Sin ópera no hay verano
Santander, Granada y El Escorial vuelven a apostar por el género lírico, principal reclamo de los grandes festivales de música europeos, pero aquí casi olvidado por estas fechas
Lucy Crowe y Javier Camarena, durante la representación de 'La flauta mágica'
Los festivales de música españoles, que encuentran su espacio en el verano, no logran situarse entre las grandes citas estivales de su tipo que se celebran en el resto de Europa. Por eso apenas se benefician del turismo internacional de melómanos, que prefieren cada año otros destinos distintos, los más conocidos en Italia, Austria y Francia, sobre todo.
No abunda en estas citas ibéricas la ambición artística, ni seguramente los recursos para poder competir con sus hermanos del norte, todo sea dicho. Pero a veces se echa en falta, también, algo más de imaginación con la que poder suplir sus carencias estructurales. Lo más socorrido, y fácil, es volver a echar mano, año tras año, de parecidas giras de las mismas orquestas internacionales, que con sus idénticos «bolos veraniegos» van rotando por las distintas plazas, un poco al modo de los carteles taurinos. Y la diversidad se resiente.
A veces pareciera como si los certámenes provinciales pretendieran hacer que los visitantes veraniegos de la meseta, mientras se refrescan en sus playas, se sintiesen como si no hubieran salido de casa. Por eso programan cosas muy similares a las que estos ya asisten habitualmente, el resto del año, en los principales centros musicales, fundamentalmente Madrid y Barcelona, donde se concentra casi toda la oferta de interés.
Y, al mismo tiempo, ofrecen a los lugareños unas migajas de lo que se pierden por residir en la calma chicha de la llamada periferia, a donde solo llegarían algunas de las sobras, eso sí, más prestigiosas, en forma de los pretendidos Sokolov, Juan Diego Flórez, la Orquesta de la Scala y por ahí.
En cualquier caso, se observan algunos signos esperanzadores en el horizonte. Lo que realmente mueve a los viajeros estivales en busca del santo grial de la música es la ópera. Sin títulos líricos, y sus estrellas, nadie se toma la molestia de desplazarse hasta aquí: los peregrinos prefieren viajar hasta Salzburgo, Bayreuth (que abre las puertas hoy mismo con una novedad, Rienzi de Wagner, tras la interpretación ayer de la Novena de Beethoven), Aix-en-Provence (que ha hecho debutar a Makela en el foso), Pésaro (un triste pálido reflejo de lo que un día fue) o Verona (una feria bien montada que sigue atrayendo a quienes persiguen a las grandes voces por escenarios patrimonio de la humanidad).
Pero ahora Granada, Santander y hasta la renovada apuesta por El Escorial regresan a la reina de las artes escénicas para proponer quizá nada del otro mundo, aunque al menos algo… En la ciudad de la Alhambra lo más interesante llegará el año próximo, pues su director, Pinamonti, anuncia la escenificación de una ópera inédita de Falla, Fuego fatuo, en una gran coproducción internacional. Podría resultar un acontecimiento. Eso sí.
Mientras, por el norte, el nuevo intendente, Cosme Marina, se ocupa del filón que parece haberle dejado franco una Quincena Donostiarra cada día más empobrecida por el reiterado desinterés de los nacionalistas abertzales en una propuesta para las élites que desprecian lo genuinamente auténtico, lo vasco. Esos esnobs adictos a lo foráneo preferirían ver al tenor de la tierra, Xabier Anduaga, en una producción de Los pescadores de perlas, lógicamente, antes de rescatar del desván de la abuela a algún ignoto valor local, o el encargo de un nuevo concierto para txistu, arpa y percusión.
Desterrada la ópera de San Sebastián, en la ciudad de los Botines se han estirado un poco, esta vez, para acogerla allí. El 3 de agosto la gran apuesta ahora consistirá en La Flauta mágica de Mozart, carta siempre triunfadora para ganarse al público, con el algo devaluado tenor Javier Camarena como protagonista (seguramente Tamino le irá mejor que Romeo), y dirección escénica del antiguo cantante Rolando Villazón.
Peralada, que en el pasado solía ofrecer grandes títulos líricos como su principal reclamo, consagrados a los mejores cantantes, parece dar tumbos estos días con espectáculos contemporáneos como Estética y masacre, con dirección escénica de Oriol Pla, de esos con los que se pretende atraer a un «público nuevo» al que nadie ha visto nunca de momento, pero que un día seguramente se aparecerá de tanto nombrarlo.
Al respecto de la necesidad de renovarse, Josep Pons, tras abandonar estos días el puesto de director titular de la orquesta del Liceo barcelonés, ha dicho que se concentrará a partir de ahora en «repensar» la idea de los conciertos para el siglo XXI, porque seguimos en lo mismo desde hace ya demasiado tiempo.
Quizá el maestro catalán se abone a alguna idea como la de la pianista Yuja Wang, que en uno de sus innovadores conciertos londinenses ofrecía a la audiencia, mientras tocaba fragmentos de obras, reflejados en pantallas situadas en las paredes, obsesivos primeros planos de sus dedos y apreciados muslos mezclados con referencias de cuadros del recientemente fallecido David Hockney. Para que la gente no se durmiera. Si eso es lo que se propone con sus cavilaciones, el antiguo director de la Orquesta Nacional va a tener que hacer mucha gimnasia.
Por Madrid, que en verano no suele dedicar demasiados esfuerzos a la música (para qué, ¡si ya la tienen en Santander!), a finales de agosto, regresará renovado el Festival del Escorial, que hasta ahora ha tenido más padres que buenas ideas.
La Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid (ORCAM) interpretando la ópera 'Carmen' en concierto
Esta vez se intentará reconducirlo de la mano de la directora de la ORCAM, Alondra de la Parra, que se ha decidido como carta de presentación por una Carmen jibarizada, solo con los momentos más conocidos de la ópera, más unos movimientos escénicos a cargo de Bárbara Lluch. Veremos.
Podría decirse que el año pasado, en el mismo escenario de la sierra, y en algunos casos hasta repitiendo ahora algún cantante, ya se había ofrecido la ópera de Bizet. Pero si se trata de llenar, como vuelve a probar estos días el Festival de Salzburgo mediante la reunión del director Teodor Currentzis y la soprano Asmik Grigorian, el clásico basado en la novela de Merimée resulta siempre infalible. Por algo será.
Un poco más abajo, pero sin abandonar la comunidad, Aranjuez se sumará también por segundo año a las celebraciones musicales de estas fechas. Allí cuentan con la bicentenaria plaza de toros, que pretenden convertir en una arena propicia para espectáculos líricos y musicales. De momento, solo han logrado que les dejen montar allí algún concierto. El 26 de septiembre ofrecerán una gala lírica con el tenor Jorge Puerta, en plena ascensión con su próximo debut en EE. UU., y la mezzo Olga Syniakova, Rosina en El barbero de Sevilla de la próxima temporada del Teatro Real.