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Cubierta de 'Lobo'

Detalle de cubierta de 'Lobo'Siruela

´Lobo´: el valor de alzar la voz contra el acoso de la manada

Brillante narración que, junto con grandes dosis de humor y una tremenda inteligencia, cautiva a lectores de todas las edades y los acerca, de una forma muy novedosa, al tema de la exclusión, la valentía y la verdadera amistad

Saša Stanišić es un escritor yugoslavo con importantes galardones en su carrera, entre ellos el Premio Alemán de Literatura Juvenil en el año 2024 precisamente por esta obra tan sorprendente, Lobo, su primera novela juvenil. Aparece ilustrada con los sugerentes dibujos de Regina Kehn, coloreados tan solo en gris, negro y amarillo, que acompañan con deleite y diversión las páginas de esta novela que a nadie va a dejar indiferente.

Cubierta de 'Lobo'

Ilustraciones de Regina Kehn
Traducido por Alfonso Castelló
Siruela (2025), 187 páginas

Lobo

Saša Stanišić

El título del primer capítulo es tan llamativo que ya sabemos que nos vamos a enfrentar a algo especial, diferente: «¿Por qué los folletos sobre bosques no enseñan las astillas en los dedos ni las garrapatas?» Y esta idea nos la confirma el primer párrafo de la novela, que deja boquiabierto a cualquier lector por su extrema sencillez y cercanía: «Mamá y yo hacemos ensalada. Me gusta hacer ensalada con mamá, porque solo hablamos de la ensalada; nos centramos por completo en la ensalada». Toda la narración, desde el principio hasta el final, está escrita con un estilo que deja descolocado al lector. En mi opinión, la forma de narrar de este autor es absolutamente genial. Creo que lo mejor de Lobo es, precisamente, la calidad de su prosa, su habilidad y sentido del humor, junto a la sensibilidad con la que aborda temas como el acoso, la exclusión, la culpa, la rabia y el dolor, a la par que la valentía y la amistad.

Nos encontramos ante un narrador protagonista, un adolescente difícil, especial, al que le cuesta muchísimo la integración y que prefiere pasar desapercibido. Es un chico del que no sabremos el nombre hasta la última línea, alguien que todo lo ve gris o negro, todo le parece mal; él mismo reconoce que es un chico complicado, al igual que su madre, apartada también del grupito de padres. La reputación que ha adquirido es la de un muchacho al que le encanta quejarse de todo y que nunca tiene ganas de nada, pero él mismo sale en su defensa declarando que se queja solo de cosas que no tienen sentido y que, además, casi siempre tiene ganas de leer un buen libro.

La idea principal que sustenta su vida es que el resto de chavales van en manada y no admiten que alguien pueda estar solo y ser feliz. Otras palabras que salen de su boca, o de su mente, pues a veces se enreda en monólogos interiores bien profundos, es cómo, en el siglo XXI, aún pervive gente que no acaba de aceptar que cada cuerpo es diferente, o cómo nos acostumbramos a subestimar a las personas, a no tomarlas en serio porque no queremos esforzarnos en conocerlas.

Ideas como estas pueblan las páginas de la novela y, como quien no quiere la cosa, con la pasividad que le caracteriza, va metiendo puñaladas al lector sin parar, una detrás de otra, con una sencillez y un desparpajo que llevan al lector a la hilaridad y a la continua reflexión a partes iguales. Y es que el libro es hiperbólico y divertido, una ironía continua de la vida; está lleno de críticas veladas y no tan veladas, a veces tan punzantes que hacen daño, casi siempre llenas de dolor todas sus reflexiones, pero siempre jocosas. El discurrir de conciencia del joven protagonista es tan entretenido que, aunque el lector sabe o presiente que se avecina una desgracia, prefiere pensar que no va a suceder nada.

Como fondo y tema principal de la novela está el acoso escolar. Sé que es un tema más que manido ya en la literatura infantil y juvenil, también en el cine y en las charlas habituales de los centros educativos. Sin embargo, el enfoque que le da el autor es totalmente diferente. Y es que el foco no está ni en el acosado ni en el acosador, sino en el que mira sin hacer nada: «Yo también me callo. Me callo con rabia, pero esa rabia no vale de nada». El que mira es un marginado más, alguien que podría ayudar, pero que cree que es demasiado tarde, que es un cobarde, que «el lobo» también lo va a perseguir a él.

La crítica se extiende de forma brutal en estas páginas al mundo adulto, que no siempre pone la solución a tiempo, que a veces mira para otra parte. Sorprende muchísimo cómo una novela sumamente hilarante pueda ser tan profunda, llegar tan al fondo del corazón, conmover tan hondamente; todo ello con una magistral prosa y un personaje principal totalmente inolvidable. La novela está catalogada como juvenil, a partir de los doce años; yo la recomiendo fervientemente desde esa edad en adelante.

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