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Jardines y estanque del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

Jardines y estanque del Real Monasterio de San Lorenzo de El EscorialEuropa Press

El Escorial, más que un edificio bonito. ¿Por qué es el templo espiritual de la nación española?

El Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, amenazado por los incendios forestales de Madrid en los últimos años, es una de las obras arquitectónicas cumbre de la cristiandad y un símbolo de la espiritualidad española

Al final fue una falsa alarma, pero la posibilidad de ver arder el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial fue muy real en estos últimos días.

El incendio forestal que ha arrasado la sierra oeste de Madrid puso en riesgo uno de los monumentos más asombrosos de España y de Europa, joya de la arquitectura renacentista, cumbre del estilo herreriano, lugar donde se encuentra el Panteón Real de los reyes de España y depósito de un sinfín de obras de arte.

El valor del Monasterio de El Escorial no es solo material, es también espiritual, y es un valor incalculable para la nación española y la cristiandad.

Porque El Escorial es mucho más que un edificio bonito: es el templo espiritual de la nación española.

Sus muros de granito de la sierra, de ese austero estilo herreriano, fiel reflejo de la arquitectura monumental castellana, protegen un testimonio en piedra del ser de los españoles, la misión civilizadora de España a través de los siglos y memoria de lo que fue, es y podría ser España.

La página web de Patrimonio Nacional nos recuerda que el monumento ocupa una superficie de 33.327 metros cuadrados en las faldas del monte Abantos, en la sierra de Guadarrama.

También se afirma en el sitio web que «es el monumento que mejor resume las aspiraciones ideológicas y culturales del Siglo de Oro español».

El monasterio, en su origen ocupado por monjes jerónimos y hoy de la orden de San Agustín, se comenzó a construir en 1558 con planos de Juan Bautista de Toledo, y se finalizó en 1584 bajo la batuta de Juan de Herrera.

El rey Felipe II, su impulsor, lo concibió como memorial de la victoria de la batalla de San Quintín, que tuvo lugar el 10 de agosto de 1557 en la festividad de San Lorenzo, de ahí que la planta recuerde a la parrilla en la que fue martirizado.

El Monasterio, efectivamente, responde a un plan ideológico muy pensado por Felipe II, y confluyen en él ideas filosóficas neoplatónicas del monarca, su religiosidad católica y su defensa de la fe frente al luteranismo, su visión de la monarquía hispánica global y su ambicioso afán de acumular conocimientos y saberes.

Se puede decir que la construcción del Monasterio de El Escorial ilustra el culmen de España como nación, un proceso que comienza tras la traumática ruptura de la conquista musulmana de la España visigoda y el inicio de la Reconquista.

España alcanza su punto más alto como potencia durante el reinado de Felipe II y todo el camino recorrido aparece contenido en los muros de El Escorial.

Construido como espejo del templo de Salomón en Jerusalén –no en vano figuran los reyes de Israel y Judea en la portada de su basílica–, sus tres fachadas (la del monasterio, la de la basílica y el retablo del altar mayor, que funciona como fachada del palacio) actúan de etapas de conversión que permiten al fiel descubrir y comprender la fe a medida que se van sobrepasando.

En su biblioteca, con 40.000 volúmenes y 600 incunables (se lee en la web de Patrimonio Nacional) se guarda gran parte del saber acumulado por la humanidad hasta la fecha de su construcción. Es una suerte de nueva biblioteca de Alejandría y un referente del humanismo y de todas las materias, como la filosofía, la teología la poesía, las ciencias…

Hay obras en lengua árabe, hebrea, griega, latina…, instrumentos de estudio científico, matemática y geográfico, como astrolabios, esferas… Sus frescos representan las ciencias clásicas, el Trivium y el Quadrivium: la gramática, la dialéctica, la retórica, la aritmética, la astrología, la geometría, la música…

El relicario del Monasterio responde también a la visión religiosa y espiritual con que Felipe II concibió la construcción, y es una obra única en el mundo, y posiblemente uno de sus mayores exponentes.

Con más de 7.000 reliquias de santos y mártires, Felipe II logró reunir en su fundación escurialense tal cantidad de reliquias tras mandar a emisarios por todos los rincones de la cristiandad. De esa manera, Felipe II convirtió el Monasterio de El Escorial en un poderoso instrumento espiritual y místico al servicio de la fe católica y la misión evangelizadora de España.

Más allá de su biblioteca, El Escorial es una verdadera apología de la monarquía Hispánica, que Felipe II y sus sucesores concibieron como heredera espiritual de la casa de David. Su Sala de Batallas muestra con un detallismo asombroso algunas de las principales victorias españolas en los campos de batalla de Europa y el Mediterráneo.

El modo en que se representa la disposición de tropas, sus estandartes castellanos y las banderas con la cruz de Borgoña permiten comprender mejor el funcionamiento e importancia de los Tercios y sus antecesores.

La basílica, cubierta por una cúpula construida a imagen de la de San Pedro del Vaticano, y una bóveda de cañón en la que destacan los frescos de Luca Cambiaso en donde representa la Gloria, está repleta de símbolos al servicio de la finalidad con la que Felipe II concibió el proyecto.

Fruto de sus creencias filosóficas y religiosas, la basílica y el resto del Monasterio se pensaron de acuerdo con la proporción áurea y las ideas humanísticas en boga en su época. El simbolismo vinculado con los números, como el 3 y el 7, con un fuerte significado bíblico, están presentes en toda la construcción.

En particular, la basílica, de planta de cruz griega, es un cubo perfecto en cuyo interior encaja la esfera de la cúpula. La basílica, además, custodia elementos devocionales de vital importancia para la religiosidad cristiana española, pero también para su misión nacional.

Es el caso del Crucifijo de Cellini: una excepcional imagen de Cristo crucificado esculpida por el escultor florentino Benvenuto Cellini en 1556 en mármol blanco de Carrara sobre una cruz de mármol negro.

Destinada a las colecciones de Cosme I de Médicis, su hijo Francisco de Médicis lo regaló al rey prudente español. EL Cristo llegó al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial en 1576.

También muy vinculado a la obra salomónica en Jerusalén, el Patio de los Evangelistas cumple una función espiritual central. Este patio, de gran monumentalidad y austeridad, y obra maestra de Juan de Herrera, representa al jardín del Edén y los grandes ríos del mundo. Felipe II sitúa así El Escorial como centró simbólico de la creación.

Pero lo más llamativo del Escorial es el Panteón Real. En un inicio, Felipe II ordenó trasladar el cuerpo de su padre, el emperador Carlos V, desde el monasterio de Yuste a una cripta situada justo debajo del altar de la basílica, donde también habilitó un espacio para su enterramiento.

Felipe III ordenó la habilitación de un nuevo panteón para toda la dinastía en un espacio construido por Juan de Herrera sin uso, y trasladó los cuerpos de sus antecesores. Desde entonces, todos los reyes de España están enterrados en el panteón real de El Escorial, con excepción de los primeros Borbones, Felipe V y Fernando VI.

También en las criptas de El Escorial, en el Panteón de Infantes, está enterrado Juan de Austria, artífice de la vitoria en la Batalla de Lepanto.

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