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El mito de la caverna, de Platón

El mito de la caverna, de PlatónEl Debate (asistido por IA)

Filosofía para todos

La lección olvidada del mito de la caverna

El relato de Platón esconde un matiz muy importante que se suele pasar por alto

Pocos elementos filosóficos han calado más en la cultura popular que el mito de la caverna escrito por Platón. El griego optó por un relato alegórico para explicar el proceso que lleva al hombre de las meras apariencias al conocimiento y la verdad.

Es en el libro VII de La República donde encontramos esta conocida narración: un grupo de hombres encadenados en el fondo de una cueva y forzados a observar, únicamente, las sombras que una serie de objetos proyectan sobre la pared. El filósofo, animando al lector a buscar más allá, pone el foco en uno de esos prisioneros que, después de liberarse, descubre que puede salir de la gruta y contemplar esa auténtica realidad que las figuras del subsuelo solo imitaban.

El mito de la caverna condensa buena parte de la filosofía platónica. El dualismo metafísico de lo sensible y lo inteligible queda representado por las sombras engañosas del subsuelo, imagen de lo que podemos captar por los sentidos; y por el espacio abierto y luminoso que se abre ante quien se atreve a apostar por la vía de la razón en busca de lo inmaterial y perfecto: las Ideas.

La alegoría de Platón ha sido reinterpretada en multitud de ocasiones. Películas como Matrix o El show de Truman son los ejemplos más habituales y claros. En ambos casos, los protagonistas de la historia se enfrentan a un mundo de apariencias y terminan por advertir su falsedad. Sin necesidad de ir al cine, quedarán pocos profesores de Filosofía que no hayan utilizado los filtros de Instagram como símbolo contemporáneo de esas sombras de las que hablaba el pensador griego.

No basta con salir de la caverna

Hasta aquí, el repaso al esquema general que la cultura popular tiene del mito de la caverna. Sin embargo, el relato platónico no concluye con la imagen triunfante de quien consigue dejar atrás la oscuridad para contemplar la verdad. El filósofo continúa la narración imaginando cómo sería el retorno a las profundidades de ese hombre liberado. Y no es nada halagüeño.

Temía Platón que los aún cautivos se burlasen de aquel que negase la realidad de las sombras que otrora creía auténticas. Y no solo eso: con el recuerdo del juicio y la condena a muerte de su maestro, contempla la posibilidad de que esos prisioneros lo maten si intentase desatarlos y animarlos a iniciar la difícil ascensión.

Así, aunque no es demasiado optimista respecto a los resultados, el mito de la caverna no es solo un camino ascendente en busca de la verdad. Platón concluye el viaje con un descenso. Por lo tanto, no solo anima al hombre a esforzarse por dejar atrás las apariencias y alcanzar el conocimiento, también pide a aquellos que logren su objetivo que asuman su responsabilidad y se atrevan a ayudar a otros.

Al contrario de lo que los tópicos nos pueden hacer creer, el filósofo no puede ser un sabio al margen de la sociedad. Quien ha contemplado la verdad no puede desentenderse de quienes todavía viven entre las sombras, aunque eso implique burlas, humillaciones o rechazos. En un mundo en el que resulta cada vez más difícil escuchar aquello que contradice nuestras certezas, el mito platónico vuelve a ser una brújula.

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