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Ratzinger, en un acto público en el ayuntamiento de Freising durante su época de cardenal en 1977

Ratzinger, en un acto público en el ayuntamiento de Freising durante su época de cardenal en 1977©KORPA

La familia en una frase

Joseph Ratzinger, Papa: «Educar jamás ha sido fácil, pero hoy parece cada vez más difícil»

En 2008, antes del dominio absoluto de los teléfonos inteligentes, Benedicto XVI ya hablaba de una «emergencia educativa» que desanimaba a padres y profesores y dejaba a los jóvenes sin referencias sólidas

«Educar jamás ha sido fácil, y hoy parece cada vez más difícil». Así lo decía uno de los intelectuales más sólidos de nuestra época, Joseph Ratzinger, unos pocos años antes de la irrupción masiva de los smartphones, la inteligencia artificial o la tiranía de las redes sociales.

Elegido ya como Sucesor de Pedro con el nombre de Benedicto XVI, el Pontífice alemán que en su juventud había destacado como profesor hasta haber sido invitado a participar en el Concilio Vaticano II, publicaba una carta dirigida a la diócesis y a la ciudad de Roma y fechada el 21 de enero de 2008.

En aquel texto, el Papa mencionaba expresamente el desánimo de padres, profesores, sacerdotes y cuantos tenían responsabilidades educativas o trato con los jóvenes, niños y adolescentes.

Y no lo hacía para culpar a la juventud. Señalaba, de forma casi profética, una crisis más profunda de naturaleza más antropológica que cultural: la dificultad de transmitir certezas y criterios de vida en una sociedad relativista y líquida, que duda incluso de la existencia de la verdad objetiva.

Una infancia bajo el totalitarismo

Joseph Ratzinger nació en 1927 en Marktl am Inn, Baviera. Fue el menor de los tres hijos de Joseph Ratzinger, policía, y Maria Peintner, que había trabajado como cocinera. La familia era católica, modesta y profundamente contraria al nazismo.

El trabajo del padre obligó a realizar varios traslados a toda la familia. Por ese motivo, el pequeño Ratzinger creció junto a su hermano Georg y su hermana Maria en hogares sencillos, marcados por la música, la oración, la lectura y la oposición moral al régimen de Hitler.

Aunque entró muy joven al seminario, su experiencia familiar y su larga dedicación universitaria le permitieron observar de cerca la transmisión entre generaciones. Sabía lo que ocurre cuando un poder político intenta sustituir la conciencia de los padres y modelar directamente a los jóvenes.

Una carta contra la renuncia

Su Carta sobre la tarea urgente de la educación no es un tratado pedagógico, ni un manual de crianza al uso. Es, más bien, una llamada apremiante a recuperar el valor de educar cuando los adultos sienten la tentación de abandonar.

Así, Benedicto XVI explica que el educador (sea padre, profesor, catequista, sacerdote o monitor de tiempo libre) debe ofrecer reglas, valores y criterios, sí, pero también cercanía, afecto y testimonio. Porque la autoridad no nace del deseo de dominar, sino de asumir responsabilidades por el bien del otro.

Además, Ratzinger recuerda que la libertad del hijo tampoco consiste en crecer sin límites, sino que necesita de una orientación firme para aprender a distinguir entre el bien y el mal, y afrontar el sufrimiento inevitable de la vida.

La tentación de «dimitir» de educar

Desde aquel 2008 en que el Papa firmó su carta, la dificultad para educar se ha multiplicado: los padres ya no compiten únicamente con la televisión o el grupo de amigos, sino con plataformas diseñadas para captar la atención de sus hijos durante horas, y capaces de prolongar su influencia –o la presión social– incluso dentro del propio hogar.

La respuesta, por tanto, no puede ser el lamento estéril o el deseo de control permanente. Tampoco la dimisión de unos adultos que temen parecer autoritarios cada vez que ponen un límite.

Por eso, Benedicto XVI recordaba que educar requiere confianza y esperanza, porque el hijo necesita comprobar que los mayores creen en él y están dispuestos a vivir en coherencia con sus propias convicciones.

La «emergencia educativa» de la que alertaba Ratzinger, entonces como ahora, comienza a superarse cuando los padres dejan de preguntar cómo evitar todo conflicto y vuelven a asumir su responsabilidad de mostrar un camino marcado por la búsqueda del bien, la verdad y la belleza.

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