Cubierta de 'El censo de Augusto'
‘El censo de Augusto’: Roma se hizo universal y abrió las puertas al cristianismo
Juan Sánchez Galera convierte en protagonista absoluto de su libro al emperador Augusto y a su ley estrella: el censo
Roma está de moda, y no sólo por la película Gladiator II, de Ridley Scott. Las librerías están llenas de novelas históricas sobre la antigua Roma. Hace poco, una estúpida, pero ilustrativa, encuesta en redes sociales desveló que una cantidad importante de hombres aseguraba pensar al menos una vez a la semana en el Imperio Romano.
¿Qué significa todo eso más allá de la anécdota? La conclusión es clara: el Imperio Romano sigue siendo un referente para el mundo occidental.
El derecho, determinados rituales sociales y también religiosos, nuestro idioma, nuestra visión de la vida y del más allá, nuestra filosofía, nuestra arquitectura, nuestras obras públicas, nuestras ciudades, hasta nuestros nombres, los vicios de nuestros políticos o el modo en que nos divertimos hunde sus raíces en el mundo greco-romano.
Y todo ello tiene su origen fundacional en un acontecimiento, tal vez el más importante de la historia de la antigua Roma, que, sin embargo, pasa muchas veces desapercibido en la historiografía: el censo efectuado por Octavio César Augusto –el primer emperador romano– en el año 5 a.C., exactamente el año del nacimiento de Cristo (teniendo en cuenta el error de origen del calendario gregoriano).
El arquitecto naval y divulgador de historia Juan Sánchez Galera emplea en El censo de Augusto. La ley que Dios obedeció (La Esfera de los Libros) el punto de partida del censo para realizar un retrato fiel, mordaz, divertido y, en ocasiones, épico de la Roma republicana e imperial.

la esfera de los libros (224). 240 páginas
El censo de Augusto
Lo cierto es que no tenemos muchas noticias de aquel censo efectuado por Augusto y que el mismo Octavio describió como el gran logro de su reinado en sus Res gestae. Si no fuera por los Evangelios, de hecho, el acontecimiento sería prácticamente desconocido.
Y es que la historia de la Salvación, la vida de Jesucristo, comienza con el censo de Augusto. El Nuevo Testamento de la Biblia narra cómo la Sagrada Familia tuvo que dejar Galilea para ir a Judea, tierra de origen de San José, e inscribirse en el censo cumpliendo así la ley dictada por Augusto.
En ese viaje la Virgen se pone de parto y Jesús nace en la ciudad de Belén, como habían anunciado los profetas. De esa manera, el censo y Augusto entraron de lleno en los planes de Dios. Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, cumple la ley de su Padre, pero también le ley de los hombres. A Dios lo que es de Dios y al César lo del César.
Pero el censo de Augusto tuvo implicaciones no solo divinas, sino también terrenales. Históricas. Con el censo, Roma deja de ser una ciudad-estado cerrada en sí misma y da carta de identidad a todas las provincias. Roma deja de ser una ciudad depredadora para convertirse en una nación integradora en la que todos sus habitantes, ciudadanos o no, libres y libertos, cuentan.
Es el primer paso hacia el Estado como lo conocemos y es también el primer paso hacia la extensión de la ciudadanía romana a todo aquel hombre libre nacido en territorio del Imperio romano.
Juan Sánchez Galera nos ofrece una descripción amena, adictiva, del mundo romano y cómo Augusto creó el caldo de cultivo idóneo para que el incipiente cristianismo arraigara en una revolución silenciosa que culminaría con la ciudadanía universal.