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A Søren Kierkegaard le debemos la conocida como 'Parábola del payaso'

A Søren Kierkegaard le debemos la conocida como 'parábola del payaso'El Debate (asistido por IA)

Filosofía para todos

El peligroso motivo por el que ya nadie se cree a los políticos

La 'parábola del payaso' de Kierkegaard se puede leer como una advertencia sobre la desconfianza en nuestros dirigentes

La parábola se la debemos a Kierkegaard y dice así: se declaró un incendio en el interior de un teatro. En mitad de la función, un payaso sale al escenario a avisar al público y este, creyendo que se trata de una broma, ríe y aplaude. En mitad de la tragedia, cuanto más apremia el cómico, más fuertes son las carcajadas. Y remata el danés: «Así creo yo que perecerá el mundo, en medio del júbilo general del respetable, que pensará que se trata de un chiste».

La reflexión original se encuentra en los Diapsálmata del filósofo de la angustia y el salto de fe. El texto ha sido analizado e interpretado en multitud de ocasiones, siendo una de las más célebres la realizada por Joseph Ratzinger, después Benedicto XVI, en su Introducción al cristianismo. El futuro Papa vio en la 'parábola del payaso' una imagen perfecta de los graves problemas de comunicación a los que se enfrentaban los teólogos de su tiempo a la hora de dirigirse a los no creyentes. No solo importa lo que se dice, sino quién lo dice.

La imagen de Kierkegaard es aplicable a multitud de realidades. Pienso, por ejemplo, en un jefe empeñado en mostrar una imagen exageradamente cercana a sus empleados, en un profesor que elimina toda barrera con los alumnos, o en un medio de comunicación que se convierte en un difusor de chascarrillos y que después pretende ser considerado como referente informativo.

Un disfraz imposible de arrancar

En la escena del bufón, el fuego y el público feliz también podemos ver reflejado el terrible descrédito en el que han caído los políticos en los últimos años. Según los datos del último estudio sobre calidad democrática del CIS, la confianza de los españoles respecto a los partidos se sitúa en el 2,92 sobre una escala de 10. Es la peor valoración entre todas las instituciones y organizaciones por las que se preguntaba.

No cabe duda, y sin intención peyorativa, de que los políticos se han convertido en el payaso de la parábola. La incontable sucesión de promesas incumplidas, mentiras más o menos descaradas, informaciones sesgadas, corruptelas y demás han impregnado a la clase política de un grueso maquillaje tragicómico que es difícil de borrar.

Ya no hay anuncio, declaración o explicación política que los ciudadanos no acojan con recelo. Saben que están ante una especie de espectáculo, como en el teatro, en el que siempre hay objetivos e intereses que no se evidencian. Sin embargo, tal y como ocurre con el incendio entre bastidores, las consecuencias de acostumbrarse al personaje pueden ser dramáticas.

Kierkegaard no se detiene en el destino del payaso, sino en el del público. Su preocupación está en la forma en que «perecerá el mundo». En paralelo al mencionado descrédito de los líderes políticos se han sucedido crisis económicas, geopolíticas, naturales... y el riesgo es evidente. Cuando la amenaza es real se necesitan voces que generen confianza y credibilidad. Dadas las circunstancias, el peligro para los ciudadanos está en pensar que, cuando llegue el momento del incendio, todo siga siendo parte del show.

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