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Aceites esenciales e incienso árabes

Aceites esenciales e incienso árabesGetty Images / fotomem

El español desde dentro

«No hay tu tía» no alude a tu tía, habla de un ungüento medicinal árabe

La popular expresión que utilizamos cuando algo no tiene solución esconde una historia relacionada con la medicina antigua, el mundo árabe y una sustancia que durante siglos fue considerada casi milagrosa

Cuando ante un problema o situación no hay remedio o no existe posibilidad de arreglo, en español decimos: «no hay tu tía», y todo el mundo entiende que ya ni merece la pena seguir intentándolo. Lo que probablemente pocos sepan es que esa misteriosa 'tía' no tiene nada que ver con la hermana de nuestro padre o madre y ni tan siquiera con la familia. Es más, si nos detenemos un momento a pensar, la oración no tiene sentido, porque cuando queremos decir que no está o no existe una supuesta tía nunca utilizaríamos el verbo haber. Haber, en su definición de existir, admite complementos como gallinas, problemas o cosas, pero no encaja de manera natural con un posesivo seguido de un referente personal determinado como 'tu tía'. Es una anomalía semántica.

Lo que ocurre aquí es que 'tu tía' en realidad era una sola palabra heredada del árabe hispánico 'tutía', que sí era una cosa que combinaba bien semánticamente con el verbo haber en impersonal (hay). Se trataba de una sustancia mineral compuesta de óxido de zinc que se acumulaba en forma de costra en los conductos y chimeneas de los hornos donde se trabajaban determinados minerales o se fabricaba latón. Esta sustancia mezclada con otras sales metálicas servía de ungüento medicinal, muy codiciado en la Antigüedad y durante buena parte de la Edad Media, al que se le atribuían grandes virtudes curativas, sobre todo para tratar problemas oculares. Y aquí es donde aparece la explicación de la expresión que ha llegado hasta nuestros días.

Cuando se precisaba de este ungüento para tratar una dolencia pero había escasez o falta de esta sustancia, significaba quedarse prácticamente sin una de las últimas posibilidades de curación. De ahí que el sentido figurado de 'no hay tutía' haya llegado hasta nuestros días como sinónimo de 'no hay remedio ni existe solución posible'.

Según recoge el Diccionario de la Lengua Española, la palabra llegó a nuestro idioma del árabe hispánico con el artículo pegado (attutíyya), aunque originalmente, en el árabe clásico se pronunciaba sin el artículo (tūtiyā), y este, a su vez, lo acogió del sánscrito (tuttha). Actualmente ha quedado como 'tu tía', separado, por evolución fonética. Con el tiempo, los hablantes ya no reconocían en la expresión el nombre de una sustancia medicinal (tutía) y comenzaron a interpretar aquellos sonidos como dos palabras que sí les eran familiares: 'tu tía'.

El recorrido de esta palabra es un buen ejemplo de la influencia que la cultura árabe ejerció sobre el español. Durante siglos, el contacto entre las sociedades cristianas y musulmanas de la península ibérica dejó una huella profunda en nuestro vocabulario, especialmente en ámbitos como la agricultura, la arquitectura, las matemáticas, la astronomía y la medicina.

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