De Beauvoir y Sartre en China en 1955 y Almodóvar y Miguel Ríos
50 años de la muerte de Mao
El parecido con la intelectualidad maoísta francesa de los sesenta que retrata a la farándula sanchista
Se acaba de cumplir un siglo de la muerte de Mao Zedong, el líder chino artífice de la Revolución Cultural (y de la Gran Hambruna) y el mayor genocida de la historia
No se entiende bien cómo los intelectuales franceses de mayo del 68, los Sartre, de Beauvoir o Roland Barthes vieron el ideal político y social en la China comunista del terrible dictador y genocida Mao Zedong, el mayor de la historia.
Parece ser que al comunismo caviar parisino ya no le convencía el modelo soviético (bien lejos, allí en Rusia) y se buscó otro, el chino (también bien lejos, más aún, allí en China), mientras en la divina «Rive Gauche» se seguía viviendo, esos mismos intelectuales, la dulce vida occidental del existencialismo, La naúsea y el cine de Godard.
Todo a distancia de las purgas, los asesinatos y la barbarie, después de la Gran Hambruna, del régimen del adorado líder, de quien se considera responsable de la muerte de entre 50 y 70 millones de personas. Lo que vieron los intelectuales franceses de finales de los sesenta y principios de los 70 en la nueva China de Mao les encantó.
Dicen que esa nueva China ocultó in situ a todos los observadores y visitantes, incluidos los emocionados intelectuales franceses, la terrible realidad del ideal socialista, y que lo que estos vieron allí fue una suerte de paraíso como un escenario montado ad hoc para transmitir las falsas bondades del espantoso totalitarismo envuelto en piel de cordero.
Lo cierto es que cuesta creer que no se dieran cuenta, o al menos que no se dieran cuenta más pronto. La realidad es que muchos de aquellos intelectuales rechazaron sus atroces querencias setenteras, admitiendo su desacierto ideológico y rechazando cualquier vinculación posterior con el aterrador régimen de las ejecuciones públicas, la destrucción de la cultura en todos sus aspectos o las persecuciones.
Quienes nunca se retractaron públicamente de esto fueron quizá los maoístas más famosos de la divina izquierda intelectual, la pareja, que no matrimonio, formada por Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir.
Un proceder que (destacando obviamente las inmensas diferencias en cuanto a gravedad existentes entre el genocidio de Mao y el latrocinio del Gobierno de Sánchez) recuerda a la actitud de la farándula sanchista española respecto a los escándalos que asolan al Ejecutivo español y su presidente.
Un parecido y una distinción: el parecido es el de la ceguera ideológica que les impide ver los desmanes del sanchismo y denunciarlos como denuncian otras cruzadas menos cercanas y más rentables; y la diferencia es que, a pesar de lo anterior, conociendo como se conocen dichos desmanes, muchos de ellos no se hayan alejado de ellos como la mayoría de los maoístas en su tiempo al saberse de las monstruosidades.
Debe de ser que los Almodóvar, Ríos o Serrat, entre otros, son, si se elude su ausencia de intelectualidad, los tristes equivalentes sanchistas del maoísmo irredento de Sartre y De Beauvoir.