Profesor en clase
‘Volver a aprender’: una ácida crítica a la tecnocracia digital
Andreu Navarra analiza desde una perspectiva ideológica la deriva actual de la educación
Uno de los debates educativos más en boga en la actualidad es el que se refiere al uso de las pantallas en el ámbito escolar. En ese sentido, en los últimos años hay un grupo cada vez más numeroso de autores que viene denunciando la apuesta generalizada e irreflexiva por llenar las aulas de dispositivos tecnológicos, así como los efectos perniciosos que dicha apuesta tiene en el aprendizaje de los más pequeños.

Plataforma (2024). 240 páginas
Volver a aprender
Entre estos ensayistas, algunas de cuyas obras ya han sido reseñadas en esta sección, se encuentra Andreu Navarra, un profesor e historiador catalán que acaba de publicar Volver a aprender, un ensayo que supone una enmienda a la totalidad a la apuesta por la tecnología en las aulas.
La tesis principal de Navarra es clara y se repite con insistencia durante toda la obra: detrás de la apuesta por la tecnología en las aulas se esconde una alianza entre las grandes empresas del sector y las autoridades políticas de carácter neoliberal, que han unido sus fuerzas para lograr aumentar los beneficios de las primeras y condenar a las clases más bajas de la sociedad a tener una educación cada vez peor, lo que permitiría al poder político controlar más fácilmente a la población.
En su opinión, el problema de que cada vez se enseñe menos en las escuelas no es pedagógico sino ideológico, y son las pantallas y el afán depredador de las grandes empresas tecnológicas los verdaderos causantes de que la educación en España sea cada vez peor. De hecho, el autor desprecia el debate sobre las metodologías utilizadas en el aula, ya que, en sus palabras, «todas las metodologías pueden ser válidas si nos orientamos hacia la igualdad».
Al guiarse por este paradigma ideologizado, el autor parece olvidar que la deriva actual de la educación es previa a la introducción a la tecnología en las aulas, y hunde sus raíces en mayo del 68. Como explicó magistralmente Bellamy en su ensayo Los desheredados, fue entonces cuando una serie de pensadores franceses de ideología marxista cambiaron el paradigma educativo al concluir que transmitir conocimientos en la escuela suponía un ataque a la equidad y a la libertad de los alumnos, y que por ello el papel del maestro como transmisor de conocimientos debía sustituirse por un papel más activo de los alumnos, que debían ser los que construyeran su aprendizaje de manera autónoma.
El enfoque eminentemente ideológico y anticapitalista de Navarra le hace obviar este trasfondo, y centrarse únicamente en el papel de las tecnológicas y de los políticos neoliberales a la hora de fomentar la tecnología en las aulas. En ese sentido, llama la atención que la solución que propone el autor para mejorar la educación pase inexorablemente por llevar a cabo un proyecto eminentemente de izquierdas, basado casi en exclusiva en la escuela pública, que sea «ecofeminista, pluralista e inclusivo», y que rescate la importancia de la transmisión de conocimientos.
Ahora bien, si obviamos por un momento el enfoque excesivamente ideologizado de la obra, debemos señalar que en ella encontramos algunas ideas de interés con respecto a la deriva actual de la educación. Entre ellas, cabe destacar la defensa que hace de los profesores que, contra viento y marea, continúan defendiendo la necesidad de ocupar su lugar como verdaderos maestros que enseñan a sus alumnos y que, con ello, les permiten enriquecer sus vidas y ensanchar sus horizontes.
Se trata de una justa y necesaria reivindicación, principalmente de cara a la sociedad. En el caso de los estudiantes, no hace falta convencerles de esto, ya que, como bien señala Navarra, los profesores que más valoran y aprecian los alumnos no son precisamente los que se dedican a distraerles y entretenerles en el aula, sino los que más les enseñan y los que más les exigen, esto es, los que más confían en ellos.