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La escritora argentina Ariana Harwicz

La escritora argentina Ariana HarwiczEuropa Press

El grupo pro Palestina tras la cancelación de Ariana Harwicz en la Universidad de Granada niega ser antisemita

El grupo estudiantil pro Palestina que forzó la cancelación de la escritora argentina Ariana Harwicz en el festival cultural Cultur Alh de la Universidad de Granada tratan de victimizarse y acusan a la autora de arrojar sobre ellos la sospecha de antisemitas

La Red Universitaria por Palestina de Granada, plataforma de la que partieron las presiones para que el Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades Cultur-Alh retirara de su programación a la escritora argentina Ariana Harwicz, ha rechazado las acusaciones de antisemitismo y también que pueda representar un riesgo para la seguridad de la autora. Harwicz se ha manifestado públicamente en contra del boicot cultural a Israel.

A través de un comunicado, la organización universitaria explica que el pasado 17 de septiembre remitió por escrito al festival una solicitud para que reconsiderara la presencia de la escritora «por sus posicionamientos públicos sobre Israel, Palestina y el boicot cultural y que explicara sus criterios». Según sostiene la plataforma, en ese correo no figuraban «amenazas ni convocatorias» de manifestaciones.

En ese sentido, la organización pro Palestina ha tratado de dar la vuelta a la polémica y de presentarse ellos (responsables de la cancelación de Harwicz) como víctimas de acusaciones de antisemitismo.

Sin embargo, en el mismo escrito, la plataforma no descarta la posibilidad de movilizaciones si es para luchar contra «el genocidio»: «Protestar es un derecho y ante el genocidio, una obligación».

En su pronunciamiento, la Red Universitaria por Palestina de Granada sostiene igualmente que sus críticas no se han dirigido contra ninguna persona por razón de su origen o de su religión.

Según expone, sus reproches se centran en posicionamientos públicos concretos y, en paralelo, asegura que rechaza «cualquier forma de racismo y discriminación».

La plataforma, asimismo, se victimiza y afirma que Harwicz se ha servido de las acusaciones de antisemitismo como estrategia de denuncia.

«Denunciamos que la escritora, que niega públicamente que haya genocidio en Gaza, use la acusación de antisemitismo de forma indiscriminada contra el boicot, contra las denuncias de genocidio y ahora contra nuestra carta», señala el comunicado.

La organización considera que identificar las críticas dirigidas contra Israel con el odio hacia las personas judías «perjudica la lucha contra el antisemitismo real».

La plataforma vuelve a contradecirse al negar en el texto presiones a los organizadores y reclamar, poco después, a la Universidad de Granada que precise cuál es su posición frente al genocidio en Gaza.

La red pide, además, que la institución explique de qué manera aplica ese compromiso en las actividades que desarrolla.

La Universidad de Granada, que figura entre las instituciones promotoras del festival, manifestó ayer sábado que la decisión de excluir a Ariana Harwicz del programa correspondió a la dirección de Cultur-Alh. La institución académica, que se define como abierta al «pensamiento crítico», señaló que no comparte esa decisión.

Sin embargo, la Red Universitaria por Palestina discrepa de esa posición y sostiene que «defender el pluralismo no equivale a la neutralidad ante crímenes internacionales».

La polémica se produjo después de que Harwicz fuera retirada de la programación del Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades Cultur-Alh. La autora argentina tenía previsto participar junto a Jesús Ortega en una charla titulada ‘Oponerse al mundo’.

Tras quedar fuera del programa, la escritora aseguró que la organización del festival le había comunicado que no podía garantizar su seguridad si finalmente se mantenía la celebración del encuentro literario.

Harwicz relató posteriormente su versión de lo sucedido a través de Twitter, donde afirmó que la decisión había sido adoptada a última hora y atribuyó lo ocurrido a la presión ejercida por militantes. «Me desprogramaron a último momento. Cedieron a la presión de militantes. Cedieron al terror. Yo quería ir igual aunque hicieran una manifestación, dijeron que sería peligroso. Será un Festival sin disidencia. Qué pena por los estudiantes», escribió la autora.

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