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El payaso "Tillie the Clown" declarando ante el consejo municipal de Nueva York

El payaso «Tillie the Clown» declarando ante el consejo municipal de Nueva YorkCaptura de pantalla

El movimiento woke recurre a «payasos» como arma en la batalla cultural contra la derecha

Se populariza entre la izquierda woke las manifestaciones de activistas vestidos de payasos para protestar contra la ultraderecha o el supremacismo blanco

El medio DailyWire, uno de los referentes mediáticos de los republicanos estadounidenses, lo titula de una manera muy gráfica: «los payasos exigen que se les tome en serio».

Hace referencia el medio conservador a una nueva moda entre los movimientos de la izquierda woke en los últimos meses en el mundo anglosajón: manifestaciones de payasos contra los gobiernos de derecha. Es lo que, desde grupos de izquierda, se denomina «activismo clown».

Al fenómeno le dedicó recientemente un extenso y elogioso reportaje el británico The Guardian, donde se destacaba cómo este movimiento de activistas de izquierda había salido a manifestarse disfrazados de payasos contra toda clase de males que atribuyen a la derecha: desde el fascismo a la política migratoria de Trump, pasando por el capitalismo (en general), el heteropatriarcado y hasta contra los servicios turísticos de carros tirados por caballos en Nueva York.

El artículo del Guardian se centra en dos activistas de izquierdas, el drag Taylor Horne y la antigua psicóloga Kendra Ferguson. Ambos han encontrado su camino en el «activismo clown».

Con su personaje Tillie la Payasa, Horne se ha convertido en todo un fenómeno influencer en Instagram con más de 35 mil seguidores. Comenzó su activismo a raíz de la pandemia de coronavirus y desde entonces ha protagonizado episodios extravagantes, como cuando declaró completamente vestido de payaso ante el consejo municipal de Nueva York para pedir que se prohibieran los carros tirados por caballos para pasear a turistas.

Tillie la Payasa ha hecho también campaña contra el supremacismo blanco, la xenofobia o la política migratoria de Estados Unidos. Ha defendido los derechos de los animales y la disidencia sexual como forma de rebelión, señala en Guardian en su reseña del activismo de Horne.

Kendra Ferguson, señala el Guardian, se presenta una vez por semana ante el tribunal de inmigración de San Francisco vestida de payaso para protestar contra los agentes del ICE y repartir folletos entre los peatones.

En varios círculos de izquierda, sobre todo en Estados Unidos, se ha comenzado a apostar fuerte por esta modalidad de reivindicación, e incluso se han organizado talleres para combatir el fascismo haciendo el payaso.

Es el caso del evento «Clowing against fascism!», que organizaba el pasado mes de junio un bar lgbt de Denton, en el Estado de Texas.

Los impulsores de esta iniciativa, no centralizada e impulsada desde pequeños grupos de activistas no relacionados entre sí, aunque sí comparten experiencias e información en comunidades de redes sociales, presentan las protestas de payasos como una reinvención de la imagen clásica del bufón.

Recurren al clásico bufón propio de las cortes de las antiguas monarquías absolutistas para convertirlo en símbolo de rebelión y de combate.

El Guardian cita como antecedente la protesta en 2017 contra grupos neonazis en Whitefish, Montana, que acosaban a miembros de la comunidad judía local. Grupos de activistas se disfrazaron entonces de payasos para protestar contra los neonazis. Sin embargo, el movimiento actual tiene poco que ver con aquella protesta, más allá de estar inspirada en ella.

Aquella protesta estaba dirigida a combatir el antisemitismo, mientras que los «activistas clown» de hoy muestran su rechazo a Israel. En aquella época también era habitual ver en Estados Unidos manifestaciones en defensa de los presos islamistas de Guantánamo con activistas vestidos de payaso.

Años antes, en la primera década de los 2000 se hicieron populares las protestas antiglobalización con activistas disfrazados de payasos. Todos esos antecedentes, provistos ahora de la pátina ideológica woke, se reinventan para una batalla cultural en la que, con cada nuevo giro de guion, nunca se llega al punto en el que por fin se pueda decir que ya se ha visto todo.

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