Fundado en 1910
gri_2014_r_20_e0366_04711_r_pm

Marta Minujín, La Destrucción, 1963The Getty Research Institute

El Museo Reina Sofía se aferra un año más a la ideología en su tenaz alejamiento del arte

Los imprescindibles feminismo o indigenismo, o lo «performativo», vuelven a ser protagonistas en el nuevo curso 2026-27 de la pinacoteca, cuyo director, Manuel Segade, presentó este lunes

Nada huele a podrido en Dinamarca, aunque en realidad parezca lo contrario. El Museo Reina Sofía vuelve por sus fueros (no se esperaba otro regreso) en el nuevo curso que presentó el lunes su director, Manuel Segade.

La «importancia del cuerpo» sienta las bases del nuevo camino de la pinacoteca española, algo que ya nos suena de antes. Nada nuevo por aquí. De lo «performativo» y de los cuerpos ya se había oído hablar. Ya se había visto en temporadas anteriores.

No debe de haber habido suficientes cuerpos desde que Manuel Segade es director de la institución, desde el año 2023. Tres años de «cuerpos» son pocos, así que hay que poner uno más. Ideología y cuerpo, como el ministro, o el cuerpo como ideología.

¿No hay en el arte moderno otra dirección? El feminismo y el indigenismo o el colonialismo son perennes: la hoja que no cae nunca en otoño. Y el cuerpo parece que tampoco. Sus posibilidades ya las re-revisitó mismamente el guatemalteco Naufus Ramírez-Figueroa en 2024, a propósito de cambiar los «relatos históricos».

Todo en uno: indigenismo, feminismo, revisionismo y «performance». El tenaz, firme, alejamiento del arte del Reina Sofía que el Museo llama «ampliación del canon de la historia del arte, ya sea por la inclusión de mujeres pasadas por alto hasta el momento o por rescatar tradiciones y geografías habitualmente desatendidas en nuestro territorio».

Cualquiera diría que en vez del arte que no es, mayormente (también lo hay en la nueva temporada del Reina Sofía, pero siempre antiguo) se trata de pura reivindicación «política» con la excusa del «arte» reducido a la mínima expresión, así el talento no se necesita tanto, en muchos casos es completamente innecesario, a la vista de las obras representadas y expuestas.

Marlene Dumas

Marlene Dumas, The Painter, 1994The Museum of Modern Art, New York. Fractional and promised gift of Martin and Rebecca Eisenberg, 2005

Tampoco va a haber tutía en 2027. Lo que sí va a haber son nueve exposiciones, de las cuales ocho están dedicadas a mujeres. Eli Cortiñas para empezar y «qué cuerpos deben ser representados y qué memorias y relatos son legítimos».

O «lo exótico africano desde Occidente». Miguel Ángel Rojas y su representación de la homosexualidad y el «cuerpo como sede» y de la «trayectoria pionera en la investigación estética de la violencia del narcotráfico, pero también de la extracción colonial y la destrucción de ecosistemas en su país».

Belleza absoluta en la temática. Es broma. Todo lo contrario, porque no se busca la belleza. Por eso el arte se aleja irremisiblemente en este concepto que se llama arte, pero no puede ser, salvo si se le da la vuelta como a un insecto que al principio patalea hasta que al final se acostumbra a no patalear, como La Menesunda de Marta Minujín, de 1965, una inclasificable y pionera representación donde el público forma parte de la ¿escena-obra?

Pacita

Pacita Abad, Subali, 1983

El minimalismo de Anne Truitt y Félix González-Torres. Marlene Dumas, representante del omnipresente «cuerpo» del Reina Sofía, al menos en pinturas reconocibles como tales. El arte textil de la filipina Pacita Abad, con más de 75 exposiciones individuales hasta volver a La Ribot y la «institucionalización de la performance» y otra vez al cuerpo. «Obras performativas que transitan incesantemente entre el espacio escénico y el espacio expositivo» con una «metaperformance» de nueve horas de duración, si se tiene un ratito después de Fernanda Laguna y «la urgencia colectiva de transformar estructuras patriarcales de valor que organizaban la discusión artística treinta años atrás».

Otra exposición que «explora la relación entre cuerpo, materia y entorno», matraca incesante, es la de la bonaerense Cecilia Bengolea, donde, por medio del vídeo se mete en los berenjenales ignotos de la sociedad, el ecologismo o la geopolítica. No se olvida el Reina Sofía del centenario de la Generación del 27 que celebra a su manera con una exposición sobre artistas mujeres homosexuales de su tiempo, o una interesante Exposición de pinturas y esculturas de españoles residentes en París, como Dalí, Pancho Cossío o Pablo Gargallo.

Fernanda

Fernanda Laguna. Lesbiana, 2001-2003. Collage

También la Residencia de Estudiantes tendrá un espacio renovado, así como espacio tendrá la Escuela de Vallecas con Benjamín Palencia a la cabeza. «El flamenco como clave hermenéutica para entender a Lorca, y a Lorca como una figura que reconfigura el campo cultural flamenco» o una exposición como «una forma de pensamiento: un sistema para hacer visible lo invisible, para relacionar lo disociado, para activar capas de conocimiento histórico, simbólico y sensible que sobreviven en las prácticas flamencas y lorquianas» en F.G.L. Flamenco García Lorca, en Granada.

Esto es antes de volver ¡al cuerpo! en Perlas y cicatrices en colaboración con el Museo de Arte Moderno de Varsovia. Escrituras de vanguardia en el archivo Lafuente tendrán a Mallarmé o los caligramas de Apollinaire, también Blaise Cendrars o el futurismo, sin cuerpo, menos mal, tal cual, es decir, casi vestido, original, artístico de verdad, no está mal, para la primavera.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas