propicio para despertar la curiosidad
Filosofía para todos
La concurrida estación de tren que nos invita a hacer filosofía
Una de las grandes pensadoras españolas del siglo XX da nombre a una de las estaciones más transitadas del país
Comienza el verano y muchos ya piensan en hacer las maletas para disfrutar de unas merecidas vacaciones. En otras ocasiones hemos ofrecido algunos libros de filosofía que pueden acompañar el periodo estival y proporcionar temas en los que pensar a orillas del mar o esperando a coger un avión.
Las vacaciones también son un tiempo propicio para despertar la curiosidad. Los viajes nos permiten descubrir lugares nuevos y personajes asociados a ellos. Además, una búsqueda rápida en internet nos ofrece la posibilidad de no quedarnos solo en el nombre. En ocasiones, las oportunidades se presentan en lugares inesperados.
Desde hace años, muchas de las grandes estaciones ferroviarias españolas llevan como apellido el nombre de un personaje ilustre de aquella ciudad. Por ejemplo, los miles de turistas que llegan cada día en AVE a Valencia reciben la bienvenida de parte de Joaquín Sorolla, mientras que en Málaga el saludo viene de la mano de María Zambrano.
La filosofía abraza la poesía
Desde el año 2007, cuando se inauguró la nueva estación de tren en Málaga, esta recibe el nombre de María Zambrano, una de las filósofas españolas más importantes del siglo XX. Quizá su figura y su pensamiento no sean muy conocidos por el gran público, que sí reconoce a intelectuales muy cercanos a ella, como Ortega y Gasset, pero es ahí donde puede aparecer esa curiosidad vacacional de la que antes hablábamos.
Como tantos otros personajes de su tiempo, la malagueña quiso hacer de su labor filosófica e intelectual algo útil para el país y se vio envuelta en las tensiones políticas de la España de entonces. Tanto es así que decidió exiliarse en América poco antes de finalizar la Guerra Civil, y no volvió hasta 1984.
El gran legado filosófico de María Zambrano, la habitual puerta de entrada a su pensamiento, es el de la razón poética. Con esta idea, la pensadora quiso dar un paso más en el camino de superación del racionalismo clásico que ya había emprendido el propio Ortega con su razón vital. El hombre no puede quedarse en los rígidos conceptos filosóficos si quiere profundizar en su «sentir originario». Por eso, es preciso un nuevo método en el que no quedan al margen los sentimientos, la mística y, especialmente, un amor que une y cohesiona el mundo.
María Zambrano
Para Zambrano, filosofía y poesía deben volver a abrazarse, como ocurría en el nacimiento de ambas disciplinas. De este modo, tal y como explica la catedrática Fernández Martorell, la razón poética no ofrece «un discurso científico sobre las condiciones humanas», sino que permite al hombre «entender algo más íntimo: su alma, su naturaleza profunda, originaria».
La curiosidad de la que hablábamos al principio nos invita a no quedarnos en un nombre, una placa o una fotografía. Ese interés se alimenta del afán por comprender el mundo con una mirada más honda. Y ahí puede aparecer la razón poética de Zambrano: cuando el AVE se detiene en Málaga y, al escuchar su nombre, se abren también las puertas a un pensamiento hermoso, creativo y empeñado en comprender la vida en toda su profundidad.